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Jun 10 2016

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Chaco: pobreza en serio

1 DSC_0242Susana Verón tiene 38 años de edad. Vive con su familia en el barrio Moreno, donde se refugiaron muchas familias rurales de la comunidad Qom y criollos pobres. Susana tiene dos hijos, Emilia de 8 años y Facundo de 6. La niña, que presenta un mayor grado de desnutrición, pesa 8 kilos y su hermano 6.

La familia también está integrada por Lucía, de 2 años, quien pesa 5 kilos y es nieta de Susana. La mamá de Lucía falleció en el parto, por lo que la familia Verón se tuvo que hacer cargo de la recién nacida.2 DSC_0156

Ver a la piba Susana con su baja estatura y extrema delgadez refleja otros casos repetidos de cuadros de desnutrición, severas, crónicas y a veces congénitas. No es necesario contar con un dictamen médico que certifique su desnutrición. Baja talla y bajo peso para las edades y sexos de estos niños alcanzan para detectar -a la mirada común-el flagelo de la desnutrición que cursan. Pero si fuera necesario, el déficit nutricional de estos chicos fue detectado por los profesionales del hospital Dr. Emilio Rodríguez de Quitilipi.3 DSC_0197

“Algunas vacunas le pusieron a la nena. A los otros chicos no”, cuenta Susana en voz muy baja, con timidez y como disculpándose ante el Centro Mandela, aunque es costumbre en las comunidades indígenas de la etnia Qom hablar despacito.

Emilia va a la escuela y gracias a eso Susana cobra “un plan social de 1.500 pesos por mes”, que es el único ingreso fijo mensual de la familia. El marido de Susana había salido temprano para tratar de conseguir algunas “changas”. No siempre consigue DSC_0205hacerlas y vuelve a la casa con el bolsillo vacio. Susana también trata de conseguir dinero con otras

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“changas”, pero está limitada porque tiene que cuidar a sus hijos.

La familia Verón no formó parte del alto porcentaje de niños desnutridos que se denunció hace pocos días en Quitilipi. El barrio Moreno no fue parte de la población censada. “CONIN por acá no viene”, dicen al Centro Mandela.

La casita

Las paredes de la vivienda son de adobe. Fue construida de barro y paja, más algunas varillas. El piso es de tierra en la única habitación donde duerme 5 DSC_0229toda la familia. El techo es de chapa, naturalmente que sin cielorraso y con muchas hendijas por donde se filtra el aire frío. Al fondo del lote, en un rincón, construyeron una precaria letrina con bandas de plásticos negros. La casita no cuenta con energía eléctrica ni agua potable. Juntan plata para comprar gas en garrafa. Casi nunca tienen dinero para realizar esta compra. Resuelven el problema haciendo un fogón de leña, en la parte de atrás del terreno. Tienen experiencia porque formaron parte de una comunidad indígena rural en el que el fogón es vital para el funcionamiento diario, y nunca se apaga.

Paradojas y contrastes

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La familia Verón vivía en el paraje rural La Matanza. Emigraron porque “ya no hay trabajo para el peón rural”.  Para sobrevivir decidieron ir a Quilitipi. Ahora engrosan los suburbios de esa ciudad. El barrio Moreno es uno de los tantos que habitan los pobladores sometidos a máxima pobreza y a exclusión extrema. Es escasa la urbanización del lugar. Los servicios urbanos prácticamente no existen. Sumadas estas barriadas, forman el ejército de pobres de una de las ciudades más importantes del interior chaqueño, que cuenta con casinos, boliches hot, marcado por un fuerte tráfico y consumo de drogas y alcohol, con violencia y delitos, adicionado por la connivencia de algunos altos funcionarios policiales que pasaron por allí. Más un dato sorprendente, que es la radicación de un número importante de personas de nacionalidad china.

Comer les quita el sueño

Cuando llegamos a la casita el fogón estaba prendido. Estaban calentando agua, solo agua. “Todavía no sé si vamos a comer hoy”, dijo Susana. Dentro de la casa no había mercaderías. La familia esperaba al jefe con la esperanza de que “haya tenido la suerte de ganar unos pesos y con eso preparar la 6 DSC_0146comida del día”. Mientras tanto, en la olla seguía hirviendo el agua.

Cuando pueden, pocas veces, compran leche para los chicos. Si no hay changas dependen de la solidaridad de los vecinos, de alguien que les pueda dar un plato de comida para compartir entre todos. Cuando no hay comida, igual se reúnen en torno al fogón, comentó un vecino lindero que es criollo. Contó que se queda mucho tiempo allí sentados, y que hablan poco.

El futuro de la familia Verón se limita a poder comer. Lo que más plantearon, en forma repetida, es el tema de la comida. Evidentemente que comer es lo que más aprecian. Valoran mucho la actividad de masticación. Cuando comen, lo hacen muy lentamente y gustosos, también comentó el vecino criollo.

Hace muchos años un famoso escritor nos dejó una célebre frase. Dijo, “pinta tu aldea y pintarás el mundo”. Describir la realidad de la familia Verón es una de esas “pinturas”, que se repite en cientos de familias de Quitilipi, y que es un extracto del Chaco oculto: Desempleo creciente, pobreza extrema, desnutrición, exclusión social, son parámetros extendidos en grandes sectores sociales. Están abandonados a su suerte, sabiendo que probablemente nunca salgan de la situación en la que viven.

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