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Oct 01 2012

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EL CHACO VERDADERO

Desocupación real, pobreza, indigencia y exclusión social

La desocupación real o abierta, que incluye la encubierta que está formada por los inactivos (desalentados), supera los dos dígitos en Chaco. Estimamos que existen 84.000 personas desocupadas, lo que constituye un real fenómeno colectivo que motoriza la exclusión y la marginalización social. La taza de desocupación efectiva sería mucho más alta si no estuviera atenuada por el crecimiento constante del empleo público, los programas sustitutivos de empleo y planes sociales especiales, dirigidos fundamentalmente a las familias cuyos jefes no tienen trabajo regular y permanente, en blanco o en negro.

 

 

El empleo público, como herramienta de múltiples usos políticos

 

En la Provincia del Chaco actúan tres factores que encubren el desempleo real o abierto. El primero es el empleo público. En el curso de los últimos años se ha producido una extraordinaria expansión del empleo público, que hizo que el Estado chaqueño sea el gran empleador. Mensualmente perciben sus ingresos 104 mil personas o más, considerándose el estado provincial y los municipios, comprendiéndose al personal de planta permanente y el personal transitorio, que son los contratados de servicios, contratados de obra, jornalizados, conveniados con Nación y becarios. En diciembre del año pasado difundimos nuestra opinión sobre el notable impacto presupuestario que provocaría el costo total del gasto salarial del sector público, cuyo incremento fue muy importante no tanto por las recomposiciones salariales dispuestas sino por el incremento del número de agentes, cuyos ingresos o contrataciones fue de aproximadamente 20 mil personas en el curso de los primeros 4 años de gestión de Capitanich.

 

 

Ajuste salarial que ejecuta Capitanich

 

En 5 años la Presidente CFK incorporó al Estado 54 mil agentes, según refieren los medios nacionales. En 4 años de gestión, Capitanich hizo ingresar al Estado provincial un número estimado de 20.000 agentes, mayoritariamente temporarios. La comparación parece odiosa, pero es útil porque pone al descubierto el modelo de gestión local, y que se tomó al Estado como bolsa de empleo y devolución de favores.

 

Cuando se proyectó el presupuesto 2012 se diseñó un programa de ajuste salarial. El retraso de los salarios, sometidos a los efectos dañinos de la inflación es fácilmente demostrable de la siguiente manera: desde la salida de la convertibilidad (01/01/02), los ingresos por coparticipación federal se incrementaron el 1.039 %, según la ejecución de recursos que informara la Contaduría General del Chaco. En el mismo período, el sueldo mínimo vital y móvil (SMVM) aumentó el 1.235 % (pasó de $ 200 a $ 2.670). En igual lapso, el sueldo básico del maestro de grado aumentó el 869 % ( pasó de $ 222 a $ 2.151), y el sueldo básico del agente de policía aumentó el 655% ( pasó de $ 199 a $ 1.503).

 

Resulta evidente, entonces, que la situación de conflictividad permanente de los trabajadores del sector público, con huelgas y movilizaciones que afectan a todos lo s poderes y organismos del Estado, no derivó fundamentalmente de la falta o de la insuficiencia o de la reducción de los recursos públicos. Por el contrario, la política y los programas de nuevas asignaciones de los recursos a otros fines, objetivos o propósitos ha generado la política de ajuste salarial y de conflictividad generalizada en Chaco, que se sumó a la falta de conducta presupuestaria que hizo que creciera incesantemente el gasto público improductivo. De las nuevas asignaciones de recursos, sobresalen los pagos de las remuneraciones o ingresos de los 20.000 nuevos agentes públicos incorporados durante la gestión de Capitanich, el financiamiento de obras y servicios necesarios, suntuosos o innecesarios y el incremento del gasto en publicidad y propaganda, distribuido inequitativamente entre medios y periodistas, en algunos casos con características netamente discriminatorias.

 

 

Los planes de pobreza e indigencia que sustituyen el trabajo

 

La cantidad de planes sustitutivos de empleos o programas especiales es alarmante, aunque se redujeron comparado con la etapa posterior al quiebre de 2001. Es descontrolado el universo de personas que perciben programas sustitutivos de empleo o programas especiales, que son financiados a través de transferencias corrientes que realiza Nación hacia Chaco, que en el Presupuesto 2012 significó la suma de 480 millones de pesos, que incluye los fondos para financiar el pago del incentivo docente, el déficit previsional y el pago de miles de becarios, la mayoría de los cuales se desempeñan como agentes públicos en negro que se financian con fondos del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

El total de personas (planeros) que cobran los planes nacionales o de programas especiales es un dato incierto para la opinión pública, pero se estima que la cifra oscila en 68.000 personas, que figuran como ocupados para el Indec, con lo cual alteran sustancialmente la tasa de desocupación.

 

 

Bajo nivel de actividad y alta desocupación real

 

La baja tasa de actividad que tiene Chaco pone en evidencia el alto nivel de desocupación abierta en nuestra provincia. Medida a través de los indicadores usuales, Chaco presenta una tasa de actividad del 34,6 %, según encuestadoras privadas. Esto significa que de cada 100 personas mayores de 14 años, solamente 34 está empleada o busca trabajo. O sea que para las estadísticas del Indec, 65 personas de cada 100 no buscan trabajo; están en sus casas, inactivas, desalentadas y financiadas sin trabajar. Estas personas forman parte de la fuerte desocupación encubierta que existe en Chaco. Estadísticamente se las considera como auto-excluidas del mercado de trabajo y dejan de formar parte de la tasa de desempleo que elabora el Indec. El promedio nacional de la tasa de actividad es del 46%; por lo tanto, existen 12 puntos de diferencias en menos en Chaco, lo que es muy importante y grave, además de ser una de las mayores del total de provincias, salvo las que integran la región Nea, con las que comparte tasas similares.

 

En definitiva existen pocos puestos de trabajo, o por lo menos hay una gran insuficiencia, tomándose en cuenta la cantidad de habitantes que forman parte de la población económicamente activa, que es de un poco más de 380 mil personas al Censo 2010, sobre un total de población de 1.050.00 habitantes.

 

 

La realidad vs. pobreza e indigencia de fantasías

 

Se difunde por los medios masivos de comunicación lo porcentajes sobre pobreza e indigencia que elaboró el Indec para el primer semestre de este año, en base a los datos recogidos por la Encuesta Permanente de Hogares. La información proporcionada es verdaderamente increíble porque no tiene la menor posibilidad de reflejar la realidad. Los porcentajes son irrisorios para las personas y los núcleos familiares. Es claro que perdimos soberanía estadística, lo que constituye un severo obstáculo para el funcionamiento institucional del Estado y a diario para la población, que paga los precios vigentes en góndolas y servicios tarifados que no tienen nada que ver con los que supuestamente recogió el sistema de encuestas.

 

A junio de este año estimamos que el 32 % de la población de Chaco se encontraba por debajo de la línea de pobreza y el 11 % por debajo de la línea de indigencia. Para llegar a tales valores tomamos en cuenta la tasa de desocupación real y abierta, los montos promedios de de las sumas que pagan por los planes sustitutivos de empleos y de los restantes programas especiales, los promedios de los salarios de los sectores públicos y privados, que trabajan en blanco y en negro y, por último, los valores reales de la canasta básica familiar (línea de pobreza) y la canasta alimentaria (línea de indigencia), a valores promedios de góndolas y servicios tarifados a precios por consumos promedios. Estos porcentajes reflejan un poco más objetivamente la realidad social y económica de las familias chaqueñas porque respeta que la situación de pobreza real es directamente proporcional a la baja tasa de actividad existente en Chaco, a los altos niveles de desocupación y subocupación estructural, a los bajos salarios que se pagan, especialmente de quiénes trabajan en negro en el sector privado, y a los bajos valores que se abonan en concepto de planes sustitutivos de empleos y programas especiales, por un lado. Y por el otro, al aumento constante de los precios de las canastas básicas y alimentarias, cuyo financiamiento demanda casi todos los ingresos de las familias. Como es muy caro comer, gran parte de los recursos económicos familiares se destinan a la compra de comida, y en segundo lugar al pago de los servicios tarifados.

 

De la forma como se expone el análisis, cierra un buen círculo de información sobre desempleo, pobreza, indigencia, exclusión social, persistencia de los asentamientos precarios y generación de riesgos sociales, sanitarios, educativos y ambientales a los que están sometidos casi un tercio de la población que habita el área metropolitana del Chaco, que torna más vulnerable a esta población comparada con otros sectores sociales que viven en mejores viviendas, tienen más ingresos económicos regulares y cuentan con mejor cobertura sanitaria y educativa.

 

 

 

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