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Ene 23 2013

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¿SODOMA Y GOMORRA?

Motín en la cárcel de Sáenz Peña, Chaco

 

Muchas, graves y penosas fueron las primeras consecuencias que generó el motín y la descontrolada y desordenada represión que ejecutó el personal penitenciario y los integrantes de la policía provincial que intervinieron en el procedimiento de represión, que se prolongó hasta la recuperación del control de la cárcel de Sáenz Peña. Masivamente los medios de comunicación informaron a la opinión pública sobre los heridos y lesionados de ambos bandos, como también los daños y destrozos materiales que se produjeron.

Gran parte de las personas que confrontaron, tanto los presos como los penitenciarios, terminaron reclamado por el respeto de sus derechos violados y por el incumplimiento del Estado en la programación y ejecución de los programas carcelarios, que fueron y son muy deficitarios porque adolecen de un sinnúmero de falencias estructurales, que superaron al director general renunciado que fue ineficiente desde que asumiera. Finalmente, fueron tantos los errores y las equivocaciones que terminaron por generar el ciclo de confrontaciones entre presos y carceleros que se inició hace tres meses y que fue gradual y creciente en términos de violencia. En esta ocasión únicamente faltó un muerto. Todos los restantes matices de violencia se han dado en este último conflicto, que insistimos ha sido una derivación sistémica y prevenible tomándose en cuenta el pésimo funcionamiento del sistema penal carcelario en Chaco.

Se agregan ahora nuevas y profundas dudas. ¿El ciclo de violencia en curso ha terminado o solamente está en una de sus etapas de mayor virulencia?. ¿Se producirán otros motines, otra tomas de rehenes, con heridos y tal vez muertos?. ¿O el gobierno, definitivamente, formulará y ejecutará un programa penal carcelario efectivo y eficiente que garantice el respeto de los derechos de los presos y del personal penitenciario?. Lo cierto es que si continúan con más de lo mismo, aunque pongan como nuevo director al comisario Peña, nos inclinamos a pensar que se repetirán los hechos de violencia en la cárcel de Sáenz Peña. Si esto finalmente se produce, serán co-responsables los funcionarios del poder ejecutivo y del poder judicial según sus incumbencias, tal cual mandan la constitución y las leyes. No esta de más decir que el comisario Peña viene precedido de honradez y de escasa capacidad para conducir esta situación conforme a su carrera policial, por lo que posiblemente contribuya a la continuidad de la crisis y posible colapso del sistema carcelario, que es lo mismo que decir que seguirán las confrontaciones y el nivel de violencia que se ha instalado en la cárcel de Sáenz Peña, cuyas causas fueron desatendidas por el gobierno.

 

A las preocupante novedades que significó la primer toma de rehenes de la gestión del gobernador Capitanich y el nivel de violencia que se desató en la cárcel de Sáenz Peña, que posiblemente generen represalias por parte del personal penitenciario en el corto plazo, se agrega ahora otra posible grave situación que de confirmarse pondrá en evidencia el más absoluto descontrol en el manejo de conflictos parecidos o similares al motín producido en la cárcel referida. El hecho fue vivido por el preso J.M.E, que es un joven de 19 años, del Barrio Nazareno de nuestra ciudad, quién se encuentra internado en el Hospital Perrando, a disposición de la Cámara Criminal Tercera. Este preso recibió un impacto de una pistola 9 mm en la parte posterior de su pierna izquierda, que le provocó una enorme herida que no permite descartar una eventual futura amputación. Los internos que asistieron a J.M.E cuando fue herido afirmaron que el disparo fue efectuado por un policía del servicio 911, desde el interior de uno de los vehículos estacionados en proximidades del tejido perimetral de la penitenciaría. Relataron que poco después de haber disparado contra J.M.E, el móvil policial se retiró del lugar. Si esto se confirma, estaremos en presencia de un hecho muy grave, que involucraría no solamente a la institución policial sino también al gobierno chaqueño, a los que se agregó la presencia rutilante del policía Hugo Gustavo Olivello, protagonista inesperado de las conversaciones mediatorias en el penal, quizás en representación de la Secretaría de Seguridad, lo que aportó el dato insólito en un escenario absolutamente desgraciado y desgarrante.

 

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