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Ene 14 2019

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Efectos de la deforestación en el Gran Chaco

Chaco Gualamba

Chaco Gualamba – la última oportunidad, el documental que busca concienciar sobre el problema de la deforestación en el Gran Chaco argentino se presentó durante una semana de lluvias extraordinarias en el este provincial.

Luego de haberse proyectado en varios espacios del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), el mediometraje dirigido por Marcelo Viñas y producido por Fundación Vida Silvestre Argentina y Timbó Films, ya puede verse gratis en www.vidasilvestre.org.ar/chacogualamba

Con una duración de 50 min, Chaco Gualamba, la última oportunidad invita a reflexionar sobre la situación actual de una vasta área geográfica, una de las principales ecorregiones de nuestro país, que se encuentra seriamente amenazada por los desmontes.

Además de once provincias argentinas, el territorio incluye también a Bolivia y buena parte de Paraguay.

El realizador

El director del filme es biólogo y documentalista que desde 1992 se dedica a la producción y realización de documentales para televisión y educativos sobre naturaleza, conservación, y temas ecosociales. Viñas realizó decenas de piezas del mismo género para diversas instituciones oficiales, oenegés, y como producciones propias.

Entre sus realizaciones se cuentan La Siembra Letal (2003), Hambre de Soja (2004), Humedales de la Argentina (2007), Patagonia Sin Represas (2009), El Regreso del Yurumí (2012), Cuando los Árboles Matan (2012), Yaguareté, la última frontera (2014).

Las dimensiones

La pérdida sostenida de su patrimonio natural y cultural a causa del uso no planificado de los recursos y el avance de la frontera agropecuaria, se ubica hoy entre los 11 lugares más deforestados del mundo.

El Gran Chaco Americano es la ecorregión boscosa más extensa del continente americano después del Amazonas. Se extiende por más de 100 millones de hectáreas, de las cuales el 60% se encuentra en nuestro país abarcando las provincias de Chaco, Santiago del Estero, Formosa, norte de Santa Fe, Córdoba y San Luis, este de Salta, Tucumán, La Rioja, Catamarca, y el oeste de Corrientes.

Esta inmensa ecorregión, dueña de una biodiversidad única, alberga más de 3400 especies de plantas, 500 especies de aves, 150 especies de mamíferos, 120 de reptiles y aproximadamente 100 de anfibios, que se encuentran en grave peligro.

El título del filme propone que “aún queda una oportunidad para salvar al Gran Chaco”, en consecuencia la Fundación Vida Silvestre invita a compartir la información para seguir generando conciencia sobre la problemática que afecta a millones de habitantes.

Deterioros del suelo y la estrecha relación con el cambio climático

Hace dos años el realizador audiovisual y activista ambiental Marcelo Viñas publicaba una docena de documentos con el título: “Antecedentes y apuntes conceptuales para el diseño de una ley de presupuestos mínimos sobre el suelo”. Parte de esos documentos están en la página web Laereverde.com y fueron reproducidos en el informe de la revista dominical del Diario Norte. En una de las entregas, con recopilaciones de varios autores y numerosas fuentes locales y del extranjero, tomaba una advertencia de Antonio Prego en el libro El Deterioro del Ambiente en la Argentina (Fecic, 1986): “Este estudio busca orientar a la nación sobre la gravedad, intensidad y trascendencia de los fenómenos (degradatorios), para que las autoridades, las instituciones y la ciudadanía en general adquieran una lúcida conciencia del problema y de sus características y decidan afrontarlo con medidas acordes con su magnitud y velocidad de propagación”.

Los datos de aquel trabajo produjeron una señal de alarma. La superficie afectada por erosión hídrica ascendía a 25 millones de hectáreas (1/3 en grado severo a grave), en 18 provincias relevadas. Una estimación más amplia llegaba a 58 millones de problemas de erosión, consecuencia directa del corrimiento de la frontera agrícola y ganadera, y la deforestación en general.

En 1988, un estudio meticuloso en tierras consideradas entre las mejores del mundo, no sólo de la Argentina, las pérdidas de materia orgánica promedio en todas las muestras era de 39,2 %. Según el uso, los valores daban: con rotación agrícola ganadera 37,3 %, con agricultura continua 46,7 %.

La tasa anual de incremento de la erosión registrada era superior a 200.000 hectáreas por año (Casas, 1998). Es decir, hacia 1996 habría en el país unos 60 millones de hectáreas con problemas, y de 1988 a 2010 el área agrícola pasó de 15.400.000 a 31.100.000 hectáreas, y la producción se triplicó por la incorporación masiva de la soja y la combinación del cultivo trigo-soja, que permite obtener dos cosechas en un año (Cruzate y Casas, 2012).

El desmonte

La causa más importante de degradación de los suelos, y la que da comienzo a los procesos erosivos, es la eliminación de la cobertura vegetal. Sin cobertura, sin árboles o sin pastos, los suelos quedan expuestos a las lluvias y a los vientos que finalmente los erosionan. El desmonte de áreas boscosas, el sobrepastoreo, el excesivo laboreo del suelo y la quema de restos vegetales son, entre otras prácticas, las que causan más erosión (Casas, 1998).

A principios del siglo 20, la Argentina tenía unos 100 millones de hectáreas con vocación forestal, y más del 30 % de su superficie cubierta por bosques. Se calcula que en 75 años la superficie forestal se redujo un 66 %. Hacia 2005 se calculó una superficie cubierta por bosques nativos, a nivel nacional, de casi 31.500.000 hectáreas (SAyDS, 2007). Otras estimaciones calculan que entre 1937 y 2002 se perdieron 7,5 millones de hectáreas de bosque nativo, con una superficie cubierta de 30 millones en 2002. El avance de la deforestación fue de 230.000 has por año de 1998 a 2002 (SAyDS, 2007). El estudio señala que el proceso de deforestación de las últimas décadas probablemente sea uno de los más fuertes de la historia, con el agravante de que se realiza principalmente para el monocultivo de soja. Otro aspecto importante es que se refiere sólo a la pérdida de superficie forestal, pero no mide la degradación de las masas forestales restante.

Región chaqueña

La deforestación continúa, aunque no de manera homogénea en todos los bosques. La expansión de la frontera agropecuaria ocurrió principalmente en la región chaqueña y en las yungas. Estos ambientes se eliminan afectando profundamente la riqueza biótica y los servicios y bienes ambientales, que además son pobremente conocidos (Morello, 2005). En la región chaqueña, la superficie deforestada entre 1998 y 2002 fue de 805.000 has. (SAyDS, 2007b).

En la región chaqueña la agricultura se realizó tradicionalmente en suelos del Chaco subhúmedo oriental y occidental. En el oriental, conocido como bosque de tres quebrachos, perdió el 85 % de su cobertura original. En las áreas con ocupación agrícola más antigua las pérdidas son mayores. En la región de Sáenz Peña, en 2002 la agricultura ocupaba el 85% de la superficie, mientras que el 15 % restante no tiene aptitud agrícola, estando ocupado por comunidades propias de suelos salobres o anegadizos.

El bosque de tres quebrachos presenta tal nivel de fragmentación, sobreexplotación y deforestación que si no se adoptan medidas urgentes en pocos años será posible que ya no queden masas disponibles con número, tamaño y conectividad mínimos como para asegurar la protección (Adámoli, 2005).

El área cultivada en la provincia del Chaco pasó de 946.000 a 1.399.000 has. de 1992 a 2002. En este período, la liberación de soja transgéncia en 1996, junto con la debacle del algodón, llevaron a que la soja ocupe en 2003 el 52 % de la superficie sembrada. Este cultivo deja poco rastrojo, lo cual deja al suelo desnudo, expuesto a factores erosivos, y a la pérdida de materia orgánica. La práctica agronómica recomienda rotar estos cultivos con trigo, sorgo o maíz, que tardan en descomponerse, dejando un rastrojo más abundante que protege al suelo de la erosión y aporta un poco de materia orgánica. Sin embargo, en 2003, el sorgo y maíz ocupaban el 13,2 % de la superficie sembrada. (Adámoli, 2005).

Cambio climático

Con respecto al desmonte, deben considerarse también otros tres aspectos relevantes: la pérdida de suelo del propio desmonte, el desequilibrio hídrico que se produce al eliminar la cobertura arbórea y las emisiones de carbono.

En general, los suelos chaqueños son más ricos en la superficie. Durante años, el desmonte propiamente dicho, produjo la pérdida de hasta el 25% de la capa superior del suelo, de entre 4 y 5 cm. Si la naturaleza tarda 400 años en formar un cm. de suelo, en el mismo proceso de desmonte se perdía la fertilidad acumulada en 1600 años. Por otra parte, el laboreo posterior podía reducir el potencial del suelo en un 50% (Luna, 1985). Esto sin contar la exposición al sol, al viento y a las lluvias concentradas.

El desequilibrio hídrico posterior al desmonte deriva del hecho de que la vegetación, especialmente los árboles, mantienen las napas freáticas bajas y retienen las sales en profundidad. Al eliminarse el bosque, las napas aumentan arrastrando con ellas las sales, las que pueden llegar al nivel del suelo.

En el contexto del cambio climático, es muy importante considerar la relación entre deforestación y emisiones de carbono. La deforestación produce emisiones de carbono por la eliminación de la vegetación, la pérdida del mantillo y la pérdida de materia orgánica del suelo por mineralización luego de los laboreos. En 1997, se calculó que las emisiones de CO2 como producto de la deforestación y la subsiguiente quema de bosques en este período (50 Gg.) superaron al del consumo de combustibles de todos los medios de transporte del país (40 Gg.) (SAyDS, 2004, citado por Adámoli, 2005). El carbono secuestrado por siembra directa (suponiendo que se realice con las rotaciones adecuadas) no compensa el emitido durante el desmonte y quema.

Fuente: Laereverde.com y Diarionorte.com

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