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Feb 22 2018

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Nuevo Código Penal: quienes desmonten ilegalmente irían a prisión

  Por: José Valentin Derewicki. Publicado en: Diario Norte

NORTE RECURSO FORESTAL

La Comisión de Reforma del Código Penal recibió un borrador por parte del Ministerio de Ambiente de la Nación para incluir, dentro de los delitos ambientales, la deforestación ilegal, lo que se constituye en una buena noticia ya que es una vieja prédica para frenar los desmontes irracionales. En síntesis, lo que se quiere evitar es que además de pagar las multas, que por lo visto no ha sido suficiente porque la tala de árboles siguió a buen ritmo, es que los infractores donde estén incluidos funcionarios y empleados infieles, paguen con prisión cuando actúan fuera de la ley.

Diego Moreno, secretario de Política Ambiental, Cambio Climático y Desarrollo Sustentable anunció que “estamos trabajando en un proyecto de acción penal específicamente para bosques junto a la Comisión de Reforma del Código Penal. Bajo el título ambiental una de las figuras penales que se incorporan es la deforestación ilegal o la degradación de bosques nativos. Ese trabajo ya se envió a la comisión”.

Las penas irían entre los seis meses y los tres años de prisión, e incluye agravantes que podría elevar el castigo a cinco años para que no sea excarcelable.

Además informó que durante este año se destinarán 556 millones de pesos, además de establecer un fondo fiduciario para proteger los bosques nativos.

Ley que no se cumple

Como se recordará al ordenamiento territorial que establece la Ley de Bosques (Ley Bonasso) cada provincia cumplió en regular las zonas rojas, que contienen los bosques que no deben sufrir ninguna transformación; amarillas, a los que presentaban alguna degradación, pero pueden ser restaurados, y verdes, a los sectores en los que, con permiso previo, se pueden realizar desmontes.

Pero pasado el tiempo, la secretaría de Política Ambiental, Cambio Climático y Desarrollo Sustentable comprobó que “en 2016 el 50% de los desmontes se produjo en terrenos donde las zonas eran rojas y amarillas. Y se combinaron dos situaciones: el desmonte ilegal y las autorizaciones para establecer sistemas silvopastoriles intensivos”.

En una palabra, hecha la ley hecha la trampa. Pero lo más grave es que la superficie desmontada siguió sin respetar la paleta de colores, que al igual que un semáforo, indica el peligro para cada zona (amarilla y roja) y da luz verde donde se puede hacer una explotación racional. Informes no oficiales que son analizados en la Secretaría de Ambiente de la Nación, indican que durante 2017 en las provincias de Salta, Santiago del Estero, Formosa y Chaco fue de 128.217 hectáreas.

Topadoras a todo vapor

Es decir, las topadoras siguen funcionando a toda máquina a pesar de las prohibiciones legales. ¿Cuál es el peligro? Además de la importancia que significa el bosque para la población, los técnicos y estudiosos advierten que aparte del aporte de oxígeno, está la amortiguación de las inundaciones, el albergue, obtener el sustento de las comunidades y la protección de la biodiversidad.

En los últimos treinta años los bosques nativos en la Argentina perdieron 12 millones de hectáreas donde la mayor extracción se produjo entre 1998 y 2007 a una velocidad de 300.000 hectáreas por año. Hoy estamos en las 140.000 hectáreas anuales y, lo peor, es que esos desmontes se produjeron, de acuerdo a los informes, en zonas calificadas de amarillas y rojas.

El punto es preocupante porque al sancionarse una ley en el Congreso nacional representa un acuerdo entre todas las provincias y la Nación que significa conciliar la conservación y las explotaciones para que se le permita al agro avanzar en algunas zonas para realizar su trabajo y expandirse racionalmente. Pero lamentablemente, por las cifras que se exponen, no se cumple con la ley de Bosques, más bien se hace la vista gorda para que se cometan los excesos. La Argentina se ha convertido, en el mundo, en uno de los países que más deforesta. Un logro nada edificante porque, además, el Chaco está dentro de este ranking.

Los que más deforestamos

“La falta de regulaciones y la ausencia de políticas de control han colocado a la región chaqueña dentro del top 11 de lugares con mayor deforestación del mundo. La desidia es tal, que en los últimos 35 años ya se perdieron 12 millones de hectáreas de zonas boscosas argentinas, aproximadamente un 20% del total de su superficie”, acaba de indicar la organización internacional, Greenpace en un comunicado.

Además de los medios de comunicación hay numerosas entidades privadas locales, nacionales e internacionales que vienen advirtiendo y denunciando que al Gran Chaco Americano (tal vez la última y la mayor reserva de biodiversidad en el mundo después del Amazonas), se lo está devastando con la tala indiscriminada.

En la nueva ley penal estarían incluidos en las sanciones los funcionarios y empleados responsables de hacer cumplir la Ley de Bosques. Mientras tanto, las autoridades nacionales ya pusieron el ojo en la provincia de Salta, como en otros estados, donde en los últimos años la deforestación avanzó a pasos agigantados.

El Chaco tiene algo que decir

Bueno sería que los legisladores chaqueños que nos representan en el Congreso de la Nación, entidades y autoridades provinciales se interesen en este tema porque en materia de bosques en el Chaco hay mucho por hacer y no solo en cuanto a los nativos sino en la reforestación donde estamos en deuda con nosotros mismos. La ley penal tiene que ser práctica y poder hacerla cumplir con rapidez por lo que se tendrá que prever, también, los recursos necesarios para instrumentarla porque si no se convertirá en una mera expresión de buenos deseos pero dormirá en los anaqueles. El bosque en nuestra provincia merece una atención especial porque constituye la tercera pata de la mesa de nuestra economía y hay que fortalecerlo para generar riqueza en forma permanente y en el tiempo y no pobreza con su destrucción a destajo.

No hay que olvidar que la deforestación impacta directamente sobre las familias indígenas y campesinas que históricamente habitan y utilizan esos bosques pero que, por desidia del Estado, no han obtenido su titularización; y que, tras el paso implacable de las topadoras, pierden su forma de vida y sustento, caen en la pobreza extrema y ello provoca que deban emigrar a la periferia de las grandes ciudades. Esto ya ocurrió en el Chaco por lo que hace falta en forma urgente un debate sobre qué hacemos y hacia dónde vamos para desarrollarnos sustentablemente se hace imprescindible. La esperanza es que todavía nos quedan recursos para dar vuelta esta situación si actuamos inteligentemente.

La deuda pendiente del Chaco: la forestación

Cuando hablamos de la deuda pendiente de los chaqueños no nos referimos solamente a los controles que se debieron hacer para que la explotación racional sea una práctica común y no una excepción. Mientras los funcionarios de turno explicaban lo inexplicable mientras la masa forestal disminuía, nos olvidamos de forestar. El daño a nuestros bosques está graficado, por ejemplo, en las fotografías satelitales y, también, en el INTA de Sáenz Peña que cuenta con un mapeo que marca, en los últimos 40 años, cómo se fue destruyendo el monte y el Chaco se fue convirtiendo en una pampa, con todo lo que significa el deterioro del suelo por la falta de los árboles. Esa Pampa que favoreció a la sojización especialmente sin la debida rotación con otros cultivos, para cuidar el elemento suelo, se logró tumbando árboles y hoy en algunas zonas no queda ni para brindar sombra a los animales, amén de la expulsión de pobladores que ha sido dramática porque tuvieron que emigrar porque ya no tenían el sustento para vivir.

A pesar de todos esos males no supimos suplir ese desmonte con especies que hoy darían trabajo y disminuirían la desocupación. Para hacer solo un ejercicio matemático de lo que nos perdimos, digamos que si en los últimos 40 años hubiéramos implantado en las zonas aconsejadas por los técnicos, por ejemplo, 1000 hectáreas por año de eucaliptus que a los siete años ya se los puede aprovechar, pinos que a los 12 años tienen un buen fuste, algarrobo que a los 30 años ya se lo considera apto para el corte, y otras especies de nuestros montes que en ese mismo lapso servirían hoy para alimentar una industria forestal que sigue siendo incipiente. Lo que queremos decir es que con solo tres especies tendríamos que haber tenido por lo menos de 12.000 a 15.000 hectáreas implantadas si hubiéramos sido previsores.

Cuando decimos que hay mucho por hacer en cuanto a los bosques se encuentra esta materia pendiente: implantar variedades en forma constante para que la región continúe siendo sustentable y se convierta en una caja de ahorro para las generaciones futuras y, también, se cuide el ambiente que significa, en definitiva, vivir con los beneficios de una mejor calidad de vida. Por otra parte, el Chaco tiene herramientas como la clonación de especies que se realiza en nuestra provincia, como para brindar el apoyo necesario en una tarea que no debe demorarse más para tratar de igualar el tiempo perdido.

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