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Mar 29 2017

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La salud está en coma

Fuente: http://www.chacohoy.com/noticias/view/100273

Por Roberto Espinoza
 Tanto en la esfera pública como en la gestión privada la salud pública en la provincia convive con una corrupción 376045_259169487472475_176633894_nendémica que recién ahora se osa enfrentar. Ausencia de una política de Estado, profesionales inescrupulosos, gremialistas que defienden tan solo su quiosco, conforman un cóctel explosivo que golpea de lleno a la prestación, y en donde el destinatario del servicio, que es el paciente, termina siendo el más desprotegido.
La escena transcurrió durante un caluroso domingo del mes pasado en la guardia del principal nosocomio con el que cuenta la provincia chaqueña, el Hospital Perrando: Familiares de pacientes que debían oficiar de camilleros porque el personal de enfermería estaba de paro; Un cirujano, de esos héroes anónimos que sostienen por sí solos las irregularidades en la red de salud, atendía como podía a heridos por siniestros viales, hacía unos puntos a una señora que tenía un orificio en la cabeza, según ella misma describió, producto de un accidente con una máquina de coser, le realizaba un enema a un hombre que llegó como pudo, arrastrándose, atendía a un jubilado que vino trasladado de urgencia del interior. Todo eso en un par de horas. La movida sindical provocó que este denodado profesional se ocupara de más casos de lo que debería. Era el cirujano, pero oficiaba de clínico, de enfermero, de asistente, cubriendo al resto del plantel médico, que se plegó a las recurrentes medidas de fuerza que vienen sobrellevando UPCP y APTASCH (Asociación de Profesionales, Técnicos y Auxiliares de la Salud Pública del Chaco). Medidas éstas, aunque justas muchas de ellas, terminan por fomentar la inequidad laboral, y erosionan de forma irrevocable a la salud pública. Queda claro que esta anécdota está más cerca de ser una norma que una excepcionalidad.
En este descalabro que es la salud pública-estatal y privada-, los gremios son tan solo una pata de un trípode que posibilita ese estado de situación. La segunda la conforma las eternas promesas de la dirigencia política, que en 30 años no pudieron fijar una política de estado en la materia; y la tercera la completa la falta de compromiso de gran parte de los profesionales de la salud, más ensimismados en obtener rentabilidad que cuidar de la salud de la población.
 
POLÍTICA DE ESTADO EN SALUD: EL GRAN DESAFÍO QUE TIENE QUE AFRONTAR PEPPO
En un tono autocrítico a la hora de realizar un balance de su primer año gestión, el gobernador Domingo Peppo aceptó a fines del 2016 que la Salud fue su talón de Aquiles. El mandatario provincial apuntaba a la ausencia de controles de parte del Estado, y cómo ese déficit era aprovechado por los profesionales del sector para no cumplir con sus tareas, a pesar de que “la salud está con una demanda colapsada”. La palabra del mandatario provincial no hace otra cosa que describir la realidad, pero el gobernador está para algo más que ser un mero narrador de los hechos. Deberá capear el temporal sanitario, que si bien lleva décadas, será responsabilidad de su gestión los resultados que surjan desde diciembre del 2015 hasta, al menos, fines del 2019.
En ese aspecto, el secretario general de la Gobernación, Horacio Rey, denunció diversas irregularidades en el sistema sanitario provincial. “Son 30 años de un sistema colapsado y trabajando como no corresponde: no cumplir con las guardias, no entregar los medicamentos, facturar insumos que no son, perder expedientes, hacen que el sistema de por sí esté totalmente corrompido”. ¿Cómo se sale de este sistema corrupto? Según el propio Rey, enfrentar a este sistema anómalo no es fácil porque está tan afectado que muchas veces “el Estado miraba para otro lado para no generar conflictos o ruidos”.
En agosto del año pasado el gobierno de Peppo realizó una auditoría general sobre el sistema de salud provincial, en la que se detectaron anomalías por doquier, que van desde lo administrativo hasta lo delictual. En la inspección se descubrió una ausencia del plantel directivo del 40% en diferentes horarios de atención, y que el 67% del personal de salud incumple con la carga horaria. En base a este informe Rey afirmó que “estamos pagando por un servicio que no se cumple” y que “cuando empezamos a corregir, empezaron a saltar los problemas”, en obvia alusión a los incesantes planteos gremiales.
Muchas de las irregularidades encontradas son muy graves, y si bien eran un secreto a voces dentro de la administración pública en los últimos 30 años, llama la atención que ninguna gestión se haya atrevido antes a enfrentarlas decididamente. Proveedores que sobrefacturaban y no entregaban la totalidad de insumos hospitalarios y medicamentos; personal médico-que además de no cumplir con su horario- facturan a la vez al INSSSEP y al privado cuando eso está prohibido; empleados de la administración sanitaria que cobra por agilizar expedientes de horas extras y de proveedores; personal que rompen ambulancias adrede; doctores que no atienden a los pacientes y los mandan devuelta a sus casas sin estar recuperados plenamente-jugando con la vida de esas personas- o lo derivan al Perrando, haciendo colapsar todavía más al sobre saturado hospital capitalino; se cobra para facilitar turnos, se roban medicamentos, fueron algunas de las tantas anormalidades ventiladas.
En ese sentido, a fines del 2012, en un famoso documento interno autocrítico, el gobernador de ese entonces, Jorge Capitanich, reconocía la necesidad de alcanzar la informatización de la red sanitaria para transparentar el servicio, y que el hecho de no tener ex profeso las materias primas en los servicios informáticos, constituía una manifiesta intencionalidad de cometer actos ilícitos o discrecionales.
Al revisar los resultados de la auditoría del año pasado, la corruptela que sospechaba Capitanich en el 2012, y que antecedía a su gestión, no se modificó demasiado. El proceso de purificación en del área sanitaria no será fácil, y para que ello ocurra, además de que estas irregularidades que recién ahora se denuncian públicamente se combatan y erradiquen definitivamente, se deberán priorizar sueldos dignos para el personal de salud, se tendrán que cumplir los compromisos en tiempo y forma con los médicos del INSSSEP y otras obras sociales, se sancionen fuertemente a los médicos-que no son pocos- que corrompen al sistema, se castigue a los funcionarios que fueran cómplices necesarios para esa corrupción, entre otros varios factores. Transformar esto en una política de estado es el principal desafío que tiene por delante no solamente el gobernador sino toda la dirigencia política chaqueña.
GREMIALISTAS FUNCIONALES A LA DESTRUCCIÓN DEL SISTEMA SANITARIO
El titular de UPCP, José Niz, advirtió que “la salud pública se degradó en este último periodo de un modo alarmante”, con hospitales sin las condiciones mínimas requeridas para observar las medidas de bioseguridad, con el “desabastecimiento programado de nuestro sistema sanitario, reiteradamente denunciado por UPCP”. Niz fue un poco más allá al afirmar que “nada de esto ocurre por casualidad”, y que todo se encamina hacia un objetivo, que según Niz no es otro que el de “la privatización de los servicios sanitarios que hasta hoy se encuentran en poder del Estado Provincial”. Sin embargo, los eternos paros de UPCP representan un ingrediente indispensable para socavar a la salud pública. O sea, Niz y su gremio son notoriamente funcionales para privatizar la salud estatal. Mucho más que la acusación que la propia UPCP le endilga al gobierno.
Así como destacábamos la autocrítica hecha por Capitanich en diciembre del 2012, se debe hacer hincapié en que el gremio que encabeza Niz nunca hizo cuestionamiento alguno en torno a la salud pública durante el gobierno del Montenegrino. Recién después de la asunción de Capitanich en la Jefatura de Gabinete de la Nación comenzaron a sonar los reparos de Niz y compañía sobre el estado de la salud estatal. En ese contexto, vale recordar la acusación contra Niz que lanzara Juan Carlos Bacileff Ivanoff cuando estaba al frente del ejecutivo en el 2014: “este señor estaba acostumbrado a cogobernar en la provincia del Chaco. Puso a su señora de diputada. Puso a todos sus hijos con cargo de gabinete acá en el gobierno. Ponía codirectores en los hospitales. Perdió todos esos privilegios, que venían de la gestión que tenía mi compañero de fórmula”.
Los gremialistas no deben, ni pueden, desentenderse de la corrupción que consume a la salud pública, y amén de que en términos generales los reclamos del sector son atendibles, lo que está en discusión, además de la metodología, es que no está en su leitmotiv la lucha contra esos vicios. Deberán también tomar nota que con cada paro se derrumba un poco más a ese sector que supuestamente dicen defender, y que daña la prestación al estrato social más debilitado, que es el que mayoritariamente utiliza el servicio. Todo se agrava si se analiza que parar no es la última opción que despliegan los gremialistas de la salud chaqueña, sino que es la única, y esto no parece preocuparlos demasiado. Es más, muchos parecen regodearse ante las durables falencias del sistema sanitario, como si tales deficiencias, y no la defensa de la salud pública, fueran su razón de ser.
Ante esto, y partiendo de la base que parar es una herramienta de lucha innegable que se ganaron los trabajadores, surge un interrogante central: ¿No termina funcionando esta forma de protesta como un mecanismo de autodestrucción? Sin dudas, y así como en la educación pública cada vez son más los ciudadanos que tienden a inscribir a sus hijos en colegios privados debido a los paros sostenidos de gremios docentes, aparecen sectores sociales reaccionarios para con la salud estatal, que ante la repetición de estas protestas, terminan por naturalizar el servicio mercantilizado de la salud que brindan los privados. Y en ese plano la ecuación es simple: llegará un momento que nadie considerará necesario contar con una salud pública, y sin salud pública no solo no habrá posibilidades de aumento, sino que directamente no habrá empleo
PROFESIONALES DE LA SALUD MÁS PENDIENTES DEL DINERO QUE DEL PACIENTE
Uno de los referente de la Asociación “Ramón Carrillo”, el Dr. Jorge Belzor Miño, denunciaba a fines del 2015 en Chaco Debate que hay médicos que atienden a 3 pacientes cuando trabajan para el Estado y después van a su consultorio privado, y en el mismo día, terminan atendiendo a 25 personas. “El doctor que trabaje para el Estado debe hacerlo full time, porque no es compatible con la actividad particular”, sostenía Miño para resaltar que caso contrario los médicos terminarían por priorizar las ganancias por encima de la atención que deben dispensar a sus pacientes.
Basta con hurgar la atención que se brinda en distintos sanatorios privados para constatar que la advertencia de Miño es una inocultable realidad, en donde el paciente que más paga es el que obtiene un mejor servicio. ¿Qué diferencia hay entre esto y la prostitución?
En estos lugares, poco a poco se termina por aceptar como norma algo que no debería serlo, como por ejemplo el ilegal cobro del Plus Médico, que ya es una constante naturalizada, o como sacar turnos para un usuario de PAMI o INSSSEP pasó a ser una odisea. ¿Por qué debe tomarse por habitual que para una consulta urgente a un especialista médico, o un estudio específico, se tendrá que esperar hasta dos semanas, pero si se va de manera particular y se paga el canon correspondiente-tarifa que van desde los 400 a 1000 pesos-, el turno aparecerá mágicamente para ese mismo día que se va a solicitarlo? Sin embargo esto sucede. Otro ejemplo en esa línea. En el sanatorio de la calle Brown al 300 durante el soporífero Enero de este año, un familiar de una jubilada internada consultó a una enfermera porque no tenían aire acondicionado siendo que en la puerta de la habitación decía que contaban con dicho aparato. La respuesta de la trabajadora no dejó lugar para dobles lecturas: “si quieren aire, tienen que pagar”. Lo que no dijo la trabajadora que para tener aire esa jubilada de PAMI tenía que pagarse un cuarto particular a 760 pesos por día. Una cifra que no tiene nada que envidiarle a cualquier hotel de Resistencia, y que obviamente, es prohibitiva para la gran mayoría de los jubilados. ¿Esto son hechos aislados? Para nada, es casi una cotidianidad para cualquier poseedor de una obra social que no sea onerosa. Así las cosas, los pacientes devienen, por obra y gracia del vil metal, en clientes.
El juramento hipocrático es visto no solo como un regulador indeleble de la ética médica, sino como un punto de inflexión en todos los órdenes. Este juramento indica que el médico debe comprometerse y dedicarse totalmente a la vida, en toda circunstancia. No obstante, con excepciones cada vez más raleadas, las prioridades de muchos profesionales de la salud parecieran pasar más por lo monetario que por honrar ese legado de Hipócrates de Cos.
La salud pública está en coma, y recuperarla dependerá de la aplicación de políticas acordes, en la que debe imperar un compromiso social de todos los sectores que componen la comunidad sanitaria, o en su defecto, a contramano de lo que pregonaba René Favaloro cuando sostenía que “en cada acto médico debe estar presente el respeto por el paciente y los conceptos éticos y morales; entonces la ciencia y la conciencia estarán siempre del mismo lado, del lado de la humanidad”, habrá que ir pensando que el juramento hipocrático mutará definitivamente en un juramento hipócrita.

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