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Ene 18 2013

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LA INSEGURIDAD, UN RESULTADO CANTADO

 

 

La inseguridad no es casual, sino que deriva de acciones y de omisiones equivocadas que la origina y desencadena, a veces hasta consolidarla como ocurre en la actualidad. Debe entenderse, entonces, que la inseguridad es un resultado que refleja y sintetiza los desaciertos, los errores, los defectos y las equivocaciones de quienes gestionan en función de gobierno. Además, esta situación negativa para la comunidad casi siempre permanece oculta por decisión de los gobernantes. Contrariamente, la seguridad es el resultado positivo de acciones de quienes administran el Estado con virtudes, aciertos, planes y programas apropiados que permiten prevenir y combatir el mundo del delito y de las inconductas sociales. O sea que la inseguridad y la seguridad son consecuencias o desenlaces que a manera de conclusión reflejan la calidad y efectividad de las acciones del gobierno. Son indicadores inobjetables para medir y pesar como gestiona cada grupo, partido o frente político elegido por la voluntad popular para que gobierne bien.

 

En este marco de ideas, debemos criticar duramente las gestiones de Capitanich y de los anteriores gobiernos porque equivocaron los caminos, repitieron errores, actuaron descuidadamente y hasta dieron origen a las policías partidarias. Sin embargo, quienes gestionaron tan mal esquivan asumir sus responsabilidades y presuntuosamente divulgan éxitos y aciertos totalmente inexistentes. Reducen a este grave problema a una cuestión de comunicación y a las reglas del marketing. En muchos casos, intentaron compensar las críticas y los reclamos sociales con promesas que luego no se cumplieron. Aprovechan para ilusionar a familiares o victimas ante hechos impactantes que conmovieron a la opinión pública. Uno de los casos más llamativo fue el de Imer Flores, en el que el gobernador comprometió que el poder ejecutivo se constituirá como querellante particular para impulsar la investigación del asesinato de este adolescente indígena, ocurrido en Villa Río Bermejito, cuando suponemos que sabe que tal intervención no se producirá en la causa judicial porque no está contemplado que lo intente, según el procedimiento penal. No obstante ello, lo dijo para impactar positivamente en la opinión pública, que consumió tal información a pesar de que no es cierto lo que dijo, a los que siguió el silencio del poder judicial y de las organizaciones que nuclean a los abogados.

 

En definitiva, el gobierno actual es un claro ejemplo de cómo no se debe gestionar la seguridad. Terminó por ser una administración totalmente desatinada porque las estrategias que han ensayado desde el diciembre del 2007 fueron totalmente desacertadas y terminaron en el más absoluto fracaso. No supieron encontrar las posibles soluciones en materia de seguridad pública. No elaboraron proyectos ni planes que pudieran prosperar, hasta que el gobernador terminó por apostar a la cultura del control, con lo cual incorporó el último ingrediente que, además de no solucionar el grave problema de la inseguridad, provocará riesgos y daños económicos, sociales, gremiales, políticos e institucionales.

La inseguridad tiene solución

 

Si partimos de la premisa que la inseguridad tiene solución, la primer pregunta que habría que responder sería ¿qué debemos hacer? Luego, tendríamos que interrogarnos ¿quiénes deberían llevar adelante las tareas de identificación de los problemas a resolver y la elaboración de los proyectos y de los programas de seguridad?. Después, deberíamos plantearnos ¿cómo se debe monitorear y aprobar la formulación y evaluación de los proyectos de organización e inversión en seguridad pública? Todas esta preguntas tiene respuestas, concretas y certeras, que varían según las escuelas de pensamientos criminológicos que se adopte. De cualquier manera, tal elección debe responder a las características particulares de la población y el territorio de que se trate y la idiosincrasia de las inconductas sociales, de las contravenciones y de los delitos, para confrontarlo con los indicadores de normalidad local. Pero para encarar la tarea, se necesita un factor primordial que consiste en la indispensable dosis de decisión política, clara y certera, que permita la elaboración de programas y de planes que garanticen eficiencia y efectividad en distintos tramos, lo que al mismo tiempo permitirá tomar distancia de todos lo errores cometidos y acumulados desde diciembre del 2007.

El gobernador apuesta a la cultura del control

 

El gobernador demostró estar convencido que la inseguridad no tiene solución, y que seguirá apostando a los postulados de la criminología administrativa y al nuevo paradigma de la cultura del control, mediante la incorporación de tecnología y recursos materiales, antes que invertir en la formulación de una política criminal y de seguridad compatibles con los valores de los tiempo modernos. Si como percibe el gobernador la inseguridad no tendría solución, entonces llegaríamos a la conclusión que no sería un problema, sino algo mucho peor porque sería irreversible y fatal. Pero, quiénes pensamos que el Estado tiene la obligación de buscar y encontrar soluciones a la inseguridad, de ninguna manera podemos compartir tal pensamiento, en ningún plano, que incluye lo social, lo ético, lo jurídico, lo político y lo filosófico, porque la seguridad pública es un servicio público esencial que justifica la existencia del Estado, que no puede renegar de sus obligaciones inexcusables.

 

No se puede admitir la adhesión del gobernador a los postulados de la criminología administrativa dado que sería como admitir el fracaso del Estado, sin siquiera examinar las causas de la inseguridad y sus posibles soluciones. Es cierto que el Estado controla solo algunas variables de la inseguridad y otras no. Pero las variables no controlables pueden ser inducidas y mejoradas con planes, programas y políticas públicas sociales y económicas. No existe un solo problema en materia de seguridad pública. Son muchos problemas concurrentes. Existe multicausalidad. Las soluciones por lo tanto deben ser múltiples. No hay una solución mágica, como la que plantea la actual gestión. Por supuesto que nadie puede arrogarse que tiene la solución completa para superar la inseguridad y la violencia social. Las soluciones se deben trabajar, formular, evaluar, decidir, financiar, ejecutar y monitorear a través de proyectos de inversión en materia de seguridad pública, en un proceso permanente que se realimente constantemente.

Promoción y prevención de la seguridad pública

 

El futuro diseño de una política de promoción de la seguridad pública y de prevención primaria del delito requiere la previa formulación de una política de seguridad social que respete los postulados contemplados en la Constitución Nacional. En ese marco será posible la formulación de una política criminal moderna y democrática auspicie la vigencia de los derechos, de las garantías y de las libertades públicas privadas. A su vez, la traza de estas políticas constituirá la expresión más fiel de la vigencia de los tratados internacionales incorporados a nuestro ordenamiento a través de in. 22 de art. 75 de la constitución nacional. De cualquier manera los rasgos fundamentales de la futura política de seguridad pública y el de prevención del delito deberán establecerse a través de la de democratización del debate, con participación de toda la sociedad, que luego se debe plasmar en leyes modernas que sustituirán en futuro a algunas leyes actuales. Este modo lograremos que los espacios privados públicos sean escenarios seguros en donde podamos ejercer razonablemente nuestros derechos, con una fuerte cuota de tranquilidad y seguridad. La peor de las políticas de promoción de la seguridad pública constituye la mejor prevención contra el delito. A su vez, a mayor seguridad social corresponde una seguridad pública superior y de mayor calidad.

 

Viernes, 18 de enero de 2013

 

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