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Ago 29 2014

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Una opinión sencilla, narrada con simplicidad, sobre la gravedad y complejidad de la crísis actual y sus consecuencias futuras.

Autor:  Jorge Eric Dahlgren

 

Para gastar hay que tener plata o créditos. El crédito es una manera de adelantar consumos comprando ahora lo que tendremos que pagar después, a costa de sacrificar el consumo futuro. Salvo claro está, que ese consumo inicial permita mejorar los ingresos futuros para mantener constante el nivel de vida del consumidor.

Eso nos ha estado pasando, el Gobierno favoreció el consumo expandiendo el crédito que la gente aprovecho, especulando con las futuras subas de ingresos. Cuando los ingresos no mejoraron, la gente comenzó a comprar harina, yerba ,aceite, jabón y fideos, en “tres pagos”.

Salvo alguna casual situación personal, nunca se debe financiar el consumo habitual con recursos extraordinarios. Sí, positivamente sí, se puede comprar una motocicleta en cuotas, pero el consumo de todos los días debe pagarse con los ingresos familiares corrientes.

Como el consumo personal comenzó a pagarse en tres pagos, al llegar el último de ellos la opción es pagarla cuota o sobrevivir, porque el dinero necesario para vivir ya está consumido desde hace tres meses tras. Y ahora?

La salidas corrientes, por la generalización ciudadana de problema, terminan siendo las manifestaciones populares pidiendo mayores haberes, porque la plata el sueldo no alcanza para llegar a fin de mes.

En cualquier proceso inflacionario los salarios suben por la escalera mientras los precios van por el ascensor. Esa características hace que aquellos entendibles aumentos pedidos por la gente aceleren la espiral inflacionaria de tal suerte que dentro de los otros próximos tres meses la gente aún estará peor que antes, porque durante el desarrollo del flagelo inflacionario la variable de ajuste está en los ingresos fijos.

Si alguien tiene dudas con respecto al contenido del párrafo anterior le convendría recordar el último gracioso aumento de haberes jubilatorios. Cuando se anunció una suba de beneficios que apenas alcanzaba la mitad de la suba de precios sufrida por los jubilados. En un enfoque extendido a toda la población he ahí el problema. Terminó la fiesta, hay que empezar a pagar con miseria de hoy el imprudente lujo de ayer.

La miseria que metafóricamente aludimos, está referida a un cambio en el perfil de los consumos populares puesto que la gente tiene prioridades de consumo. Por eso las familias con sus primeros ingresos muestran una notoria propensión a destinarlos a la sobrevivencia. Y solo aparece la propensión al ahorro, cuando está asegurada la subsistencia personal.

En la inteligencia de seleccionar el destino del ingreso familiar, hay al menos tres niveles de afectación de ingresos, el de consumos necesarios y el de consumos suntuarios, separados por un consumo intermedio alternativo. Para mayor sencillez diríamos, comida, pilcha, moto.

A su vez dentro del marco comida/pilchas/moto cada elemento vuelve a dividirse en necesario, alternativo y suntuario. Por qué? Porque el perfil de esos niveles vuelve a depender del ingreso. Cuando mejoran los ingresos en vez de desayunar mate cocido y almorzar arroz hervido, la familia va empezando a comer mejor. Así, en vez de comprar pilchas usadas compra ropita nueva y linda. Y en lugar de una motito de 110 compra una 150 para hacer facha.

La disquisición que vamos haciendo tiene por objeto hacer ver de que manera se modificará el consumo en los próximos meses. Dentro de lo que se llama demanda inelástica se mantendrá firme la línea del consumo de bajo perfil. Arroz, yerba, harina, aceite, fideo, jabón. Se verá resentida la demanda de ropa de marca, zapatería, regalos, jabonería de tocador, perfumes que en parte se trasladará hacia la línea de menores precios. Y se verá muy afectada la línea suntuaria. Para simplificarlo, y hablando con mucha ligereza. Menos joyería más fantasías.

Lo bueno de todo está en que la política económica actual está agotada, porque dentro de la economía política se puede hablar de corto, mediano y largo plazo. Pero cuando se trata de comer, el hambre no tiene plazos. Y para terminar con el hambre hay que dedicarse a crear oportunidades de empleo, para que el pueblo tenga estabilidad, recupere la esperanza y pueda sostener un nivel de vida digno y decoroso.

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Fuente: Diario Primera Línea. Suplemento económico. Edición del 28/08/2014.http://www.diarioprimeralinea.com.ar/opinion/2014/8/28/historia-3148.html

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