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Sep 11 2012

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LA CASA DEL HORROR

Alcaidía de Resistencia

En los últimos cinco años se han repetido los incendios, los quemados y los fallecimientos en los lugares de detención del Chaco. La Alcaidía de Resistencia ha sido un escenario repetido donde se reprodujeron las quemas, las mutilaciones y las muertes. Como en ninguna otra etapa del actual proceso democrático, se multiplicaron los incendios con los nefastos resultados que el gobierno y la opinión pública minimizan o afrontan con evasivas. Sin embargo, conviene recordar cuando el arzobispo monseñor Carmelo Giaquinta salió de la Alcaidía de Resistencia, después de visitarla por un rato. Ya en el exterior del establecimiento, respiró profundo y señaló que no había visitado una cárcel sino la Casa del Horror. Pasaron muchos años de aquella visita. La situación fue empeorando, en todos los sentidos. La Alcaidía hoy es una ruinosa casa del horror, que furtivamente se pretende que continúe funcionando a pesar de que debió ser demolida hace muchos años. Últimamente se manipula a la opinión pública tras un fantástico proyecto de complejo carcelario que se construiría en adyacencia a la Alcaidía, proyecto que no es tal sino una simple ampliación de la vieja estructura para multiplicar su colapsada capacidad de alojamiento. Lo que se proyectó es un verdadero engaño y una flagrante y persistente violación de los derechos humanos, que pone en evidencia los discursos vacíos que diariamente se repiten, como también los indisimulados intereses políticos que entornan tales discursos.

El último incendio

El pasado 26 de julio se produjo un incendio en el Pabellón 6 de la Alcaidía de Resistencia, ubicado en el primer piso del ruinoso edificio donde apresan a no menos de 450 personas según los registros diarios, en un espacio que significa la utilización de dos tercios de la estructura de la vieja y originaria Alcaidía, que fue construida en la década de los 60 para alojar a 180 personas. El tercio restante es la ficticia Cárcel Provincial Nº 1.

Como en otros pabellones, contiguo al portón de acceso al lugar se encuentra “la leonera”, que es un ambiente que se utiliza para los ingresos y egresos de los presos a los pabellones. Con los procesados, allí se encontraban alojados varios internos condenados, lo que constituye una gruesa irregularidad. También estaba preso una persona sometida a una medida de seguridad dispuesta por un Juzgado del Menor, que es otra irregularidad, aún más grave que la anterior.

Abusos y maltratos

La versión del jefe de la Alcaidía Daniel Ramírez, que hacía seis meses había asumido en tal cargo, resultó muy diferente al brindado por internos y familiares. Aquél se apegó al relato del personal penitenciario que estuvo a cargo del procedimiento de rutina, que fueron 15 efectivos penitenciarios, bajo el mando del oficial Carlos Caballero. El oficial Diego López, el cabo Juan García y el propio oficial Caballero expusieron que fueron lesionados. Sin embargo, omitieron dar cuenta de varias situaciones, entre ellas lo que llamaron el procedimiento de rutina consistente en la requisa que habían dispuesto llevar adelante. Ordenaron la salida de los internos del pabellón. Dispusieron que salieran descalzos, sin remera y en ropa interior, con presencia femenina, precedido por el ingreso al pabellón del personal penitenciario con itakas, a los golpes y a patadas para sacar a los internos a la leonera. El 26 de Julio la rutina fue más violenta. Se multiplicaron los malos tratos y las golpiza a algunos internos.

Varios internos dieron cuenta de los malos tratos que a diario reciben de los integrantes del Servicio Penitenciario Provincial (SPP). Destacaron varias irregularidades de la guardia, como los ingresos violentos al pabellón y que los penitenciarios aprovechan la ocasión para arrasar con todo lo que encuentran. Tiran todas las cosas al piso, aunque se rompan. Mientras tanto, los mantienen de pie y contra la pared.

¿Que sucedió en la Alcaidía?

Aquel día los internos estaban tranquilos en el pabellón 6. La guardia policial ingresó al lugar de manera violenta, a los golpes, con itakas y a los gritos. Hicieron salir a los internos. Aplicaron golpes de todo tipo, con gritos degradantes. Los hicieron quedar de pie por varios minutos frente a la guardia. Participaba una mujer, que tenía un anotador. Mientras todo esto ocurría, insultaban y agitaban a los presos que vestían únicamente ropa interior. Sacaron a todos los internos del pabellón. Al disponerse el reingreso los internos fueron ubicados en la leonera. El personal penitenciario separó a algunos, mientras la mayoría ingresaba al pabellón. Al mismo tiempo, la guardia instrumentó un traslado a otra unidad. Repetían que lo llevarían a la Alcaidía de Gral. San Martín. En el traslado desde la leonera al pasillo, el personal del SPP insultaba y maltrataba a los internos, mientras otros quedaban en la leonera. Uno de los presos comenzó a gritar para que paren los maltratos. Los restantes internos del pabellón 6 comenzaron a gritar. El personal penitenciario exigió que los internos del pabellón preparan las ropas y las cosas de los presos que estaban siendo maltratados afuera. Esto, sumado a los destrozos y perdidas de pertenencias en las celdas, produjo un descontento generalizado. Varios internos comenzaron a colocar colchones en el portón de acceso al pabellón. Inmediatamente después comenzó el incendio, que rápidamente se desarrolló por los componentes sintéticos de los colchones existentes, que es otra grave irregularidad que responsabiliza al gobierno.

Humo, incendio e itakazos

Mientras continuaban los golpes a los internos que se encontraban afuera, se agravaba la situación dentro del pabellón, especialmente en el área cercana al portón de ingreso. El calor y el humo tóxico aumentaron rápidamente. No se podía respirar. Se escucharon al menos dos itakazos, que fueron disparados por los penitenciarios. Rápidamente se cubrió de humo el pabellón y los internos que quedaron dentro buscaban la manera de salir de sus celdas.

El único refugio fue el baño. La mayoría de los internos se agruparon en el baño. No podían respirar. El foco del incendio gravitó con mayor intensidad en el grupo de internos que se encontraba en el interior del pabellón, lugar con poca ventilación y precaria instalación eléctrica. Algunos buscaron una ventana para respirar. Otros encontraron agua de la pileta del baño. Sin embargo, el humo cubrió el pabellón por completo. En la desesperación y gritos de auxilio, varios internos solo daban con la pared en el intento por respirar. Algunos utilizaron los piletones del baño. Otros se cubrían con frazadas. Algunos se ubicaron en la ventana para respirar. La oscuridad era total.

Cuando la situación se tornó más grave, el personal penitenciario dispuso la salida de los internos. Pudieron escapar por el portón de la leonera. La mayoría quedó atrapada entre llamas y humo negro. Fueron los que más se intoxicaron. Posteriormente se abrió el portón central, por donde salieron otros presos. Por último, salieron los que estaban refugiados en el baño. Algunos, muy desesperados, palpaban las paredes calientes, hasta llegar a la salida. El personal de la Alcaidía utilizó matafuegos para extinguir el fuego.

Intoxicación y quemaduras

A raíz del incendio, que se extendió por largos minutos, los internos sufrieron graves quemaduras en cuerpos, brazos, manos, rostros, cuellos y, sobretodo, una grave intoxicación por inhalación de humo tóxico debido a que pasaban los minutos y se encontraban sin poder respirar, ni salir del pabellón.

Se produjeron quemaduras en varios internos, como también sufrieron dificultades en las vías respiratorias producto de la inhalación de monóxido de carbono.

Antes de ser trasladados al Hospital

A las 19:45 horas la mayoría de los internos heridos estaban sentados en el ingreso a la sala de guardia de la Alcaidía. Fueron derivados al Hospital Perrando, intoxicados y con quemaduras, Jorge Acosta, Alejandro Aquino, Germán Chacon, Ángel Duré, Cristian Encina, Alejandro Moisés Flores, Néstor Fraile, Sebastián Lima, Adrián Maidana, Carlos Alfredo Monge, Juan Marcelo Quintana, Maximiliano Ríos, Enzo Javier Rivero, Raúl Sánchez, Jonathan Saravia, Cristian Turraca.

A las 20 horas, 8 internos que no fueron trasladados al Hospital Perrando se encontraban con heridas. Recién pasada las 20:20 horas fueron derivados a dicho hospital. Quedaron 16 internos en la unidad. Esperaban ser reacomodados. Pasada las 22 horas solicitaban ser reacomodados, pero recuperando sus pertenencias que se encontraban en el pabellón del siniestro y exigían garantías de parte de las autoridades para no ser maltratados.

La situación en el Hospital Perrando y el regreso

Varios familiares se trasladaron al Hospital Perrando, pero no recibían información. El viernes 27 familiares de Cristian Encina, quién presentaba quemaduras en rostro y parte del cuerpo y estaba en terapia intensiva, de Carlos Alfredo Monge, con quemaduras en rostro y manos con compromiso respiratorio, de Cristian Turraca y de Enzo Rivero no recibían ninguna información sobre el estado de salud de los presos.

A las 13hs se concretó un fuerte reclamo de familiares en la guardia de terapia intensiva del Hospital. Tras varios minutos fueron informados, muy sintéticamente, sobre el estado de salud de Turraca, Rivero y Monje, los últimos muy graves, con quemaduras y compromiso respiratorio. En horas de la tarde del mismo día, cerca de las 18:30 horas, se permitió visitas a familiares de Enzo Rivero. Pudieron verlo; se encontraba en shock.

Los quemados e intoxicados por inhalación de monóxido de carbono fueron regresados al mismo pabellón donde se produjera el incendio. Esto significa que las condiciones de alojamiento se agravaron. Se incorporaron colchones viejos al pabellón, iguales a los anteriores, de goma espuma. La cantidad de internos en el pabellón se mantuvo, sin que se realizaran traslados a otras unidades.

El caso Carlos Alfredo Monje

Tras varios días de recibir atención médica intensiva, pasó a una habitación compartida con otro paciente. El lunes 6 de agosto los médicos dieron el alta médica a Carlos, razón por la cual fue trasladado nuevamente a la Alcaidía de Resistencia. Familiares solicitaron al juez de ejecución penal que se suspendiera tal medida por sus precarias condiciones de salud. Debía seguir un tratamiento severo. Fue suspendido el traslado hasta que fuera efectivizado un pronóstico más exacto y sin reservas. Fueron varios los médicos que lo atendieron. Su recuperación continúa aunque fue mayor el control en el Hospital, con gasas en partes de su cuerpo, especialmente su rostro y ambas manos las cuales estaban recubiertas producto de quemaduras y con dolores constantes, bajo curaciones diarias con varios medicamentos, El 29 de julio se le quitó el respirador artificial. El alta hospitalaria le fue otorgada el día 21 de agosto. Esta persona, con delicado estado de salud, pasó a una celda de alcaidía que comparte con otros internos. El 31 de agosto Carlos Alfredo Monje fue trasladado al pabellón donde se produjera el incendio.

Desde el primer momento en que se dispuso el regreso de internos al pabellón 6 se reagravaron las condiciones de detención. Es inhumano el lugar donde están alojados. Ese pabellón debe ser cerrado.

Más requisas crueles, tensiones y lo que sigue

El jueves 7 y el viernes 8 de septiembre se repitieron las requisas. Siguen siendo violentas. Se profundizan los malos tratos en el pabellón 6 y las restantes dependencias de la Alcaidía. Se dispusieron varios traslados de internos a otros lugares de detención en la misma unidad. Varios traslados se concretaron al pabellón 3. Algunos fueron llevados a la celda “a”, que es un lugar de castigo. Se observa la presencia permanente de personal con itakas durante las visitas. Hay personas heridas. Una de ellas de arma blanca, sin atención médica apropiada. Los castigos se repiten. La dirección general muestra una ineptitud e indolencia sobresalientes. El gobierno no controla la situación. Todo parece indicar que estamos en vísperas de algún otro acontecimiento penoso, que suponemos no será casual. El fin de año no está lejos, aunque algunos traten de ignorarlo.

 

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