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Feb 01 2012

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Ganadería intensiva: Nueva amenaza para nuestros últimos bosques nativos

Ganadería intensiva: Nueva amenaza para nuestros últimos bosques nativos

http://www.greenpeace.org/argentina/Global/argentina/report/2011/bosques/informe-ganaderia-silvopastoril-1.pdf

Resumen Ejecutivo

Argentina se encuentra en emergencia forestal: ya perdimos el 70% de los bosques nativos originales y la deforestación aumentó fuertemente en los últimos veinte años por el avance descontrolado de la frontera agropecuaria. A cuatro años de la sanción de la Ley de Bosques, 17 provincias han realizado el Ordenamiento Territorial de sus Bosques Nativos y los han refrendado mediante una ley provincial. Por falta de controles efectivos y multas acordes, continúan los desmontes ilegales y los incendios forestales intencionales. A mediados de la década de 1990, se produjo un fuerte incremento en la superficie cultivada para soja transgénica; y la ganadería intensiva, que históricamente se producía en la región pampeana, empezó a ser “corrida” hacia el norte del país propiciada por el bajo precio de la tierra. En los últimos cuatro años el stock ganadero sufrió una disminución del 17%: en 2007 era de 58 millones de cabezas y actualmente promedia 48 millones. Durante los últimos diez años el precio de la carne se mantuvo en valores bajos, pero esta tendencia cambió: los especialistas aseguran que ahora los precios internos son tan buenos como los internacionales, por lo que para los próximos años se espera un crecimiento extraordinario del stock ganadero. El Plan Ganadero Nacional aspira, mediante el financiamiento con bajas tasas de interés, en 5 años llegar a las 77 millones de cabezas de ganado, para alcanzar el histórico 12% de exportación. Por su parte, el Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial Participativo y Federal 2010-2020 prevé “el aumento en la producción de carne bovina de 2,6 millones de tn. a 3,8 millones de tn., expresando de este modo un incremento del 46% para el 2020”. Y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) considera que el sector podría incrementar su producción en un 70% en el próximo decenio. El avance de la ganadería intensiva en el norte de nuestro país pone en peligro a más de 10 millones de hectáreas de bosques nativos de la región chaqueña. En Santiago del Estero, Salta, Chaco y Formosa se espera un importante crecimiento de la ganadería intensiva en los próximos años (duplicar el stock o más) mediante la aplicación de sistemas silvopastoriles. En el Parque Chaqueño, la mayoría de los sistemas silvopastoriles, resultan ser desmontes en etapas. Luego de la aplicación del rolo o la topadora son muy pocos los árboles que quedan en pie, lo que sumado a la implantación de pasturas implica la destrucción del futuro de ese bosque, el sotobosque.

Los aprovechamientos silvopastoriles para ganadería intensiva autorizados por algunas provincias (Santiago del Estero, Córdoba, Chaco) en bosques clasificados bajo la Categoría II (amarillo) son una clara violación a la Ley de Bosques. Greenpeace reclama que los mismos se autoricen únicamente en bosques zonificados en la Categoría III (verde).

Bosques: ecosistemas vitales

Los beneficios ambientales que nos brindan los bosques resultan esenciales: concentran más de la mitad de la biodiversidad del planeta, juegan un papel fundamental en la regulación climática, el mantenimiento de las fuentes y caudales de agua y la conservación de los suelos, y de ellos obtenemos bienes y servicios indispensables para nuestra supervivencia, como alimentos, maderas y medicinas. Desde el punto de vista de la conservación de la biodiversidad debe destacarse que el bosque es hábitat de gran variedad de flora y fauna silvestres y que su destrucción implica el riesgo de extinción de numerosas especies, motivo por el cual es una prioridad mundial conservarlos como banco de genes in situ. El manejo de los bosques repercute inevitablemente en la conservación de los demás recursos naturales renovables, en la diversidad biológica y en el equilibrio ecológico local, regional y global. Una función esencial de las masas boscosas es la conservación de los recursos hídricos. Los bosques actúan regulando los déficits estacionales de agua: como una “esponja”, la absor

ben en momentos de gran caudal y la liberan de a poco cuando ésta escasea en la estación seca. También cumplen un rol importante en el ciclo de lluvias en regiones interiores alejadas de las costas, convirtiéndolas en zonas productivas y habitables. En cuanto a la protección de los suelos, los bosques acumulan muchos nutrientes, particularmente en las zonas cálidas donde los mismos están almacenados en la biomasa. Ayudan a controlar la erosión aportando material orgánico y disminuyendo el flujo del agua: las hojas de los árboles reducen la velocidad de las gotas de lluvia protegiendo el suelo y evitando que éste se lave, proporcionando así el medio ideal para que el bosque se desarrolle. Los bosques también son muy importantes para la estabilización del clima, ya que modulan las fluctuaciones de la temperatura entre el día y la noche, permitiendo disminuir la amplitud térmica local. Otro beneficio esencial que nos brindan es su función como reservorios de carbono, estabilizando el efecto invernadero que genera este gas en la atmósfera. Además, los bosques y selvas son una fuente importante de recursos económicos: como la renta maderera con su derivación en productos de valor agregado, tales como madera aserrada, muebles, pisos, celulosa y papel, carbón, etc.; y los productos forestales no madereros, como esencias de uso medicinal y cosmético, miel, hongos, etc. El turismo y el ecoturismo son beneficios económicos indirectos del bosque, que en la actualidad han cobrado un gran auge.

Los bosques tienen otros beneficios intangibles, como su contribución a la diversificación y belleza del paisaje y la defensa de la identidad cultural de los pueblos que los ocupan y de ellos dependen. En definitiva, las selvas y bosques son nuestro patrimonio natural más importante, y son fundamentales para nuestra supervivencia, por lo que resulta vital manejarlos responsablemente.

Emergencia Forestal en Argentina

La sociedad argentina ha crecido dándole la espalda a sus recursos forestales, entre otras causas por la lejanía de las zonas boscosas de los mayores centros urbanos del país. El hecho de haberse asumido como un país agrícola y ganadero, casi excluyentemente centrado en la producción pampeana, generó una visión que contribuyó a no calificar a la actividad forestal como un dinamizador del desarrollo socioeconómico nacional. 1 Históricamente la actividad forestal

en Argentina estuvo basada en la producción de madera, con un uso extractivo y eventualmente con algún procesamiento que otorgara cierto valor agregado a la misma. Amplias regiones del país han obtenido de las masas forestales nativas su principal fuente de ingreso económico, como la producción de rollizos en la Selva Misionera, en la región del Parque Chaqueño y en el pedemonte de la Selva Tucumano Boliviana. Sin embargo, la ausencia de planes de manejo racional del recurso, con la tala indiscriminada de las especies más valiosas, implicó que los bosques sufrieran un rápido deterioro en su calidad, primer paso para la futura conversión del uso del suelo.
Se calcula que entre fines del siglo XIX y principios del XX Argentina contaba con cerca de 100 millones de hectáreas de bosques, cubriendo aproximadamente el 30% de su superficie continental. 2 Pero la demanda de productos primarios del bosque nativo que provocó en esa época la tecnificación del manejo ganadero, el incremento de la superficie agrícola, y consecuentemente la expansión del sistema ferroviario (cuyos millones de durmientes se construyeron con árboles nativos), generaron una importante reducción de la superficie forestal. A esto debe sumarse la demanda que hubo durante la Primer Guerra Mundial, cuando nuestro país fue el principal productor de extracto de tanino.
A partir de la década de 1990 Argentina sufre un nuevo impulso de la deforestación, favorecido por la inversión en infraestructura, los cambios tecnológicos (la introducción de los transgénicos y la siembra directa) y el contexto internacional, que generó uno de los procesos de transformación de bosques nativos de mayores dimensiones en la historia del país. Al proceso de degradación del bosque que produce la tala indiscriminada, se le sumó un fenómeno aún peor: el desmonte con maquinaria pesada en búsqueda de nuevas tierras para ampliar la frontera agropecuaria, principalmente para la producción de soja transgénica.

Superficie de bosque nativo

Fuente: UMSEF- Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación

 Según datos de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, entre 1998 y 2006 la superficie deforestada fue de 2.295.567 hectáreas, lo que equivale a más de 280.000 hectáreas por año, 1 hectárea cada dos minutos.

Superficie deforestada por provincias

 Fuente: Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación

Las provincias de Salta, Santiago del Estero y Chaco concentran la mayor superficie de bosque nativo del país, pero también presentan la mayor superficie deforestada en los últimos años.

Superficie de bosque nativo y tasa de deforestación por provincias.

Fuente: UMSEF – Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación

La deforestación impacta directamente sobre las comunidades indígenas y campesinas, que históricamente habitan y utilizan esos bosques; y que lamentablemente tras el paso implacable de las topadoras pierden su forma de vida y sustento, cayendo en la pobreza extrema.

Son numerosos los ejemplos del avance del desmonte en zonas habitadas favorecidos por la poco clara y efectiva protección que tienen los pobladores tradicionales, ya que la gran mayoría no ha podido obtener la titularización de las tierras que habitan desde hace muchos años.

Debido a esto, son cada vez más los casos donde el conflicto en torno a la tierra termina dirimiéndose por la fuerza, en donde es frecuente el accionar de guardias “parapoliciales” bajo la orden de los empresarios. Así, en la mayoría de las provincias del norte de nuestro país los desmontes y desalojos se han venido realizando amparados en un escaso control, muy débiles exigencias en el otorgamiento de permisos y desidia para actuar frente a las denuncias realizadas por pobladores y organizaciones sociales.

El Primer Inventario Nacional de Bosques Nativos, finalizado en 2007, estimó una superficie de 31.443.873 hectáreas de bosques nativos. 4 Resulta evidente que Argentina se encuentra en emergencia forestal: ya perdimos el 70% de los bosques nativos originales y la deforestación aumentó fuertemente en los últimos veinte años por el avance descontrolado de la frontera agropecuaria.

Un arduo camino hacia la Ley de Bosques

El presidente de la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano de la Cámara Baja, el Diputado Miguel Bonasso, presentó en junio de 2006 el proyecto de Ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos. Dicho proyecto tomó forma luego de un amplio debate en el seno de la Comisión, y contó con el aporte de organizaciones ambientalistas como Greenpeace, la Fundación Ambiente y Recursos Naturales, y la Fundación Vida Silvestre Argentina. En marzo de 2007 obtuvo finalmente su aprobación en la Cámara de Diputados, a pesar de la férrea oposición de algunos diputados de las provincias del norte del país. Luego el proyecto de ley pasó a la Cámara de Senadores, donde fue girado a 6 comisiones para su tratamiento. Allí comenzó un lento proceso donde los representantes de las provincias que se oponían a la norma buscaron obstaculizarla mediante la presentación de varios proyectos de ley paralelos. Ante esta situación, a fines de 2007 más de treinta organizaciones sociales entregaron en el Senado de la Nación un millón y medio de firmas de personas de todo el país en reclamo por el urgente tratamiento de la norma, demostrando un alto nivel de consenso social.

Así, los senadores retomaron su tratamiento sobre un texto que contenía los principales puntos del proyecto aprobado en Diputados:

– Moratoria a la autorización de nuevos desmontes hasta que cada provincia realice un Ordenamiento Territorial de sus Bosques Nativos en forma participativa.

– Obligatoriedad de realizar un Estudio de Impacto Ambiental y una audiencia pública antes de autorizar un desmonte.

– Respetar los derechos de las comunidades indígenas y campesinas sobre los bosques que utilizan.

– Prohibición de la quema a cielo abierto de los residuos derivados de desmontes o aprovechamientos sostenibles de bosques nativos.

Además, a la norma se le agregó el Fondo Nacional para el Enriquecimiento y la Conservación de los Bosques Nativos, a distribuirse entre las provincias que sancionen por ley provincial el Ordenamiento Territorial de sus Bosques Nativos bajo los criterios de la normativa nacional. El 30% del mismo está destinado a fortalecer la capacidad técnica y de control de las provincias y fomentar las actividades productivas que los pequeños productores rurales y comunidades indígenas realizan en los bosques, y el 70% restante tiene como objetivo compensar a los titulares de bosques nativos que realicen tareas de conservación y manejo sostenible. En cuanto al Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos que deben realizar las provincias, el artículo 9 de la ley establece tres categorías en que deben clasificar sus bosques:

  •  “Categoría I (rojo): sectores de muy alto valor de conservación que no deben transformarse. Incluirá áreas que por sus ubicaciones relativas a reservas, su valor de conectividad, la presencia de valores biológicos sobresalientes y/o la protección de cuencas que ejercen, ameritan su persistencia como bosque a perpetuidad, aunque estos sectores puedan ser hábitat de comunidades indígenas y ser objeto de investigación científica.
  •  Categoría II (amarillo): sectores de mediano valor de conservación, que pueden estar degradados pero que a juicio de la autoridad de aplicación jurisdiccional con la implementación de actividades de restauración pueden tener un valor alto de conservación y que podrán ser sometidos a los siguientes usos: aprovechamiento sostenible, turismo, recolección e investigación científica.
  •  Categoría III (verde): sectores de bajo valor de conservación que pueden transformarse parcialmente o en su totalidad aunque dentro de los criterios de la presente ley”.

Para decidir en qué categoría clasificar los bosques, la norma incorporó diez Criterios de Sustentabilidad Ambiental que las provincias deben evaluar previamente. Finalmente, el nuevo texto aprobado por la Cámara de Senadores el 21 de noviembre de 2007, fue girado nuevamente Diputados, donde fue aprobado una semana después, convirtiéndose en ley. Recién en febrero del año 2009 el Poder Ejecutivo reglamentó la norma, tras el reclamo de más de 70 organizaciones sociales de todo el país. Sin dudas el trágico alud en Tartagal (Salta), provocado en gran medida por la deforestación, aceleró la firma del decreto reglamentario. La sanción de la Ley de Bosques es un avance sin precedentes en materia ambiental, y un ejemplo de la importancia de la participación de la sociedad civil, constituyendo una herramienta esencial para empezar a solucionar la emergencia forestal en la que se encuentra Argentina.

Una aplicación con dificultades

A cuatro años de la sanción de la Ley de Bosques, diecisiete provincias han realizado el Ordenamiento Territorial de sus Bosques Nativos y los han refrendado mediante una ley provincial: Catamarca, Chaco, Chubut, Córdoba, Corrientes, Formosa, Mendoza, Misiones, Río Negro, Salta, San Juan, San Luis, Santa Cruz, Santiago del Estero, Tucumán, La Pampa y Jujuy. Sin embargo, algunos Ordenamientos Territoriales (Córdoba, Corrientes, Formosa) fueron muy cuestionados por organizaciones ambientalistas, campesinas y comunidades indígenas, por no cumplir varios artículos y criterios de la normativa nacional. El artículo 31 de la Ley de Bosques establece que el Fondo Nacional para el Enriquecimiento y la Conservación de los Bosques Nativos no podrá ser inferior al 0,3% del Presupuesto Nacional, a lo que deberá sumarse el 2% del total de las retenciones a las exportaciones de productos primarios y secundarios provenientes de la agricultura, ganadería y sector forestal, correspondientes al año anterior. A pesar de esto, durante 2008 y 2009 la norma no contó con los fondos correspondientes. Un mínima parte fue incorporada recién en 2010 ($300 millones), sustancialmente menor a lo que dicta la Ley de Bosques. Además, una parte de éstos fue reasignada para otros fines (Programa Fútbol para Todos). En 2011, ante la falta de aprobación por parte del Congreso Nacional de la Ley de Presupuesto Nacional, se repitió la partida establecida el año anterior, con lo que el Fondo volvió a ser significativamente inferior a lo estipulado por la norma.

Por su parte, el proyecto de Ley de Presupuesto Nacional para el año 2012 destina una partida de poco más de $267 millones al Fondo Nacional para el Enriquecimiento y la Conservación de los Bosques Nativos, aproximadamente 7 veces menor a lo establecido por el artículo 31 de la Ley de Bosques. Por la falta de controles efectivos y multas acordes a la valoración del daño ambiental, continúan los desmontes ilegales y los incendios forestales intencionales. A la vez que se ejecutaron muchos desmontes que fueron aprobados en forma especulativa antes de la sanción de la ley.

Los últimos datos oficiales revelan que en el período diciembre 2007 – octubre 2008 (posterior a la sanción de la Ley de Bosques) la deforestación en las provincias de Salta, Santiago del Estero, Chaco y Jujuy alcanzó las 136.081 hectáreas, lo que implica un 50% menos que el promedio anual de deforestación que el país tenía antes de la sanción de la norma.

El avance de la ganadería sobre los bosques chaqueños

Desde principios del siglo XX en la región chaqueña se ha desarrollado la ganadería “bajo monte”. Miles de familias campesinas e indígenas que viven en los bosques del norte de Argentina basan su sustento en la producción vacuna, y también caprina. En muchos casos la acción sistemática y combinada durante años del sobrepastoreo de los animales y la tala irracional produjo una importante degradación de los bosques. Sin embargo, en general la biodiversidad de los mismos se ha mantenido en pie, por lo que es posible recuperarlos mediante un plan de manejo sustentable. En ese sentido la Ley de Bosques establece en su artículo 21 que “en el caso de actividades no sostenibles desarrolladas por pequeños productores y/o comunidades campesinas relacionadas a los bosques nativos, la Autoridad de Aplicación de la jurisdicción que corresponda deberá implementar programas de asistencia técnica y financiera a efectos de propender a la sustentabilidad de tales actividades”. Pero a mediados de la década de 1990, se produjo un fuerte incremento en la superficie cultivada para soja transgénica; y la ganadería intensiva, que históricamente se producía en la región pampeana, empezó a ser “corrida” hacia el norte del país propiciada por el bajo precio de la tierra.

Evolución del stock ganadero 1998-2008 por región.

Sobre base año 1999: 49.056.600 cabezas

La cada vez mayor rentabilidad de la soja frente al bajo precio de la carne bovina generó un importante crecimiento de la agricultura en la zona pampeana, históricamente también ganadera, y produjo una importante merma de las reservas vacunas.

En los últimos cuatro años el stock ganadero sufrió una disminución del 17%. Mientras que en 2007 era de 58 millones de cabezas, actualmente promedia 48 millones.

Cabezas de ganado bovino

Fuente: Ministerio de Agricultura, IPCVA, SENASA

El gobierno reconoce dos factores clave que definieron la actual situación de la ganadería: “el primero fue el desplazamiento hacia la agricultura permanente de 13,5 millones de hectáreas que estaban en rotación agrícola ganadera. El segundo factor fue la sequía prolongada que comenzó en el 2006 y tuvo su máxima expresión en la primavera-verano del año 2008. Los años de sequía provocaron estragos en los rodeos por falta de pasto y agua”. 7 Lo cierto es que durante los últimos diez años el precio de la carne se mantuvo en valores bajos, pero esta tendencia cambió: los especialistas aseguran que ahora los precios internos son tan buenos como los internacionales y que esta situación “llegó para quedarse”.
Durante este año el precio promedio de un kilo de carne ha sido $32,12, un 122% más respecto a los $14,43 que se registraron en 2009.

Precio promedio del Kg. de carne vacuna

Fuente: Ministerio de Agricultura, IPCVA, SENASA

Frente a esta situación, para los próximos años se espera un crecimiento extraordinario del stock ganadero.

Desde el gobierno afirman que “los precios del ternero han mostrado en el ejercicio 2010 una mejoría sustancial en sus valores, los cuales de mantenerse, mejorarán su competitividad con respecto a la agricultura. Esto permitirá un crecimiento de la actividad, una recuperación del stock y, en el mediano plazo, un aumento de la producción de carne”.

En ese sentido el ambicioso Plan Ganadero Nacional aspira, mediante el financiamiento con bajas tasas de interés, en 5 años llegar a las 77 millones de cabezas de ganado, para alcanzar el histórico 12% de exportación.

Por su parte, el Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial Participativo y Federal 2010-2020 prevé “el aumento en la producción de carne bovina de 2,6 millones de tn. a 3,8 millones de tn., expresando de este modo un incremento

del 46% para el 2020”, y un crecimiento en el stock de cabezas de ganado bovino de 49 a 54 millones.

Es importante señalar que la “necesidad” de recuperar el stock ganadero no busca principalmente satisfacer el consumo interno, sino “el aumento de las exportaciones de Manufacturas de Origen Agropecuario vinculadas al complejo cárneo bovino, pasando de USD 1.374 millones en 2010 a USD 6.878 millones en 2020, incrementándose porcentualmente en un 400%”.

Lo cierto es que el consumo de carne bovina en Argentina tocó en 2011 su nivel más bajo en más de cincuenta años: actualmente cada argentino demanda un promedio de 53,4 kilogramos al año, un 22% menos que dos años atrás. Incluso durante la crisis de 2001 el consumo fue de 64 kilogramos per cápita, 9 Kg. más que el actual.

Consumo promedio anual de carne vacuna por argentino

Fuente: Ministerio de Agricultura, IPCVA, SENASA

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) considera que el sector ganadero estaría en condiciones de incrementar su producción en un 70% dentro del próximo decenio.

A su vez, el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) afirma que el NOA es la zona con mayor potencial de crecimiento en ganadería.

Santiago del Estero, Salta, Chaco y Formosa son las provincias con bosques nativos donde se espera un importante crecimiento del stock ganadero en los próximos años.
La provincia de Santiago del Estero tiene cerca de 1.500.000 cabezas de ganado bovino, y según el gobierno cuenta “con un potencial de crecimiento sostenido para poder llegar a 4 o 5 millones de cabezas a corto plazo, marcando a esta provincia como netamente ganadera. La ganadería es política de Estado para este gobierno.”
“Somos conscientes de que a la Argentina le faltan 10 o 12 millones de cabezas y que la demanda mundial sigue creciendo. En esto sabemos que Santiago cumple un rol importantísimo. Queremos ser parte de los proveedores de los alimentos del mundo”, afirman desde el gobierno santiagueño.
En Salta, la ganadería viene creciendo en forma sostenida: el Censo Agropecuario de 1988 señaló un stock bovino de unas 300.000 cabezas, mientras que en 2002 alcanzó las 493.804 cabezas. Y a partir de ese año comienza un proceso de fuerte crecimiento de la ganadería. Las tasas interanuales de crecimiento del stock en el período 2003-2008 son realmente significativas, alcanzando un 17,19% entre 2007 y 2008.
Actualmente la superficie afectada a la ganadería en Salta es de 3.262.703 hectáreas, y el stock ganadero alcanza las 911.000 cabezas.
Chaco cuenta actualmente con cerca de 2.600.000 cabezas de ganado. 20 Pero la provincia tiene grandes perspectivas de expandir fuertemente la ganadería en el corto plazo: el Plan Ganadero Chaco se fijó para el año 2015 duplicar el stock y llegar a las 5 millones de cabezas bovinas. 21
Para ello, el gobierno plantea la necesidad de expandir la frontera agropecuaria “llevándola a 2.000.000 de hectáreas contra 1.200.000 con que contamos en la actualidad”. 22
Y en Formosa el Programa Ganadero Provincial busca para 2015 “incrementar el stock ganadero provincial a 3.500.000 cabezas de ganado bovino como máxima, 3.000.000 de cabezas como escenario más probable y 2.500.000 cabezas de mínima”.

En el INTA afirman que “el norte grande argentino tiene el 37% del stock ganadero nacional, lo cual lo posiciona en un lugar relevante en la reconfiguración de sistemas productivos gracias a sus ambientes, cultura e historia”. 24

Y señalan que la expansión de la ganadería se hará en el bosque: “actualmente hay unas 20 millones de hectáreas de bosques nativos, de los cuales el 60% fueron categorizados como „amarillos‟ a partir de la ley; esto quiere decir que no se pueden talar ni hacer agricultura, pero sí hacer un uso racional a partir de una ganadería silvopastoril” .25 El avance de la ganadería intensiva en el norte de nuestro país pone en peligro a más de 10 millones de hectáreas de bosques nativos de la región chaqueña.

Desmonte selectivo y sistemas silvopastoriles en bosques nativos

Los sistemas silvopastoriles son considerados como una opción de producción ganadera intensiva y forestal, donde se busca mantener en pie a las especies leñosas maduras y se implantan pasturas para el forraje, bajo un sistema de manejo integral. En la región chaqueña los sistemas existentes son básicamente ganaderos, donde el componente forestal posee una importancia secundaria.

Para realizar ganadería intensiva en los bosques nativos bajo el sistema silvopastoril, primero se realiza el “rolado” del campo. El rolado es un tratamiento mecánico para mejorar la oferta forrajera para el ganado en bosques, mediante la reducción de la biomasa de especies leñosas (particularmente las arbustivas) y la mejora de las condiciones para el crecimiento de las pasturas (generalmente exóticas), la accesibilidad del ganado y la visibilidad.

Cuando el rolado es muy intenso (aplicado con maquinarias grandes, pesadas y poco maniobrables), muy frecuente o seguido por fuegos para reducir el volumen de restos leñosos, el impacto en el ecosistema es muy grande, por lo que no puede considerarse a ésta como una “práctica sustentable”.

La realidad indica que el “desmonte selectivo”, “desarbustado” o “desbajerado”, que normalmente se realiza con rolo o topadora, resulta un desmonte o el paso previo al desmonte; lo que, sumado a la implantación de pasturas exóticas, no garantiza el mantenimiento y regeneración de los bosques nativos.

Un estudio del INTA realizado en la región del Chaco Seco constató que “el rolado afectó la participación de los componentes del estrato herbáceo, incrementando suelo desnudo y disminuyendo la cobertura de gramíneas y tapices. (…) El rolado disminuyó un 25% de los árboles.” 27 Lo cierto es que, en la mayoría de los casos, luego de la aplicación del rolo o la topadora son muy pocos los árboles que quedan en pie. Además, el rolado intensivo y la implantación de pasturas implican la destrucción del futuro de ese bosque, el sotobosque. El sotobosque está constituido por los estratos arbustivos y herbáceos, que representan un elemento estructural de importancia en la dinámica del bosque, especialmente si consideramos que los individuos que conforman el dosel arbóreo superior durante una etapa de su vida forman parte del sotobosque. Un bosque sano requiere un sotobosque para su sobrevivencia. Si un árbol muere o cae, se genera una entrada de luz lo cual es aprovechado por los árboles jóvenes que logran a ocupar este sitio para crecer como un árbol grande y así regenerar el bosque. Es un ciclo natural que mantiene la vida de un bosque por tiempo indefinido. El sotobosque es además fuente de refugio y alimento para una gran parte de la fauna que los habita. Genera un ambiente vital para la sobrevivencia de cientos de especies de reptiles, insectos, arañas, pájaros, mamíferos, etc. para su alimentación, anidamiento y protección a los predadores. Con la eliminación del sotobosque muchas especies son forzadas a migrar a otros sitios o en muchos casos mueren.

En ese sentido, desde el INTA advierten que “los rolados de alta intensidad (dosis) y severidad, provocan disturbios muy drásticos en la estructura del bosque, especialmente sobre las clases diamétricas inferiores, que se pierden totalmente. Eliminar en un bosque de quebracho todas las plantas menores a 20 cm de diámetro significa crear un bache de al menos 85 años en la estructura del bosque, que es prácticamente la mitad del tiempo que necesita un individuo para llegar a un diámetro de 45 cm. (…) Los tratamientos de rolado intensos generan además grandes volúmenes de material leñoso que a menudo se queman voluntariamente o por accidente, generando grandes pérdidas de materia orgánica y daños al arbolado remanente. La apertura tan drástica del bosque, deja expuestos a los individuos a velocidades de viento superiores a aquellas con las que crecieron, y por no tener un sistema radicular acorde a este nuevo esfuerzo, son comunes las caídas de los árboles remanentes”.

Además, consideran que “un disturbio de este tipo en una población humana, equivaldría a una enfermedad que ataque a niños y jóvenes de hasta 35 años, haciéndolos desaparecer. La población quedaría formada sólo por individuosmayores a 35 años, creándose un bache generacional que comprometería la viabilidad de la población a mediano plazo. Adicionalmente, el ambiente de la población se modificaría drásticamente, como ocurre con una inundación, por ejemplo. De esta manera, la población remanente estaría susceptible a enfermedades que antes no existían o carecería de servicios básicos, como el agua potable, la energía eléctrica, etc. Estos cambios disminuirían la capacidad de supervivencia de la población, provocando daños en sus individuos, retrasos en el crecimiento y en la capacidad reproductiva, e inclusive la muerte”.

En la región del Parque Chaqueño, la mayoría de los sistemas silvopastoriles, generalmente asociados a la ganadería intensiva, resultan ser desmontes en etapas.

Según un relevamiento del INTA sobre la aplicación de sistemas silvopastoriles en la región chaqueña “en el rolado selectivo de los campos, más de la mitad de los productores (57%) dejó en pie entre 20 a 100 árboles ha indicando una cobertura arbórea de aproximadamente 25 a 40%, generando un nivel de sombra intermedia. 30

Y advierte que “el 81,29% de los productores utilizó el fuego como práctica complementaria al rolado, de los cuales un 67% lo hizo con prescripciones. Estos productores utilizan el fuego como una herramienta más de manejo ya que en la actualidad se lo considera como un disturbio natural que contribuye a la sustentabilidad de muchos ecosistemas. Especialmente en la Región Chaqueña argentina, donde el fuego es un evento ecológico recurrente, que junto al clima y la fisiografía modela el paisaje. La frecuencia de aplicación del fuego, empleada por el 42,86% de los productores que queman, fue cada 2 años. Esta podría considerarse alta, ya que se encuentra por debajo del rango de probabilidades propuesto para sabanas y pastizales a nivel mundial que es de 4 a 8 años en zonas áridas. La alta frecuencia utilizada por los productores, podría generar pérdidas de carbono y nitrógeno orgánico del suelo”.

Desde el Movimiento Campesino de Santiago del Estero – Vía Campesina señalan que “las quemas intencionales en dichos sistemas silvopastoriles, tienen como objetivo controlar las leñosas y fomentar el rebrote de pastizales. Los daños ocasionados actualmente por el fuego contemplan la muerte de los individuos arbóreos de los sistemas silvopastoriles, así como del monte aledaño dado por la propagación del incendio; también la muerte de renovales forestales, la muerte de la fauna silvestre y por último el deterioro del suelo”. 32

Además advierten que “los empresarios ganaderos fomentan la implantación de pasturas a cielo abierto, ya que el interés está focalizado en la producción intensiva de forraje instantáneo durante el verano, desvalorizando e incluso excluyendo del planteo de manejo la función del componente forestal, que si desparece “por accidente”, mejor. Elevadas cargas ganaderas conllevan al agotamiento de los nutrientes del suelo en pocos años y del agua; y el continuo uso del fuego en pastizales bajo sistemas silvopastoriles impide la regeneración de los bosques e incendios de amplias masas boscosas. Existe, más que un peligro, un daño actual grave y, en algunos casos, irreversible”.

Los aprovechamientos silvopastoriles en el marco de la Ley de Bosques

Nunca antes, como ahora, la legislación argentina ha sido más clara respecto de la zonificación del uso de los bosques nativos. Con la Ley de Bosques no solo se ha logrado la oficialización de un criterio común para todas las provincias, sino que se lo ha hecho mediante un proceso que incorporó los derechos económicos y sociales de indígenas y pequeños productores rurales. A partir de la realización por parte de las provincias de los Ordenamientos Territoriales de sus Bosques Nativos, los desmontes quedaron limitados a las zonas boscosas clasificadas en la Categoría III (verde), previo Estudio de Impacto Ambiental y audiencia pública. Sin embargo, algunas provincias (Santiago del Estero, Córdoba, Chaco) están autorizando la realización de desmontes selectivos para la aplicación de sistemas silvopastoriles en los bosques nativos clasificados en la Categoría II (amarillo), los cuales según la norma “podrán ser sometidos a los siguientes usos: aprovechamiento sostenible, turismo, recolección e investigación científica”. . En ese sentido, la Ley de Bosques, en su artículo 4, define al Manejo Sostenible como “la organización, administración y uso de los bosques nativos de forma e intensidad que permita mantener su biodiversidad, productividad, vitalidad, potencialidad y capacidad de regeneración, para atender, ahora y en el futuro, las funciones ecológicas, económicas y sociales relevantes en el ámbito local y nacional, sin producir daños a otros ecosistemas, manteniendo los Servicios Ambientales que prestan a la sociedad”.

Bajo estas premisas, podemos señalar que hasta el momento ningún modelo de manejo silvopastoril ha demostrado ser sustentable. A su vez, la ley define al Desmonte como “toda actuación antropogénica que haga perder al “bosque nativo” su carácter de tal, determinando su conversión a otros usos del suelo tales como, entre otros: la agricultura, la ganadería, la forestación, la construcción de presas o el desarrollo de áreas urbanizadas”. Y en su artículo 14 la normativa nacional estipula claramente que “no podrán autorizarse desmontes de bosques nativos clasificados en las Categorías I (rojo) y II (amarillo)”.

Por su parte, la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación considera como áreas deforestadas “a aquellas donde se producen técnicas de desarbustado o desbarejado dado que estos sitios pierden su funcionamiento como ecosistema de bosque al no tenerse en cuenta la regeneración del mismo entre otros factores”. 34 Teniendo en cuenta esto, resulta evidente que los desmontes selectivos autorizados por las provincias para la producción de ganadería intensiva bajo sistemas silvopastoriles en bosques nativos clasificados bajo la Categoría II (amarillo) son una clara violación a la Ley de Bosques.

Greenpeace reclama que, en cumplimiento con lo establecido por la Ley de Bosques, los desmontes selectivos para la producción de ganadería intensiva bajo aprovechamientos silvopastoriles se autoricen únicamente en bosques zonificados en la Categoría III (verde).

Campaña de Bosques

Greenpeace Argentina

Noviembre 2011

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