«

»

Jun 19 2012

Imprimir esta Entrada

UNA FALSA CONTRADICCIÓN: EL ARRIBO VERDE vs. 25 MIL OBREROS

Humor y consensos de Chaco adentro

 

Si no hay consensos, no habrá progreso. Sin consensos, alcanzar los objetivos es como apuntar a una empinada cuesta. Siempre fue así, dicen algunos, como si eso estuviera bien, y como si eso fuera factor para el “acostumbramiento” de estar siempre en el límite entre lo malo y lo “más o menos”.

Los pueblos del interior del Chaco, que producen la tierra, que generan riquezas y movilizan la economía, hoy tienen mal humor. ¿Por qué no decirlo? ¿Y por qué no decir también que tampoco es el momento para hacer protestas cuando las soluciones posibles no están en la mano del gobierno más próximo? Salir a recorrer el Chaco es asistir a una tierra con muchas inequidades. Con una deficiente distribución de los recursos en forma equitativa, con una aflorable descoordinación entre programas nacionales, provinciales y municipales que como consecuencia debilitan los esfuerzos que se realizan para dar cobertura la sociedad más vulnerable. Hay sectores productivos que siguen sosteniendo un sistema de producción obsoleto, pero que en la esperanza de un “ayuda” del Estado, no se han reconvertido, y las políticas estatales orientadoras son débiles. A ello se suma una fuerte debacle de instituciones y dirigentes que, carentes de renovación, hacen que el fracaso sea moneda corriente en clubes, entidades de bien público, “acostumbrados” a la mano salvadora del Estado para cubrir cualquier desfasaje. ¿Por qué pasan estas cosas? ¿Acaso el Chaco no es inmensamente rico, potencialmente productivo, y con zonas de producción increíble, como nuestra “Pampa Húmeda” ubicada en la zona de Los Frentones-Pampa del Infierno, con suelos “nuevos”? ¿O con una gran extensión productiva algodonera y de cereales en el sudoeste entre Charata y Pinedo? ¿Por qué siempre viviendo al límite? Sería de necios no citar que la gestión más dinámica que ha tenido la provincia del Chaco ha sido la actual, con un Jorge Capitanich veloz, que atiende su teléfono y que responde a las preguntas, que respeta la libertad de opinión, que trata de consensuar, de evitar la conflictividad social. Eso no lo podemos negar. Pero el “Chaco adentro”, el que está más afuera, pasando el peaje de Makallé tiene otra vida, otros problemas y otras demandas distintas de las de la capital. Tiene su humor propio y sus propuestas propias, y clama por un gran consenso en el cual las instituciones deben jugar un rol preponderante, con liderazgos claros, que permitan la relación entre el sector público y el privado, en la búsqueda de propuestas y la ejecución de políticas para seguir creciendo y no poniendo palos en la rueda a ese esfuerzo privado, donde precisamente solo el 25 % de los empleados públicos están en el interior.

El arribo verde

Las inspecciones de Greenpeace trajeron como consecuencia que por 60 días se suspendieran los permisos para silvopastoriles. Hoy, casi sin darnos cuenta, y cuando el Chaco tiene organismos de contralor como la Dirección de Bosques, los ambientalistas pudieron más y se puso en riesgo la producción, que es sinónimo de crecimiento y supervivencia de al menos 25 mil obreros que viven de las tareas forestales. ¿Quién alimentará a esas familias? Tampoco –y lo hemos denunciado– es admisible el desmonte ilegal, cuya erradicación tendría que estar apoyando la entidad ecologista junto a Bosques para sancionar a los que practican la tala de nuestros recursos fuera de lo permitido por las leyes. Lo que poco se ha dicho es que luego de organizarse los esquemas legales para la explotación forestal, se estableció una estructura hecha sobre la base de una inversión privada con alta generación de mano de obra en casi toda la provincia. Mano de obra no calificada, en un alto porcentaje, que no tiene en su pared ni siquiera un título de la secundaria para emprender otra tarea. ¿Se entiende? La actividad está paralizada, y tal vez esta semana puedan hacerse análisis de todas estas cuestiones de alto impacto social que ya no solo irritan al obrero, sino también al empresario, que no puede cumplir con compromisos contraídos. Como en el sector agrícola y ganadero, esta vez le tocó el turno a los forestales, ¿por qué cuesta tanto producir? O mejor dicho, ¿por qué se ponen tantas trabas a la hora de trabajar? ¿No parece una ironía? 

Enlace permanente a este artículo: http://www.centromandela.com/?p=2324