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Jul 02 2012

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El cuarto ciclo chaqueño

Por Eduardo López

Con el título “La exclusión en el oeste también mata escuelas” NORTE se refirió hace ocho días, al cierre de un establecimiento educativo primario ubicado en el paraje “El Peligro”, la EGB 974, que se encuentra a 40 kilómetros al norte de Pampa del Infierno, en el departamento Almirante Brown. La publicación comentaba un informe del Centro de Estudios Nelson Mandela que explicaba que el cierre se había debido a la falta de alumnos. En el 2008 sólo quedaban unos pocos de los 83 que tenía cinco años antes. Es difícil admitir algo así en una escuela de una provincia que sigue siendo con dolor líder en analfabetismo. Pero sucede porque esa zona, como muchas otras, sobre todo de El Impenetrable se está despoblando desde hace algunos años. Muchos de los que se han ido eran ocupantes de tierras fiscales y otros eran propietarios de pequeñas parcelas. Todos fueron expulsados por poderosos terratenientes que compraron esas tierras fiscales y también las privadas para convertirlas en grandes superficies dedicadas al cultivo de la soja.

Sus habitantes emigraron no ya a las grandes ciudades del país como en éxodos anteriores, que tenían como metas las villas de la Capital Federal, Gran Buenos Aires, La Plata y en menor medida Rosario y Santa Fe. Ahora buscaron el pueblo o la ciudad más cercana y los de más audacia, engrosaron las decenas de asentamientos de la capital provincial, integrando esas 35.000 familias que forman el déficit habitacional del Chaco, según los registros oficiales conocido en estos días.

Este proceso se repite en varios lugares de la provincia como en el Anexo de la Escuela Nº 150 de Pampa Unión, también cerrado por falta de alumnos, porque se fueron las familias del paraje. Ubicado sobre la ruta provincial secundaria 5, casi a mitad de camino entre Pampa del Infierno y Castelli, los lugareños se dedicaban a la agricultura para sustento, un poco de algodón y a la cría de chivos, algunas vacas y caballos, hasta que llegaron la soja y los grandes productores.

Después los campos se fueron despoblando porque terminaron en manos de los terratenientes, fundamentalmente cordobeses, que concentraron las propiedades, el uso y la explotación de las tierras para el cultivo de la soja. Hoy la escuela está abandonada, rodeada de de yuyos, con su mástil herrumbrado, su portón con cadena y candado, y con sus puertas cerradas, según lo revela otro informe del Centro Mandela.

Escuelas y parajes fantasmas

Estos dos, son casos paradigmáticos aunque hay otros lugares donde los alumnos han disminuido notablemente, pero no como para cerrar las escuelas. Pero se trata con suma claridad de la implantación de un sistema productivo que favorece a pocos y que termina con las posibilidades de muchos, al contribuir al alejamiento de la tierra para convertirse en habitantes urbanos, algunos en condiciones infrahumanas.

Esta situación de escuelas y parajes fantasmas nos retrotrae a otros tiempos, cuando la extinción de los montes de quebracho por la extracción del tanino, convirtió a pueblos enteros en espectros con esqueletos de fábricas y casas, tanto en el norte santafesino como en el Chaco. En aquel entonces fue La Forestal inglesa y sus satélites los que aparentemente trajeron el progreso, algo que de verdad era depredación, porque cuando se les terminó el recurso, se mandaron a mudar dejando cementerios.

Hoy los escenarios son otros, pero todo hace suponer que estos primeros indicios tienden a repetir la historia con los campos de soja de grandes propietarios y de empresas multinacionales, que compran o alquilan tierras de acuerdo a las leyes vigentes, pero que miran solo su propio interés y que no dudarán en irse, como los de La Forestal, cuando avance la desertificación, como señalan los que entienden en materia de suelos. Y a la luz del boom sojero se han erguido importantes centros comerciales y de acopio, sobre todo en el oeste, como eran aquellos pueblos del auge taninero, claro que con el precio de muchos que debieron dejar sus pequeñas parcelas e irse a otros horizontes.

Fracaso en la protección del bosque

Y esto se agrava con el progresivo desmonte, que no cesa, a pesar de todo lo que se afirma desde el ámbito oficial. Hoy, a decir verdad, nadie sabe cuánto queda intacto del monte nativo, porque cada vez que se habla del tema se tiran distintas cifras, algunas muy distantes de otras.

Lo cierto que está pasando lo mismo que con el control del narcotráfico. Cuando más se habla, se producen cada día más secuestros de operaciones ilegales demostrando que, o los controles no existen, o que lo que a diario se dice es puro parloteo para calmar las protestas. Esta misma semana “La dirección de Bosques realizó durante los últimos días una serie de operativos que detectaron la operación forestal clandestina y el paso de varios camiones que transportaban quebrachos colorados sin guía”, según publicó NORTE el martes 26 de junio desde su agencia de Charata. Dicen los que saben que sólo el diez por ciento de lo que sale se logra incautar, lo que demuestra la poca eficacia de lo que se hace.

Estas claras señales del cierre de algunas escuelas por la disminución de la matrícula, del éxodo interno hacia pueblos y periferias de las ciudades de la provincia, de la progresiva desaparición de los montes nativos y de la aparición de un cultivo predominante como la soja (¿un nuevo monocultivo?) son más que suficientes como para alertar para tomar las medidas que no malogren esfuerzos que se hacen a todo nivel para hacer del Chaco una provincia progresista.

Cuarto ciclo chaqueño

Si el lúcido Guido Miranda reeditara hoy su obra máxima, “Tres Ciclos Chaqueños” aludiendo al génesis de esta provincia con los ciclos de la “Fundación”, el “Tanino” y “El Algodón”, no dudaría en calificar a este tiempo como el del ciclo de “La Soja”. No se trata de abortarlo, sino de aprender del pasado y de lo sucedido en otros lados para no repetir errores y aprovechar esta potencialidad, evitando males que luego tendrán que lamentarse.

Se requiere que el Estado no sólo el gobierno de turno- planifique y obre para no sólo se beneficien unos pocos, sino todos, aunque el progreso sea más lento. A lo mejor no tantas leyes, pero mucho más acción efectiva. Hechos concretos y quizás menos palabras para que estos fantasmas que han empezado a aparecer no se conviertan en una constante difícil de parar.

Fuente: Diario Norte.

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