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Jul 29 2016

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Wichi-El Pintado: una comunidad en la que se naturalizó la pobreza

Marta Remotti, indígena de la etnia wichi, vive con sus dos hijas en la localidad de Wichi-El Pintado, que depende de la Municipalidad de Sauzalito. La mamá vive con sus hijas Angélica, de 6 años de edad, quién cursa el primer grado y Alejandra de 14, que comenzó el primer año de la secundaria. El papá criollo de la mayor no la reconoció.

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Los miembros de esta familia atraviesan una profunda indigencia por los escasos ingresos económicos con los que cuentan y  la precariedad del rancho  que habitan, construida con palos y tierra. En la práctica sobreviven sin ningún tipo de sostén económico proveniente de familiares y del Estado.

 A la situación de indigencia, Marta acusa estar enferma desde hace varios años sin ningún tipo de atención médica ni farmacológica. Dice que tiene Mal de Chagas y una dolencia en la columna vertebral que le impide  trabajar y que le provoca  muchos y continuos dolores.  En la piel de su rostro se evidencian signos muy claros de que arrastra una  antigua enfermedad cutánea que tampoco ha sido tratada. Como casi  todo se naturaliza en Wichi, el vecindario sabe de esta situación, como también los fieles  de la Iglesia a la que concurre, pero no hacen nada. El delegado municipal no les brinda ninguna asistencia. El Ministerio de Desarrollo Social tampoco asiste a esta familia.

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Un pantallazo sobre Wichi-El Pintado

A la extrema pobreza de gran parte de la población indígena y criolla en Wichi-El Pintado, se le suman otros avatares afectan a la comunidad. La escuela secundaria acumula más y mayores fallas en el proceso educativo. Son varios los docentes que gozan de licencia, que llegan tarde a dar clases  o que directamente faltan en las aulas. Los padres se quejan, pero las autoridades no resuelven este grave problema.

En la E.E.P. 517 se nota una leve mejoría en el funcionamiento del plantel docente a partir del cambio de dirección del establecimiento. El director a cargo, Gustavo Castro, gestiona mejor y está en la escuela a diferencia de quien le antecediera en el cargo.

El puesto sanitario funciona mal. Está a cargo de un enfermero porque la médica, Miriam D’Agostini, repetidamente goza de licencia. En la actualidad no trabaja producto de un accidente que le afectó la rodilla. Faltan medicamentos, insumos y los restantes elementos que hacen a una atención sanitaria aceptable. Cuando los pobladores enferman deben ir al deteriorado  hospital de Nueva Pompeya, que les queda más cerca que el de Sauzalito.

La explotación forestal ilegal claramente se percibe desde Wichi. Por allí pasan los camiones cargando  rollos de algarrobo, fundamentalmente de noche porque transportan el producido de las explotaciones clandestinas.  También “chimbean”  quebracho colorado y otras especies. Los camiones pasan  a 200 metros de la comisaria, o sea que los transportes ilegales se efectúan en las narices de los policías, que desde la comisaría tienen una visión completa del camino. Lo mismo pasa con la caza furtiva. Por la misma picada entran y salen los cazadores foráneos, con armamentos y freezer para conservar las presas. Esto también se repite con respecto a la pesca furtiva. Todo el producido pasa de largo por Wichi.

Por último, vale destacar el creciente fenómeno impactante del consumo de drogas entre  adolescentes y jóvenes adultos. La droga llega de la mano de algunos personajes que no son de la localidad. A pesar de la presentación del megaoperativo contra el narcotráfico en El Impenetrable, en Wichi-El Pintado todavía esperan que se presenten las fuerzas de seguridad combinadas que conjuntamente comprometieron el gobierno nacional y provincial.

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