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May 24 2012

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Los 2,3 millones de infectados siguen sin ninguna cura

La Capital.com.ar

Los 2,3 millones de infectados siguen sin ninguna cura

Lo primero que habría que aclarar es que la decodificación del genoma de la vinchuca, si bien loable, significa poco para los 2,3 millones de infectados que ya tenemos en el país.

Lo primero que habría que aclarar es que la decodificación del genoma de la vinchuca, si bien loable, significa poco para los 2,3 millones de infectados que ya tenemos en el país. Para ilustrarlo de una manera simple, la decodificación es como lograr desarmar un preciso reloj y colocar las piezas sobre una tarima; si no sabemos cómo funciona cada una habremos avanzado poco. Para los infectados, que los científicos hayan logrado desarmar el genoma (un conjunto de miles de letras) no implica un paso hacia la cura.

La enfermedad de Chagas-Mazza está extendida a 19 de las 23 provincias. Siete están en condición crítica: hay vinchucas en más del 5 por ciento de los hogares y se observa una urbanización del insecto, es decir que se está adaptando a sobrevivir en las ciudades. Este retroceso en la salud pública ha sido posible por las pobres políticas preventivas. En la última década hubo años en que “no se fumigó un solo rancho en todo Chaco, pese a que el gobierno nacional envió los insecticidas”, según reconoció crudamente el titular del centro de estudios e investigación social Nelson Mandela. En esa provincia, se estima, existen 70 mil infectados.

La falta de continuidad de las tareas de rociado insecticida de las viviendas en riesgo es un grave pecado. Brasil y Uruguay lograron, mediante la fumigación, frenar la transmisión del tripanosoma.

La ley nacional 26.281 aprobada en setiembre de 2007 obliga a realizar un test de Chagas-Mazza a todos los recién nacidos de madres positivas y a todas las embarazadas. Sin embargo, este examen no se llevó a cabo durante años debido a que no se reglamentaba la ley. Desconozco si ese paso efectivamente se dio.

La enfermedad se desarrolla en entornos que asocian pobreza y bajo nivel educativo. Quizá esas condiciones hagan que poco trasciendan las diez muertes semanales promedio que ocurren. Hace décadas que enfermedades evitables corren sin control, pero como son silenciosas no logran el posicionamiento periodístico o la penetración popular que merecen. En ellas la muerte no se desencadena de un día para el otro: tuberculosis, Chagas-Mazza, Epoc y cáncer respiratorio. Para disminuir su incidencia es necesario que los enfermos tomen la medicación antituberculosa, que se erradique la vinchuca y que se desaliente seriamente la adicción al tabaco. Simple, pero no se hace. Este desbarajuste cuesta vidas y es, a mi entender, una de las maneras de medir el fracaso como sociedad.

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