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Oct 12 2012

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Familiares del joven aborigen muerto en la Alcaidía advierten que el cuerpo tenía signos de tortura

 

Se manifestaron en la sede de las Fiscalías y exhibieron fotos

“Lo único que sabemos es que mi hermano entró a cumplir una condena, por defender nuestra raza, y salió muerto”, contó Soledad Cáceres, hermana de Mendoza.

“No sabemos nada de lo sucedido”. Fue esa la frase común que sonó en boca del puñado de familiares y amigos de Diego Mendoza, que ayer se manifestaron frente a la sede de las Fiscalías de Investigaciones, en avenida 9 de Julio. El chico aborigen, de 22 años, murió el domingo en la Alcaidía de Resistencia luego de una pelea entre internos. Hoy su familia exige justicia y advierte que el informe forense no reflejó los golpes y otras heridas que exhibía el cuerpo del joven.

“Lo único que sabemos es que mi hermano entró a cumplir una condena, por defender nuestra raza, y salió muerto. No sabemos quién es el culpable ni tenemos ninguna explicación”, contó ante NORTE Soledad Cáceres, hermana de Mendoza, quien ayer junto a su madre, Zulma Cáceres, llegó hasta la sede judicial para pedir informes sobre el trámite de la causa. “Recién hoy (por el jueves) llegó el expediente a la Fiscalía 1”, señaló la mujer. La muerte de su hermano fue el domingo.

“Pedimos justicia y que se encuentre a los responsables, que no es uno sino que son varios”, enfatizó. Así apuntó contra autoridades y personal de la Alcaidía, quienes “tienen el deber de cuidar a quienes cumplen una condena”.

Si bien son pocos los datos que maneja la familia, contaron que el domingo pasado se desató una pelea entre internos y, como consecuencia de la misma, Diego fue apuñalado con un arma blanca. “Dijeron que fue una puñalada pero tiene cuatro puntazos”, aseguraron.

En ese orden, lamentaron que la familia todavía no recibió un informe de la causa judicial, pasados cuatro días de la muerte de Diego. “No tenemos respuestas, nadie dio la cara. Esto es una masacre”, resaltaron. “En Argentina no hay pena de muerte, pero en la alcaidía (los presos) salen muertos”, sostuvo Soledad Cáceres.

Las imágenes

Familiares de Diego Mendoza se manifestaron ayer frente a las Fiscalías para exigir justicia por su muerte. Advirtieron que el cuerpo tenía más heridas que las reveladas por el informe forense.

Fue Luis Alberto Romero, tío de Diego, el encargado de exponer las fotos que la familia tomó al cuerpo del joven. “Tiene varios puntazos, los tobillos moreteados y marcas de perdigones”, relató. De hecho, las imágenes muestran un cuerpo castigado, con signos de haber sido golpeado y con varias marcas no sólo provenientes de heridas de arma blanca.

Diego Mendoza cumplía el segundo año de un total de siete a los que fue condenado por una riña: “Fue por defender nuestra raza. Nos insultaron, atropellaron nuestro domicilio por ser aborígenes. Pero igual la justicia lo condenó”, reseñó Soledad. Dijo además que en la Alcaidía “siempre se producen este tipo de roces”.

“Era un chico bueno, muy callado, que siempre trabajó”, definió su hermana. Zulma, su mamá, agregó que le restaban sólo ocho meses para iniciar el proceso de salidas transitorias por buena conducta. “Estaba contento. Cuando saliera de la cárcel quería formar su familia. Su mujer está embarazada”, contaron.

En el barrio Cacique Pelayo, de Fontana, Diego había heredado de su abuelo una “casita” y allí pensaba reiniciar su vida luego de cumplir la condena. “Les digo a las madres que tienen a sus hijos en la Alcaidía que tengan mucho cuidado. Porque esto que me pasa a mí le puede tocar a cualquiera. Hay muchos peligros ahí”, alertó finalmente la madre del joven.

El Centro Mandela denuncia situación “fuera de control”

Un documento del Centro de Estudios Nelson Mandela sobre la alcaidía de Resistencia, titulado “Los horrores diarios que se repetirán”, informa sobre el caso Mendoza. Indica que Diego estaba alojado en el Pabellón 9 y fue muerto “en la dinámica de uno de los enfrentamientos que existe con los internos del Pabellón 10, que se inscribe en las luchas entre ranchadas por el manejo del tráfico y consumo de todo”.

Así, la oenegé indica que “evidentemente el personal penitenciario liberó la salida de algunos internos del Pabellón 9 o se escaparon rompiendo los candados; en cualquier caso, el personal falló y las consecuencias están a la vista”.

Luego acota: “El Pabellón 9 está en la planta baja. Los presos subieron por la escalera y arremetieron contra los internos del Pabellón 10, quienes estaban preparados para defenderse detrás del portón de rejas del pabellón.

Conectaron un cable de electricidad de 220 voltios al portón metálico. Tenían chuzas tipo lanzas largas que fabricaron con un palo de escoba y otro palo largo, en cuyas puntas ataron un cuchillo casero fabricado con una planchuela y un hierro del 6. Los internos del Pabellón 9 también tenían chuzas, machetes y otro tipo de armas de fabricación caseras. Se acercaron a la reja y trataron de romper los candados. Uno de los internos que estaba en el Pabellón 10 tiró dos puntazos e hirió de muerte a Diego Mendoza. A través del portón de rejas la pelea siguió por varios minutos, hasta que actuó personal penitenciario”.

Como conclusión del informe, advierte que “es evidente que la situación está totalmente fuera de control”. “Esto era previsible; sin embargo, el sistema no funciona en condiciones mínimamente aceptables. Entonces es posible entender que se repetirán los actos de violencia en la alcaidía. A pesar de ello, el gobierno no tiene previsto construir el nuevo complejo carcelario que anunció en su momento, sino que simplemente ampliará las instalaciones de la Casa del Horror, a pesar de que por el carácter ruinoso de sus instalaciones debiera ser demolida”.

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