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Dic 06 2013

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MADIBA VIVE!!! NO HA MUERTO!!!

Entrevista entregada a ComAmbiental

1) ¿Cual es la importancia de la figura de Madiba?

Es casi imposible sintetizar en palabras la importancia de Madiba. La historia de vida y de luchas de este extraordinario ser humano difícilmente pueda ser sintetizado por los contemporáneos. Sin embargo, aunque parezca contradictorio, desde nuestra humilde y modesta organización de derechos humanos siempre estuvimos persuadidos que Madiba traspasaba nuestra comprensión, como también las de quiénes construyeron y se beneficiaron con el apartheid y hasta de las propias víctimas, hayan luchado o no contra el régimen de opresión que instalaron en Sudáfrica. Las mismas dudas nos embargan en este momento, sobre todo cuando escuchamos o leemos las condolencias y las admiraciones de dirigentes y de representantes del mundo en el que las corporaciones funcionan y se desenvuelven con total unilateralismo global, en el que se despliegan articuladamente en función de sus propios intereses y beneficios.

Como contrapartida, la importancia de la existencia y luchas de Madiba seguramente integra y formará parte definitiva del núcleo de la conciencia colectiva mundial para revelarse contra los poderes hegemónicos en el largo proceso de construcción de comunidades libres, justas y equitativas. Entendimos que esa era la esencia y el objetivo de las esperanzas de Mandela.

2) ¿Por qué adoptaron su nombre para el Centro de Estudios?

 

Cuando nos agrupamos para crear el Centro Mandela, en el año 1997, Chaco presentaba -según mediciones de desarrollo humano y social- indicadores sociales, económicos, sanitarios y educativos similares a los promedios de los países de África; por lo tanto, la referencia parecía inevitable. La parte final de la decisión estuvo alimentada por el apartheid y la discriminación que existía y continúa en Chaco, fundamentalmente en relación con las comunidades indígenas, especialmente las que vivían en El Impenetrable, que motivó que el Defensor del Pueblo de la Nación iniciara un juicio -ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación- contra los gobiernos de Argentina y de Chaco, que aún continúa tramitándose, por el posible exterminio continuo, sistemático y silencioso de los pueblos originarios de el Espinillo, Villa Río Bermejito, Pampa del Indio, J.J. Castelli y Miraflores. Inmediatamente después de iniciado el juicio, cuya base fueron los numeroso informes que realizaron los voluntarios del Centro Mandela en tales lugares, la Corte dictó una medida cautelar ejemplar obligando a los gobiernos denunciados por violación de los derechos humanos a entregar regularmente a las comunidades indígenas alimentos, agua para consumo humano y comunicación y acceso al sistema sanitario público

En definitiva, la sumatoria de los dos factores mencionados nos permitió comprender que debíamos presentarnos ante la opinión pública bajo la inconfundible insignia que era y que representaba Nelson Mandela con su incansable lucha contra la pobreza, la indigencia, la exclusión social y el apartheid.

3) ¿Qué enseñanza nos deja su obra para Argentina, en lo que es la democracia y derechos humanos?

Somos escépticos respecto de los posibles aprendizajes de los argentinos como derivación de la obra de Madiba respecto al real valor de la democracia y, especialmente, en relación a la promoción y vigencia de los derechos humanos en nuestras vidas cotidianas e institucionales. Esta visión puede ser objetada o ser sometida a dudas porque pareciera ser que está impregnada no solo de escepticismo, sino de cierto grado de desesperanza. Sin embargo, creemos que somos objetivos cuando nos expresamos en estos términos, para lo cual tenemos en cuenta que muchos sectores sociales, económicos, culturales y políticos demonizan en privado la democracia o descreen de ella. Despejamos aún más cualquier duda cuando notamos que funcionarios en actividad y muchos de aquellos sectores asocian los derechos humanos con la marginalidad, la violencia y el delito. Recurrentemente escuchamos la perniciosa frase, que repiten casi siempre con la misma fórmula, consistente en la siguiente pregunta ¿dónde están los derechos humanos de las víctimas de los delitos?. Esta expresión esconde los verdaderos pensamientos de muchos sectores que no atinan a reconocer que para que se concreten los casos de violaciones de derechos humanos el agresor debe ser un funcionario o un agente público cuando está ejerciendo sus funciones; y que la violación de derechos entre particulares, que reiteradamente se utilizan para condenar la existencia y funcionamiento de los organismos de derechos humanos, demandan la intervención directa del Estado a través de los poderes y de los organismos competentes para hacer cesar los efectos de los delitos o para lograr sus esclarecimientos y la aplicación de las penas que correspondan.

4) ¿Consideran que el gobierno argentino -ahora con la figura de Capitanich- lo toma en cuenta?

Si bien se han dado pasos importantes en materia de derechos humanos durante la gestión de Kirschner y Cristina Fernández de Kirschner, lo cierto es que este tema terminó siendo una herramienta política de gestión y, en algunos casos, hasta se llegó al extremo de la banalización. Varios organismos de derechos humanos se plegaron al gobierno y perdieron independencia, que es lo mismo que decir que se despojaron de la razón de ser que justifica la existencia y funcionamiento de las organizaciones de derechos humanos, que no nacieron para gobernar sino para controlar las gestiones de gobierno, con una mirada crítica pero objetiva. Este es un postulado fundamental que debe alimentar a todo organismo en el campo de los derechos humanos dado que tenemos que “remar contra la corriente”, con la razón y con el propósito de cambiar los escenarios de injusticia e inequidad a pesar de las descalificaciones.

Creemos que el gobierno argentino no tiene capacidad para aprender de Madiba y, menos, de aplicar algunos de los postulados y de las acciones que desarrolló en los territorios por donde caminó. Son el agua y el aceite. Y se nota más con Capitanich, que fue el mejor y el peor gobernador del Chaco, al mismo tiempo. Conforme lo resultados alcanzados durante su gestión, puede ser calificado de esta manera aunque parezca una definición un poco extraña. Es que el nivel de inversión de la obra pública fue extraordinario, aunque desordenado y sin responder a las urgencias y necesidades sociales más trascendentes y vitales. De cualquier manera, quizás este factor permita decir que fuera el mejor gobernador. Pero los resultados muy negativos -por mal funcionamiento de los servicios públicos de salud, de educación y seguridad social- restaron valor a la acción positiva de inversión en obras públicas. Y lo más grave, es que encontró un Estado sobredimensionado, burocrático e ineficiente que funciona bajo los efectos del tráfico de influencia y de la corrupción, y en vez de realizar una reforma administrativa estructural del sector público, profundizó aquellos males incorporando 25.000 personas al Estado como trabajadores permanentes o temporarios, con lo cual agudizó el sobredimensionamiento del sector. Al mismo tiempo, se formó y funciona en gran parte de la estructura del Estado una “nube de negocio” en torno a cada acción, plan, programa u obras, fenómeno que empañó las gestión porque produjo un incremento extraordinario del gasto improductivo en el que el costo de la corrupción ha tenido un alto impacto. Año a año se fueron generándose deudas flotantes crecientes, gestadas por el manejo descuidado de los fondos públicos, a propósito de la falta de controles de los organismos internos y externos del Estado. O sea que Capitanich no tuvo conducta presupuestaria y no respetó los compromisos electorales de gobernar a través de la formulación de presupuesto pluri-anuales. Por ende, puede ser calificado como un mal administrador, lo que paradójicamente desvirtúa la visión de amplios sectores sociales que piensan que es un buen administrador. Creo que este aspecto es el más criticable y que -a su vez- abona la opinión de que es el peor gobernador del Chaco. Finalmente, para atenuar las protestas sociales de las organizaciones piqueteras y de desocupados, cooptó a la mayoría de sus dirigentes y aplicó una inocultable política clientelística y prebendaria con el objetivo de garantizarse “gobernabilidad y paz social”.

 

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