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Mar 10 2018

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¿Por qué mueren los peces?

Por Nora Beatriz Gimenez

 La reciente mortandad de peces producida en la cuenca del Paraná ocupó la atención del público en las últimas semanas generando diversas opiniones no siempre coincidentes.

miles-de-peces-mueren-por-contaminacion-en-cadereytaLos funcionarios de las áreas competentes de las provincias afectadas y algunos especialistas en el tema recurrieron a apresuradas justificaciones  haciendo cargo de la situación a fenómenos naturales, como altas temperaturas, vegetales acuáticos en descomposición,  proceso que consume el oxígeno del agua, entre otros, corriendo el eje de la discusión de la causa principal de los problemas ambientales, cual es la severa contaminación originada por las actividades humanas.

 La producción agroindustrial, de la cual la mortandad de peces es una de las consecuencias, está organizada de la siguiente manera: se extraen los “recursos” en el menor tiempo posible sin reparar en los efectos negativos, implementado el llamado “paquete tecnológico, buscando la maximización de la ganancia. Dicho paquete se compone por tres elementos principales: semillas genéticamente modificadas (OGM), maquinaria agrícola de gran porte, y agrotóxicos (eufemísticamente denominados “fitosanitarios”).

 Los OGM implican una dependencia por parte del productor hacia el resto del paquete tecnológico, ya que este tipo de semillas están diseñadas para desarrollarse sólo bajo la presencia de agrotóxicos. Ambos insumos  son vendidos al productor por la misma empresa.

El proceso productivo implica siempre deforestación, tanto para ampliar la frontera agropecuaria como para permitir el desplazamiento de maquinarias de gran porte. El pesado tránsito de la maquinaria daña el suelo, compactándolo, haciendo desaparecer la microfauna,  dificultando así la infiltración del agua y contribuyendo de manera decisiva a los anegamientos tanto rurales como urbanos.

Recordando el viejo principio de Lavoisier “nada se pierde, todo se transforma”, debemos advertir que los agrotóxicos no son la excepción: estos, una vez liberados, se descomponen y  recombinan con otras sustancias, por lo que difícilmente puedan ser detectados en su estado “original”. Muy por el contrario tanto funcionarios como técnicos insisten en descartar su presencia, para invisibilizar sus consecuencias.

Afirmaciones  e   interrogantes.

Las afirmaciones de funcionarios y técnicos sonarían lógicas si no fuera que omiten algunos aspectos que generan múltiples interrogantes, como éstos:

  • ¿Por qué no hacen referencia a la presencia de agroquímicos en el agua, cuando se sabe de las cantidades masivas de éstos, con que se pulverizan los cultivos y cómo dichas sustancias derivan luego hacia cursos y espejos de agua, lo que se potencia en ocasión de inundaciones y anegamientos como los recientemente ocurridos?
  • ¿Qué resultados arrojan los análisis de los peces muertos que deben haber dispuesto las autoridades competentes?
  • En caso de concretarse estudios, ¿se toma en cuenta que los tóxicos del agro no aparecen en ellos tal cual son originariamente porque se recombinan con otras materias presentes en su medio –en el que se vuelcan residuos cloacales, metales pesados, desechos industriales y otros- dando lugar a la conformación de nuevos compuestos, aún más dañinos.
  • Pescadores tradicionales formoseños declararon en una entrevista radial que años atrás ya se habían encontrados con un hecho similar que ocurría, como ahora, en el río Paraguay, pero solamente se daba aguas abajo a partir del sitio de desagüe de una arrocera ¿Casualidad?
  • Si los grandes calores fueran la causa principal de este fenómeno, sería de suponer que todos los ríos de todas las regiones cálidas del mundo registrarían idéntica y abundante mortandad ictícola, pero, ¿sucede así?
  • Para este acontecimiento ¿existe una causa única o estamos ante un peligrosísimo cóctel de contaminantes productos de las actividades humanes? Y, además, ciertos procesos naturales ¿no ven incrementada su nocividad por la incorporación de tóxicos artificiales

Es importante advertir que la presencia de un agrotóxicos en las aguas no implica el ¿envenenamiento? por acción directa del mismo. Ya que estos químicos sintéticos no “desaparecen” por arte de magia, sino que se transforman en distintos elementos de acuerdo al contexto, alguna veces aumentando su peligrosidad. La mayoría de ellos, además, tienen componentes que favorecen el aporte de nutrientes, lo que permite la proliferación y propagación exponencial de la vegetación acuática y de cianobacterias. Situación que suele derivar en la disminución del oxígeno en las aguas, lo que sumado al aumento de la temperatura, produce la muerte tanto de la vegetación como de la fauna acuática.

“En caso de que exista peligro de daño grave e irreversible la falta de certeza científica absoluta no deberá usarse como razón para postergar –en función del costo de las mismas- la adopción de medidas eficaces para impedir la degradación del ambiente.Párrafo de la DECLARACIÓN DE RÍO SOBRE EL MEDIO AMBIENTE Y EL DESARROLLO, conocida como la “Cumbre de Río”. Río de Janeiro 1992.

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