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Sep 10 2014

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Población sobrante: los mbya guaraní, los más pobres de la rica provincia de Misiones

Las últimas décadas vivida por los mbya guaraníes en Misiones permite conocer y entender el proceso de fragmentación y de empobrecimiento al que están sometidos. Las estructuras políticas y económicas fueron gradualmente destruyendo las tradiciones que se trasladaron desde los ancestros. En ese proceso fue lapidario la sustracción de la tierra, lo que provocó los desplazamientos forzosos y las migraciones internas colectivas, hasta que en el presente –salvo pocas excepciones- las comunidades solamente ocupan pequeños espacios de grandes extensiones de tierras en calidad de ocupantes precarios. Esta situación modificó sustancialmente la dinámica y forma de vida de las comunidades mbya guaraníes de Misiones, que quedaron cautivas de la buena o mala voluntad de los dueños de los campos o de los dirigentes políticos de turno. De este modo las comunidades indígenas perdieron sus propios espacios étnicos, sociales, religiosos, económicos y políticos. En la actualidad son población sobrante porque no se autofinancian y deben ser “sostenidos” por el Estado, lo que constituye una paradoja que no genera ninguna perplejidad en la mayoría de los misioneros, quienes actúan indiferentes o indolentes a la cruda realidad aborigen, hasta que algunos sectores directamente discriminan a través de actitudes y de expresiones que se repiten en todas las provincias que aún cuentan en su territorio con comunidades indígenas. Están en vía de extinción. Para los que resisten, en el actual esquema misionero solamente les queda la integración al mundo blanco, que es la forma moderna que se les proponen para extinguirse.

“Aristocloss” y la comunidad Takuapi

Al mediodía del 1º de enero de este año llegamos a Aristóbulo del Valle, territorio propio de la familia del actual gobernador de Misiones, Maurice Closs. “Mauri”, como le dicen, fue un niño rico, que creció en el feudo que construyó su padre, Ramón “Moncho” Closs, el garante de los acuerdos políticos entre sectores del radicalismo y del peronismo que posibilitó que “Mauri” concretara su sueño de ser gobernador, como corolario de su próspera y vertiginosa carrera política, impregnada de caprichos, estaciones de servicios, camiones, tierras y poder. El imperio montado, en la jerga local, hasta le cambió el nombre a Aristóbulo del Valle. Se escucha que lo llaman “Aristocloss”. El feudo se extendió y avanza sobre la provincia de Misiones. Explotan el turismo de alto nivel y tienen en cartera el manejo de un casino flotante en Puerto Iguazú, aunque fueron sospechados de lavado de dinero para el cartel de Juárez, según un informe del senado de EE.UU. También se los relacionó con Mercado Abierto, de Aldo Ducler, cuestiones que no fueron probadas en Argentina como otras tantas de igual o peor calibre. En definitiva, el imperio económico, ahora con máximo desarrollo político, crece y se reproduce día a día. Parecería que no tiene límites.

La visita

La visita del Centro Mandela tuvo tres objetivos. El primero, fue visitar las comunidades indígenas, mientras que los dos restantes se concentraron en dos flagelos sociales que azotan en Misiones, que son la prostitución y trata de personas en el eje entre San Vicente y San Pedro y el corredor verde de tráfico de drogas entre Puerto Rico, ubicado a orillas del Paraná y El Soberbio, situado a orillas del Río Uruguay. En ese corredor de 100 km de zona libre pasa la droga desde Paraguay hacia el gran mercado brasilero, con epicentro en San Pablo. El tráfico es intenso, regular y continuo, lo que permite suponer complicidades institucionales múltiples y fructíferas ganancias para los traficantes, con enormes costos sociales y sanitarios para la población. Después de la visita, la investigación posterior fue bastante larga y dificultosa, sobre todo para obtener información objetiva. Las conclusiones van en este documento que a pesar de ser una síntesis refleja una realidad oculta en Misiones.

En relación a las comunidades indígenas, visitamos a los mbya guaraní de Takuapí, ubicada a 30 kilómetros de Aristóbulo del Valle, en cercanías de Ruíz de Montoya. Los mbya son mansos, cordiales y muy afectuosos. El cacique era Hilario Acosta, hijo del anciano Manuel Acosta. Esta comunidad está integrada por 43 familias, totalizando 130 habitantes. La mayoría están mal nutridos por la alimentación insuficiente. Fundamentalmente consumen hidratos de carbono. Encontramos 3 niños de bajo peso de un total de 27 menores de 6 años y 19 con baja talla. Cuentan con un modesto puesto sanitario y viviendas precarias, con agua potable comunitaria y se estaban construyendo letrinas. Concurren a una escuela bilingue privada, de la iglesia evangélica suiza. Cultivan maíz, mandioca, poroto y otros productos para el consumo. El único ingreso de estas familias se produce por vía de asignaciones familiares. Viven en condiciones de marcada pobreza.

Comunidades guaraníes de la Ruta 7

También visitamos comunidades asentadas a ambos lados de la Ruta provincial 7, a 20 km de Aristóbulo del Valle. Los asentamientos mbya guaraní son Catri, Kapii Poty, Kaagy poty, Yvytu Pora, Yvy Pyta (tierra colorada). No tienen tierras propias. Paradójicamente, ocupan una pequeña parte del extenso predio rural de propiedad de la Universidad del Plata. A continuación está el paraje San Juan, habitado por criollos, también en tierras de la Universidad referida. Luego siguen las comunidades indígenas de Koenju, Tajy Poty, Kaa Kupe, la última ubicada en el acceso a Ruiz de Montoya, por Ruta 223.

Siguiendo hacia Jardín América están las comunidades de Piracuá, Ambay Poty, Tierra Blanca, Virgen María, Tekoa Porá, Guaraní y sobre la Ruta 8, hacia Campo Grande, está asentada la comunidad de Kaa Poty.

A puro reviro: nacer, enfermar y morir prematuramente

Es notoria la situación de riesgo de las comunidades indígenas de Misiones. Si se realizara un seguimiento epidemiológico planificado, para sintetizarlo en un registro de morbi-mortalidad, tales riesgos quedarían evidenciados, y reflejaría escenarios sociales y sanitarios extremadamente severos que, definitivamente, comprobarían la ausencia de políticas y de programas de asistencia primaria de la salud, de prevención de enfermedades y de muertes evitables o altamente evitables.

Los mbya guaraní están severamente subalimentados. Comen lo poco que cultivan y lo que pueden comprar con los ingresos que obtienen de algunas asignaciones familiares que perciben del Estado y de las ventas de sus artesanías, que son hermosas y compradas a precios viles. Por semanas tienen que comer lo que llaman “reviro”, que es una comida típica de la pobreza de la región sur de Paraguay y del norte argentino, que se elabora en base a harina, lo que demuestra que los programas socio-sanitarios fracasaron. El Plan Hambre Cero atendía, de manera insuficiente, a niños con déficit alimentario. Excluía a niños de riesgo que eran obesos por su baja talla. Fue muy mal implementado el Programa Nacional Funciones Esenciales de Salud Publica (FESP), y fue un fracaso el Programa de Municipalización.

Al despacho del Ministro de Salud de Misiones, Dr. Oscar Herrera Ahuad, llegó un informe sobre la situación de altos niveles de riesgo de vida de niños de la población mbya guaraní de la zona y el mal funcionamiento de los programas sanitarios y sociales. Dicho informe señaló que desde marzo 2005 a igual mes de 2013 se registraron 119 nacimientos, de los cuales 37 correspondían a niños indígenas y 82 a niños no indígenas. En el mismo período se registraron 35 muertes de niños y niñas menores de 6 años, de las cuales 32 correspondieron a niños indígenas y 3 a no indígenas. Por lo tanto, la mayor y elevadísima mortalidad de niños mbya reflejó el riesgo sistémico que significaba haber nacido en vientre aborigen, comprobándose -de ese modo- que las comunidades originarias están sometidas a un extraordinario plus de riesgos comparados con la población blanca, lo que a su vez expresa una fuerte discriminación socio-sanitaria.

A través de una evaluación antropométrica, de 116 niños menores de 6 años de las comunidades de Takuapi, Kaa Kupe, Ihovy, Guavirami y Ñamandu, se comprobó que de 23 niños menores de 1 año solamente 12 eran normales (52.17%). De 93 niños mayores de 1 año y menores de 6 años, incluidos en Plan Hambre Cero, 31 pibes (33,33%) eran normales y 57 (61,29%) eran los que anteriormente se denominaban desnutridos crónicos, y que actualmente integran el universo de niños sometidos a stunted growth (retraso en el crecimiento). Detectaron que muchas tallas bajas para la edad estaban a más de -4 DS de lo normal, lo cual es una realidad alarmante que debió disparar concretas e inmediatas respuestas del Estado, que continúan pendientes a la fecha de cerrar este documento.

Stunted Growth

Stunted Growth es una palabra inglesa que se utiliza para describir el retraso en el crecimiento longitudinal durante el desarrollo infantil. Se expresa como la baja talla según la edad del niño. Es uno de los primeros síntomas de la malnutrición crónica en la primera infancia. En ciertos territorios de Misiones se ha logrado diagnosticar el stunted growth y su repercusión en la salud de los niños indígenas mbya guarani, para lo cual abordaron las áreas de diagnóstico antropométrico, el funcionamiento de la salud pública y los resultados evaluados con criterio de morbimortalidad. En el período enero de 2006/marzo de 2013 de evaluación focalizada, de 23 niños menores de 1 año, 12 (52,17%) presentaron parámetros normales y 11 (47,83%) sufrían de stunted growth. Bajo una mirada extendida, estos resultados focalizados revelan el dramático cuadro socio-sanitario de las comunidades indígenas de Misiones.

En cuanto a las defunciones de menores de 6 años, en el período 2006/2013 se registró un total de 32 muertes (6% de los nacimientos), de los cuales 29 (90.6%) fueron mbya guaraní, y 3 (9.3%) blancos. Estos fallecimientos, combinados con los datos recogidos sobre mal nutrición y stunted growth, pone al descubierto un silencioso etnocidio en curso desde hace varias décadas en Misiones, que superó la etapa de riesgo y que es un hecho concreto antiguo. Sin embargo, esta tragedia todavía no se visualiza y no es conocida por la opinión pública nacional, como tampoco figuran en las estadísticas generales, especialmente en los anuarios de salud del gobierno misionero. El etnocidio de los mbya guaraní forma parte de las cifras negras de los indicadores socio-sanitarios de una de las provincias más ricas de la Argentina.

RESISTENCIA, 10 de septiembre de 2014.

Fuente: algunos datos fueron obtenidos de las conclusiones de las Jornadas Interdisciplinarias de Investigación en Salud y Pueblos Originarios, 28 y 29 de noviembre de 2013, Puerto Iguazú, Misiones. Instituto Nacional de M

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