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Oct 15 2018

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Una historia impurísima

Fuente: Diario Norte

Por: Sergio Schneider

Nota Norte

Si de algo pareciera que el Chaco nunca nos va a privar es de ser noticia en los medios nacionales por hechos escandalosos que rozan lo surrealista. El caso de la “desaparición” de nada menos que 110 toneladas de leche en polvo adquiridas por el Estado para asistir a niños desnutridos es un hito más en esa inquebrantable tradición. Y cuesta determinar si lo más irritante es el hecho en sí mismo o que a esta altura de las circunstancias ni las autoridades provinciales ni los investigadores de la justicia puedan dar certeza acerca de cuáles son realmente los lotes faltantes ni de si estamos ante un descomunal golpe ejecutado de una sola vez con una logística enorme (para mover semejante carga hacen falta no menos de cinco camiones, estibadores, choferes y varias horas de labor); un más que paciente robo hormiga; o una maniobra en la que la leche en cuestión sólo existió en los papeles.

En cualquier opción, la anécdota le costó hasta ahora a la provincia unos 16 millones de pesos.

Un oferente solitario

Todo comenzó el 19 de enero de este año, cuando el vicegobernador Daniel Capitanich, a cargo del Poder Ejecutivo, dictó el decreto 83/18, por el cual autorizó al Ministerio de Salud a “contratar el aprovisionamiento de leche en polvo fortificada” para cubrir las necesidades de tres meses en hospitales y centros de salud. Se fijó un presupuesto aproximado de 40.560.000 pesos y se estableció que la operatoria de adquisición se hiciera a través de Fiduciaria del Norte mediante su Fideicomiso de Cancelación de Deudas.

Fiduciaria del Norte instrumentó para ello no una licitación sino un concurso de precios. Hubo un único oferente: Cheek SA. De acuerdo a lo que dijo a la prensa el presidente de FDN, Sergio Slanac, la firma hizo una oferta que se renegoció logrando que se bajaran un poco las pretensiones iniciales. Al cabo de ese proceso, Cheek se quedó con la venta, comprometiéndose a entregar a cambio de la suma planteada -en el decreto 83- un total de 279.339 kilos de leche en polvo fortificada marca Purísima. Es decir, un valor de 145,20 pesos por kilo. El 5 de septiembre pasado, la encargada de controlar el stock de leche en Salud Pública reportó a sus superiores un faltante de alrededor de 110.000 kilos. ¿De esa leche?¿De otra partida? Son algunos de los interrogantes con los que arranca el caso, que está colmado de muchos otros.

Una de las dudas es si esas 110 toneladas realmente llegaron alguna vez a Salud Pública o si habitaron solamente en los registros más que imperfectos de un sistema desorganizado e incontrolado que constantemente aparenta pedir a los gritos que la corrupción se aproveche de él. La investigación judicial en marcha, en cambio, se inclina -al menos hasta el momento- por la hipótesis de un robo más clásico, ejecutado mediante un manoteo progresivo en un depósito alquilado por el Estado sobre ruta 16 o a través de desvíos en los traslados de cargas hacia ese punto desde otro depósito oficial existente en ruta 11.

Flojos de remitos

Un elemento importante en la pesquisa administrativa y judicial son o deberían ser los remitos que ayudan -en cualquier compra similar del Estado- a seguir el trayecto de las mercaderías. “Todos los kilos fueron entregados en su totalidad. Están todos los remitos debidamente intervenidos y la facturación del proveedor”, dijo Sergio Saidman, apoderado de Cheek, la semana pasada, en declaraciones a Radio Libertad. El empresario se había presentado antes en NORTE para pedir que las autoridades aclaren si la leche perdida es parte de la que él entregó o son cajas de otras marcas. “Si la leche faltante fue entregada por un proveedor, ¿de quién se trata?”, y dio a entender que esclarecer este punto debería ser fácil porque “para transportar se necesitan remitos con nombre del transporte, CUIT, datos del chofer, modalidad de descarga”.

Slanac, también en declaraciones radiales, defendió lo actuado por Fiduciaria del Norte y sobre los remitos que permitieron en su momento liberar los pagos a Cheek fue contundente: “Están perfectos”, dijo. “Tenemos los remitos del proveedor donde constan todos los datos de la cantidad de leche entregada, los datos del camión que llevaba la mercadería y además el comprobante de Logística de Salud donde figura el número de lote del producto”, agregó.

La verdad es que las copias de los remitos de Cheek que forman parte de la actuación sumaria iniciada en el Ministerio de Salud no se condicen con esas afirmaciones. Como la entrega de leche se hizo en varios capítulos, los remitos también son varios, y muchos de ellos carecen de buena parte de esos datos que deberían estar consignados en ellos. Se trata, en buena medida, de instrumentos rellenados a mano en los que se indica la cantidad de leche enviada, la operatoria en cuyo marco se hace la entrega (en este caso, el Concurso Público 01/18 de FDN), la fecha y nada más. Los renglones destinados a indicar el tipo de transporte, las patentes de chasis y acoplado, el nombre del chofer del camión y el número de documento de éste aparecen en blanco. Tampoco se indican -en la mayoría- los números de lotes de la leche transportada. Referencias que sí aparecen en otras operaciones habituales con otros proveedores por leches de otras marcas, como Verónica o Santa Clara, donde los remitos, salvo excepciones, tienen todos los datos pertinentes.

En situaciones así, ¿qué deberían hacer Salud Pública y/o Fiduciaria del Norte? Se supone que exigir al proveedor que complete la información faltante antes de aceptar la carga o de pagarla. Evidentemente esto no se hizo así. A menos que las autoridades de ambas áreas hayan tenido en su poder remitos distintos a los que se acumularon en el sumario administrativo, algo que sería difícil de explicar.

Lo curioso es que pese a esa falencia de los remitos, los encargados de recibir la leche en los depósitos de Salud Pública firmaban los comprobantes de recepción y en ellos sí registraban algunos de los puntos que no se hacían constar en los remitos. Por ejemplo, los códigos de los lotes y sus fechas de vencimiento. Pero eso no salva la carencia original, que diluye la responsabilidad del proveedor ante cualquier problema que pudiera haber con un lote de leche o de medicamentos.

Misterio y sombras

Tanto Saidman como Slanac pusieron en duda que la leche que se esfumó sea parte de la adquirida con el concurso 01. “Por lo que me mencionaron en sede administrativa, las leches que faltan son otras, incluso no sé si no es la que mandó Nación”, planteó el vocero de Cheek. “Creo que existe una gran posibilidad (de que no sea la leche comprada). Puede que no sea, o que no sea toda la leche que compramos”, dijo Slanac.

El abogado Rolando Núñez, del Centro de Estudios Nelson Mandela, también habló del caso luego de recopilar información. Para él, la posibilidad de que la leche jamás haya llegado a los galpones de Salud Pública “es una hipótesis que hay que considerar. No se entiende por qué se descarta una posibilidad bien concreta. El robo hormiga no se puede sostener, porque por esa vía no se pueden robar 110 toneladas de leche”, marcó. “Los remitos son claves, y los remitos ya están, y no pueden comprobar de ninguna manera que los lotes de leche transportados desde el fabricante hasta el intermediario y desde éste hasta el galpón de Salud se hayan producido”, dijo.

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El procurador general de la justicia provincial, Jorge Canteros, admitió que “el tema tiene varias aristas raras”. Desde su óptica, Fiduciaria del Norte “cumplió todos los plazos legales previstos. Compró la leche y la entregó a Salud Pública, eso está perfectamente acreditado. La leche desaparece ya en poder de Salud Pública”. Y señala que la falta de roles definidos y la desorganización del área oficial favoreció el delito: “No hay registros informáticos ni asientos de cada retiro (de leche) que se hacía (del galpón de ruta 16. El galpón no tenía custodia ni cámaras de vigilancia. Incluso un testigo dice que el galpón sólo se podía utilizar de día porque no tenía energía eléctrica. Es algo que tenemos que confirmar”, mencionó. Solamente faltaba un cartel invitando a llevarse lo de adentro.

Cuando se le preguntó si no pudo ocurrir que la leche haya existido únicamente en los papeles, desechó la posibilidad: “No pudo haber pasado, porque la Fiduciaria tiene acreditada no sólo la compra sino la entrega física a Salud Pública. Trabajamos sobre la certeza de que la leche físicamente existió”. Fuentes de la investigación afirman que la fiscal Rosana Soto se inclina por la idea de que hubo un robo paulatino y metódico ejecutado por algunos de los encargados de transportar la leche cuando ésta ya estaba en poder de Salud Pública. Y sostienen que esta semana podrían conocerse imputaciones concretas basadas en esa hipótesis.

Una más

Entre la indignación y la mueca por esta historia impurísima que finalmente es más de lo mismo, los chaqueños experimentan sensaciones superpuestas que probablemente no incluyan a la sorpresa. Porque, al fin de cuentas, ¿qué vacunas contra un hecho semejante puede ofrecer un Estado como el nuestro, gigante y desorganizado, caro e ineficiente, que se convirtió en un fin en sí mismo? Rasgos que se perciben nítidamente en sus dos servicios más importantes y más diezmados: el educativo y el sanitario.

En el caso de Salud Pública, el barco se hunde desde hace décadas, mérito de funcionarios sin compromiso y de actores para los cuales el dolor ajeno importa en función de lo que digan sus recibos de sueldos. Las excepciones, está visto, no alcanzan. Ni las batallas cotidianas de profesionales, técnicos, auxiliares y trabajadores que sienten de verdad lo especial de su misión (que claramente no son todos) ni las ganas verdaderas de un ministro como Luis Zapico, un pediatra del que se habla como un hombre serio y honesto que ahora busca que el caso se esclarezca sin trampas ni influencias. ¿Lo logrará?

Más allá del final abierto del caso, la pregunta de fondo es si alguna vez saldremos de esta declinación que dibujamos desde el siglo pasado, pero con un trazo cada vez más cruento. A los hoy casi queribles ladrones de antaño jamás se les hubiese ocurrido robarles el alimento a decenas de miles de niños hambrientos.

 

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