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Dic 31 2012

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El Centro Mandela denuncia estado calamitoso de la alcaidía de Resistencia

“La transformaron en un verdadero basurero social”, señala

El Centro de Estudios Nelson Mandela denunció públicamente que la Alcaidía de Resistencia se encuentra “en situación ruinosa” pese a las distintas advertencias realizadas en los últimos años al respecto, y criticó al gobierno por haber transformado ese centro de reclusión en “un verdadero basurero social que mantienen escondido”.

El informe fue elaborado por el coordinador de la ONG, el abogado Rolando Núñez, luego de recorrer la totalidad de las instalaciones de la unidad más importante del Sistema Penitenciario Provincial. La descripción que hace del lugar es impactante, y respalda sus afirmaciones con fotografías que certifican la realidad que se vive en la alcaidía capitalina.

Instalaciones colapsadas

“Salvo las dependencias que utiliza administrativamente el personal penitenciario y algunas otras de servicios, la totalidad del establecimiento está en situación ruinosa. Los deterioros y el colapso de las instalaciones son totales. La situación calamitosa de la infraestructura ya no admite reparaciones o refacciones porque se encuentran totalmente dañadas por el paso del tiempo y por la falta de mantenimiento. El grado y nivel de destrucción es prácticamente total, de modo que el edificio debiera ser demolido inmediatamente porque agotó su vida útil para la finalidad de alojar presos”, indica el Centro Mandela.

“Tal cual está, la Alcaidía de Resistencia expresa el funcionamiento de un Estado horroroso. Años atrás el arzobispo Carmelo Giaquinta calificó a este establecimiento como la ‘Casa del Horror’. Había visitado el lugar durante algunas horas. Como los gobiernos no resolvieron el problema, la situación actual es peor y más grave. No solo se profundizó el proceso de destrucción de las instalaciones a niveles alarmantes, sino que pasaron los años y los sucesivos gobiernos no resolvieron esta grave situación. Al no haberse construido una nueva alcaidía, en el momento en que debió hacerse, auspiciaron la mayor degradación y la desolación en la que vivieron y viven los presos que allí fueron y son alojados. Este es un dato objetivo y concreto, que contribuye a una mayor inseguridad social”, añade el informe.

En ese sentido, Núñez plantea que “no se puede discutir que la situación empeoró por la exclusiva culpa y responsabilidad de los gobernantes. Se acumularon años de gestiones de gobiernos que cerraron sus ojos y no escucharon a las comunidades involucradas. No comprendieron o no quisieron entender que debía construirse una nueva alcaidía. Ahora creemos que pasamos de la ‘Casa del Horror’ a un Estado chaqueño horroroso, degradante e inhumano, lo que por cierto es una situación aún peor, de mayor entidad porque es de gravedad institucional. Transformaron la alcaidía en un verdadero basurero social, que mantienen escondido”.

Sólo parches

“La existencia y funcionamiento de la Alcaidía de Resistencia comprueba categóricamente que en Chaco se instaló un pretencioso progresismo dañino. Quieren moldear la realidad a través de un discurso en pro de la defensa de los derechos humanos. La inescrupulosidad es total”, marca la ONG.

Como otra prueba de ello menciona que “continúan presas en la alcaidía dos personas con trastornos mentales que el juez de ejecución penal Juan José Cima ordenó que fueran alojadas en lugares apropiados para desarrollar las medidas de seguridad curativas que hasta ahora no se cumplen”.

También cita como un extracto extremo “el lugar que en la jerga internan llaman ‘El Hueco’. Se trata de un pequeño espacio de aire y luz de un metro por tres, donde salen a respirar cinco presos alojados en el fatídico Pabellón 4, que en realidad es una celda inmunda, a la que ingresan por un hueco que hicieron en una vieja pared. Existe un baño y un par de colchones tirados en el piso. El escenario es escalofriante”.

Por eso dice que “a pesar de la preocupación y el esfuerzo de los responsables y de un sector del personal penitenciario, la Alcaidía de Resistencia es un establecimiento que ha colapsado. La estructura de base, las instalaciones, las mamposterías, paredes y servicios están en estado de destrucción. Existen grietas y filtraciones en las cubiertas de los dos niveles”.

Pésimas condiciones

El Centro Mandela detalla que además funciona mal, y en varias áreas directamente está inactivo, el sistema de provisión de agua potable. “La red cloacal es un desastre. La inmensa mayoría de los baños son verdaderos focos de infección. El sistema eléctrico es absolutamente precario. El cableado es artesanal y externo, realizado sin que se cumpliera ninguna medida de seguridad. Las celdas son verdaderos nichos o cuevas y los pabellones son túneles despojados de las más mínimas infraestructura e instalaciones”, enumera.

“La humedad y las altas temperaturas son desoladoras, y se potencian por el hacinamiento total de los presos, que refieren estar mal alimentados. Si sumamos a esta situación las adicciones que se trafican en el establecimiento, es posible establecer un enfoque epidemiológico alarmante, que no ha generado una respuesta apropiada por parte del gobierno”, agrega.

También apunta que se contabilizaron 365 internos, “cuando la capacidad de alojamiento inicial fue de 180 presos. La saturación de detenidos es extraordinaria. El nivel de congestión en celdas y pabellones es exorbitante”.

Núñez dice que como un intento de aliviar la situación el gobierno está reacondicionando un viejo pabellón de la ex Cárcel Provincial Nº 1 para alojar allí a presos que pretenden trasladar desde Sáenz Peña. “Los trabajos de reparación son muy precarios. Potenciarán el descalabro de la alcaidía”, anticipa.

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