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Ene 31 2013

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UNA MUERTE ANUNCIADA Y PRELUDIO DE OTRAS

 

 

En la sección Chaco Adentro de la edición del jueves 31 de Diario Norte la joven mamá Gabriela Escalante contó, en un sobrecogedor testimonio, como su bebé perdió la vida cuando fue asistida en el hospital público de San Bernardo. Contó que no se animaron a cortarla para que saliera el bebé, y que cuando usaron fórceps sintió que lo lastimaron. Finalmente el bebé nació sin vida. La mamá lanzó un fuerte alegato, afirmando que “parece que los pobres venimos a sufrir nomás porque ni una explicación nos dieron”, para luego agregar -según una ginecóloga a la que consultó- “que si cortaban el bebé salía”. La joven terminó diciendo que quería que se sepa lo que le pasó.

La versión oficial refirió que la paciente llegó con bolsa rota y pérdida de líquido, presentando una situación de doble circular, o sea que el cordón umbilical rodeaba dos veces el cuello del bebé, que presentaba latidos débiles. Las frágiles explicaciones cerraron con las expresiones de la directora del hospital, quién alegó que no había efectuado ningún control a la paciente y que, por lo tanto, no pudieron advertir que se trataba de un caso complicado, argumentando que cuando estos se presentan directamente los derivan porque en el hospital de San Bernardo no se practican cesáreas.

Grave falla del sistema sanitario

 La doble circular del cordón con el que se pretende justificar el fallecimiento del bebé es un diagnóstico prenatal que precede mucho tiempo antes de entrar la embarazada en trabajo de parto, que se logra por detección precoz del embarazo (antes del tercer mes de gestación), por control y seguimiento, como mínimo en cinco oportunidades durante la preñez. Se sabe que si la mamá no concurre a la consulta para control, se la debe buscar a domicilio y persuadirla ya que su vida y su bebé corren serios riesgos. Por lo tanto, cuando se llega al extremo que refirió la directora del hospital de San Bernardo, se manifiesta la negligencia del establecimiento sanitario como responsable del área programática sanitaria rural por la grave e inexcusable omisión.

La mamá y su nonato tendrían que haber sido derivados con la premura del caso. Aproximadamente son seis horas antes que rompa la bolsa. La embarazada tendría que haber sido instruida sobre los signos de alarmas (dolores, pérdidas de líquidos por vagina) para ir a la consulta espontánea inmediata o recurrir en su auxilio para su traslado. Dichos signos se tendrían que haber enseñado a la futura madre o familiar allegado, recalcándose la importancia y trascendencia del aprendizaje, advirtiéndose de los riesgos que se corren en una provincia con alta mortalidad materno-infantil, con programas nacionales y provinciales que demandan mucha inversión en salud, sin priorizar unos de los flagelos más graves del Chaco.

Parideros, para tentar a la muerte

En realidad, el hospital de San Bernardo no cuenta con una sala de parto por no cumplir con los requisitos exigidos. Se lo debe considerar un paridero, cercano a los hospitales de Villa Ángela y de Sáenz Peña, que dicho sea de paso tampoco cumplen con la totalidad de las normas mínimas para realizar partos seguros, aunque se reconoce que en ningún establecimiento sanitario deben realizarse prácticas de salud en lugares que no están habilitados por el organismo competente del ministerio de salud. Esta es una regla de oro, a partir de la cual el fallecimiento del bebé en el hospital de San Bernardo no tiene ninguna justificación. Es muy grave que un parto se realice en un lugar sin habilitación y que no cuenta con los recursos humanos idóneos (anestesistas, cirujanos ginecológicos, pediatras y obstetras), como tampoco con los elementos básicos e indispensables (sangre segura, incubadoras, medios de transporte) ante una eventual cesárea.

La situación no da para más

Pasamos los límites de lo tolerable. Esto no da para más. El Chaco debe dejar de ser uno de los territorios donde se producen tantas muertes evitables. Tenemos una importante red sanitaria y presupuesto suficiente para que de una vez por todas hagamos las cosas como corresponde porque de lo contrario se repetirán las muertes innecesarias, similares o distintas al bebé de Gabriela Escalante.

El testimonio brindado por la mamá no debe inquietar a las autoridades. Por el contrario, debe ayudarnos a generar soluciones. Entre las más urgentes y que sobresalen nítidamente está la urgente necesidad de ejecutar los programas que son propios y característicos del sistema de asistencia primaria de la salud, hoy ausentes en Chaco. Se debe prohibir la realización de partos en lugares no habilitados por la autoridad sanitaria competente, que es la única que debe establecer la nómina de los lugares para que se lleven a cabo partos seguros, según las normas vigentes a nivel nacional. Se debe establecer, como máximo, seis puntos estratégicos en la provincia equipados con infraestructura, personal idóneo, vehículos y vías de accesos seguras, para de esa manera evitar más muertes. Finalmente, se debe encarar la reestructuración del sistema de salud pública, en lo administrativo y operativo, lo que será muy beneficioso y menos oneroso en lo económico y humano. Se atacaría de frente y en forma segura la mortalidad materno-infantil, que tanto dolor y angustias nos produce a los chaqueños. Debemos superar la extrema desorganización y deshumanización del sistema sanitario público chaqueño.

 

 

 

 

 

 

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