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Feb 04 2012

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Muerte en Villa Río Bermejito. La muerte de un recién nacido Toba de apenas un día de vida. Por Alfredo Zurita

 

Muerte en Villa Río Bermejito

 

Por Alfredo Zurita (*)

La muerte de un recién nacido de apenas un día de vida, a pocas horas de su alta hospitalaria en Villa Río Bermejito, es un lamentable ejemplo de mi nota anterior “Los determinantes de la salud”.

Según la información oficial, el niño murió “por un severo cuadro de deshidratación producto del exceso de abrigo y del alto nivel de exposición a temperaturas elevadas”.

Estas fueron las causas, aunque también podrían mencionarse otras, la falta de conocimientos de la madre sobre el cuidado del niño, y la ausencia de aire acondicionado en el hogar, que a su vez generaron el exceso de abrigo, y la exposición a altas temperaturas, y aún más allá, la pobreza de la madre, no ya la causa, sino el determinante de todo lo anterior, al tratarse de una india toba, los pobres más pobres, en lo material, y en lo cultural, al estar sumergidos por nuestra civilización, a la que deben amoldarse, les guste, o no, los beneficie o no. Somos los conquistadores, los que ganamos la campaña del Chaco hace poco más de un siglo, y los que escribimos la historia, y determinamos como deben ser las cosas.

El niño nació el día anterior a su fallecimiento, siendo normal, de parto normal, y fue dado de alta al día siguiente en buenas condiciones. No hubo pues negligencia médica en su atención, si se considera que la misma empieza cuando el paciente, (la madre en este caso) entra el hospital, y termina cuando sale.

Si el médico o el sistema de salud debe ocuparse de lo que ocurre antes, o lo que ocurrirá después es tema controversial.

Decía Ernesto Che Guevara que al graduarse solo aspiraba a ser un brillante médico y/o científico, lo que podríamos llamar el modelo Favaloro, y no fue sino años después, cuando se vio envuelto en una revolución, que comprendió que si se quería mejorar la salud de la población era necesario cambiar muchas otras cosas, que ahora llamamos los determinantes de la salud.

Pero no vayamos tan lejos. En 1985 exploré un suceso muy similar ocurrido en Resistencia. Todo el sistema de salud, de puertas para adentro había funcionado muy bien, pero una niñita había también muerto de deshidratación, diagnóstico que el médico de Policía que firmó el acta de defunción simplificó ante el pedido de la madre: “Murió de hambre”.

El caso, muy común, fue publicado en una revista médica, y se utiliza ahora para la docencia, intentando que el alumno perciba que más allá de la brillantez diagnóstica y terapéutica hay factores de los cuales también depende la vida o muerte, y que en algunos casos pueden ser” controlados por el médico.

El artículo pone en paralelo en cada momento lo que ocurrió. Lo que escribían los médicos en la historia clínica, y lo que decía y percibía la madre, y se trata de discursos inconmensurables, cada uno sigue una lógica diferente, y aunque la madre insistirá todo el tiempo que la niña llora por hambre, los médicos le dirán que todo está bien, y anotarán en la historia clínica el estado de las variables bioquímicas.

El médico de Policía, en un intento simplificador, confirmará el pensamiento de la madre.

Es muy difícil para un estudiante de medicina, que habitualmente viene de la clase media, imaginar las condiciones de vida de los pobres, y comprender su cultura y formas de supervivencia, menos aun de los indígenas. Si intenta profundizar el tema, correrá el riesgo de seguir el camino del Che, para el cual no fue enviado por sus padres a la Facultad, por lo que la mayoría preferirá ver al pobre en el hospital, aislado de su contexto, en camisón, y sometido al régimen militarizado de esa institución, donde el doctor está en la cúpula, y el paciente en la base.

Será un caso de tal o cual enfermedad, interesante para aprender, mucho más raramente, excepcional diría, para conocer a la persona que la tiene, y sus otros problemas, que quedarán fuera, así como el antes, que hizo que el paciente llegara quizás tardíamente al diagnóstico, y el después, que quizás haga que no pueda cumplir el tratamiento indicado, conductas que serán con mucha frecuencia calificados como ignorancia, a resolver con concienciación

Dirá que lo demás lo deben arreglar los políticos, no es cuestión médica, y en cierto sentido tienen razón, lo de los determinantes es cuestión de política, y en este caso la problemática en el suministro de agua potable ha sido una coincidencia lamentable.

Villa Río Bermejito fue, no hace tanto tiempo, escenario de una dura guerra política, con batallas ganadas y perdidas por cada uno de los bandos en pugna, y muy centrada sobre el control del hospital, de modo que no todo es política de políticos y se hace fuera de los hospitales. Algo también es política de partidaria de médicos, y política de atención, y quizás en este caso, se podría haber hecho algo más, sin llegar a revoluciones, si se hubiera conceptualizado el caso de forma más amplia que lo estrictamente médico.

Nadie es estrictamente culpable, lo es el sistema de atención, más difícil de cambiar en su funcionamiento, que construir nuevos hospitales.

(*) Profesor Titular de Salud Pública Facultad de Medicina- Unne

 

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