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Mar 09 2018

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Agroquímicos: las deudas son de nosotros, los negocios son ajenos

Fuente: SEMANARIO DE JUNIN

Por OMAR MERAGLIA

Los ministros de Ambiente y Agroindustria, Bergman y Etchevehere respectivamente, salieron a hacer lobby a favor de las empresas de agroquímicos (verdaderas dueñas del sistema productivo granario argentino), olvidando que el campo tiene necesidades urgentes y cada día decenas de productores caen en la piscina de la inequidad y se ahogan financieramente.

Mientras la sequía quema maíces en la pampa húmeda y lluvias desmedidas arrasan con la soja del norte. Cuando siguen cerrándose tambos, galpones de pollos y gallinas y los “rojos” bancarios arden, los funcionarios nacionales salen a hacer lobby a favor del agronegocio que se queda con la parte del león y continúa devastando a la ruralidad.

Esta semana hubo sumatoria de puntos negativos a la recomposición del campo argentino.

El clima, ha quedado demostrado, está cobrándose las cuentas por parte de la naturaleza. Esa naturaleza que tantas veces acompañó al hombre de campo y que –agotada- ahora se presenta más rigurosa y cruel que nunca.

Esta semana se mostró con fiereza, por un lado el “efecto Niña” (que había sido pronosticado como ¿moderado?) que trae sequías en el centro del país, mientras que produce lluvias exageradas en el norte. Por otra parte quedó demostrada la deshumanización de la política agropecuaria (si puede llamarse política) tras el convenio firmado por los ministros de Ambiente y Agroindustria, con la finalidad de seguir sosteniendo un modelo agrícola a la medida de las empresas de agroinsumos y en perjuicio del productor chico y mediano, como así también de la ruralidad toda.

CAMPO PARA POCOS

Sergio Bergman y Luis Etchevehere, lejos del campo.

Reza la crónica por parte de quienes sostienen interesados lineamientos respecto a la producción agropecuaria: “Los ministerios de Ambiente y Desarrollo Sustentable y de Agroindustria de la Nación firmaron una normativa conjunta basada en las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) que permitirá establecer un marco para profundizar el trabajo conjunto entre organismos nacionales y provinciales. Asimismo se anunció la reglamentación de la ley de Gestión de Envases Vacíos de Fitosanitarios”.

Según entendemos desde estas páginas, Sergio Bergman y Luis Etchevehere, respectivamente, salieron a parar (y difícilmente lo logren) la andanada de críticas que suman día a día los productos agroquímicos y su uso y abuso en la generación de alimentos tanto humana como animal.

Las multinacionales que impusieron un sistema de producción agrícola basado en “sus” propias creaciones químicas ya no pueden tapar el sol con la mano y cada día se conocen nuevos informes de prestigiosos centros de investigación acerca de los daños causados a tierra, aire y agua y por ende, a cada ser vivo que habita las zonas productoras y el planeta todo.

En lugar de ocuparse Bergman de poner freno al abuso de químicos, la deforestación, la contaminación, daños por minería, destrucción de los glaciares y tantas otras cuestiones ambientales, prefiere defender el monocultivo extractivo, la concentración productiva y la exclusión del sujeto agrario, junto con su ladero Etchevehere, quien debiera ocuparse de propiciar prácticas más ecológicas así como ya están promoviéndose en otros países y luego de lo que el propio presidente francés, Emmanuel Macrón, le enrostrara a nuestro Mauricio Macri, durante la última gira que éste hizo al país galo.

Mientras Europa cuida la ruralidad, más desde el punto de vista social que el productivo, protegiendo a sus agricultores y ganaderos de la salvaje competencia externa y a sus consumidores del daño ambiental y a la salud, a través de prácticas verdaderamente agroecológicas, este dúo de legos lee de corrido un conjunto de medidas que alguien les escribió, ya que son los poderosos lobbys los que gobiernan tanto el aparato estatal como el de los medios de comunicación masiva en materia de agroindustria.

Y son los productores -los que quedan- quienes aguantan, los que se resisten a perder todo; los que reniegan hasta quebrar y quebrarse en un juego siniestro cuyo resultado es bien sabido.

Parece no importar que se cierren tambos día a día, que los polleros y hueveros trabajen a pérdida, que la sequía haya “secado” al que la venía remando tras las inundaciones y que una a una las economías regionales se destruyan.

Esos chacareros sólo cuentan para el fisco a la hora de las ganancias, de las cuales se llevará parte este Estado benefactor de las multinacionales, aunque impiadosamente les seguirá cobrando impuestos cada vez más caros y contraprestaciones nulas por el pago de tasas cuyo destino nadie conoce, pero no son los preconcebidos.

Y la nave va, y “mientras las deudas son de nosotros –dirán los chacareros parafraseando a Don Ata- los negocios son ajenos”.

CONTRA LA PARED

La “movida” Agroindustria + Ambiente, no es otra cosa que un manotazo que sirve para apaciguar las críticas de la comunidad local (al igual que la internacional) hacia el abuso de los agroquímicos, por eso ahora, ya contra la pared, ambos funcionarios fueron enviados a dar un mensaje de “tranquilidad” acerca de que se pondrá énfasis en la adopción de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), luego que Etchevehere durante su discurso del año pasado como presidente de la Sociedad Rural Argentina, criticara en duros términos a los movimientos ambientalistas.

Ahora, como ministro y más moderado, propone la creación de un “Grupo de Trabajo que tiene por objeto elaborar principios que regirán las políticas públicas sobre las aplicaciones de fitosanitarios en la agricultura y la alimentación; formular recomendaciones para mejorar la adopción de las buenas prácticas y para fortalecer los sistemas de control y monitoreo de las actividades de aplicación”.

Y señala: “esta Resolución va en el sentido de seguir fortaleciendo las políticas e instituciones agropecuarias nacionales para la buena gestión de los fitosanitarios, basadas en las BPA, y que cada provincia utilice como marco referencia para reglamentaciones propias”, al tiempo que anunció, asimismo, que el próximo 5 de marzo se realizará una reunión conjunta de los Consejos Federales de Medio Ambiente y Agropecuario para tratar esta temática.

Para la conformación del Grupo de Trabajo se invitará a representantes del Ministerio de Salud; del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva; del Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA) y del Consejo Federal Agropecuario (CFA). Además, serán parte representantes del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, del Ministerio de Agroindustria, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).

Asimismo se podrá invitar a otros ministerios, como así también facilitar instancias de participación, con carácter consultivo, de otros actores de la sociedad.

DIFICULTADES PARA UN DEBATE ENRIQUECEDOR

Hacer una convocatoria masiva para tratar de “salvar la ropa” respecto al uso de agroquímicos luego de haber hecho abuso por décadas, resulta poco serio para un sector que en el mismo lapso ha ido perdiendo su esencia, mientras sus productores han sido desplazados una y otra vez debido a la falta de políticas sustentables, de modo tal que contemplasen no sólo el factor económico sino también el factor humano y el ambiental.

El hacinamiento citadino contrasta con el despoblamiento rural, pero se unen en un punto en común que parece ser una estrategia tejida de antemano por los sectores de poder para hacerse de los recursos naturales que estaban más atomizados tal y como era el sector agropecuario argentino.

Podía explotarse el subsuelo del Estado, como así también los mares y las rocas, pero la tierra era de miles de productores particularmente medianos y chicos, que poco a poco fueron abandonando la actividad o dejándola en manos de los verdaderos terratenientes, que no son más que grandes empresas promotoras de la concentración y la escala, que lo lograron a través de un sistema productivo que expulsa la mano de obra y avanzó fagocitando a otros menos extensivos, como por caso la lechería y la ganadería.

Cada día cae en desgracia un nuevo productor debido al clima adverso heredado del descuido ambiental, debido al sistema de escalas, a las deudas bancarias, a los altos impuestos, a la volatilidad de los mercados que manejan los dueños del agronegocio.

Desaparecen los caminos rurales, las escuelas de campo, la salud pueblerina. Las casas son taperas y las aguadas, las mangas y los alambrados se tapan de soja.

Y de repente, después de largos llamados y falsas promesas, aparece el Estado, pero lo hace para salvar su propio pellejo y no el de los productores, para seguir vendiendo ilusiones enmascaradas en “buenas prácticas”, aunque rechazadas por buena parte de la comunidad científica mundial.

Y las deudas siguen creciendo mientras baja el patrimonio de los chacareros y las ganancias resultan históricas para los accionistas de aquellas empresas que manejan las semillas y los insumos y por supuesto, la publicidad de diarios, revistas y medios electrónicos especializados en el agronegocio, pero lejos del campo.

Reglamentación de la ley Gestión de Envases Vacíos de Fitosanitarios

Durante el evento, el ministro Etchevehere anunció la reglamentación de la Ley 27.279 de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental para la Gestión Integral de los Envases Vacíos de Fitosanitarios.

Esta ley regula el destino de dichos envases en todo el país, garantizando que la gestión de los mismos sea integral y efectuada de un modo que no afecte a la salud de las personas ni al ambiente.

De esta manera se establece la regulación y procedimientos que deben seguir los productores y aplicadores una vez que hayan usado el producto fitosanitario.

Asimismo establece la responsabilidad extendida de los registrantes que ingresan los envases al mercado generando un sistema de responsabilidad empresaria y colaboración público-privada. En la nueva ley las empresas que registran productos en el mercado tendrán que hacerse cargo del destino de los envases que contienen sus productos.

A partir de esta legislación, se implementan sistemas de recolección y lugares de destino de los recipientes; establece un régimen especial de tratamiento con el cual los productores deberán entregar sus envases libres de producto (a través del triple lavado o lavado a presión) en los Centros de Almacenamiento Transitorio (CAT), donde se procede a su clasificación, y se los canaliza por dos vías: aquellos envases que pueden ser reciclados, y los que irán a disposición final.

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