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Abr 28 2016

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El desmanejo de Salud Pública ante la epidemia de Dengue

Por Rubén A. Galup (médico)

ruben galupEn los últimos días he trabajado en un operativo del Ministerio de Salud de Nación en la Villa 20 de Lugano, en un radio comprendido por unas 30 manzanas controladas por el Centro de Salud y Acción Comunitaria (CESAC) Nº 18. De los más de 100 pacientes vistos, dato que puede ser corroborado en las planillas de asistencia diaria, alrededor del 70% fueron sospechosos de Dengue, muchos de los cuales pude confirmarlo por los resultados de laboratorio efectuado en el Hospital Piñero, que es de referencia del CESAC Nro. 18. La gran mayoría no volvió a la consulta, presumo por falta de concientización e ignorancia de la que no son culpables los pacientes sino los encargados de transmitir conocimientos básicos a la población. Al ver morigerados sus síntomas, deciden no continuar con el seguimiento. También puede deberse al destrato que reciben en los centros de atención médica, habitualmente por su condición humilde y de extranjeros.

A cada uno de los pacientes vistos y sus acompañantes pregunté sistemáticamente si se había descacharrado y/o fumigado su domicilio. Ninguno de ellos fue testigo, en su domicilio o casas vecinas, que se efectuaran descacharrados y sólo algunos, aproximadamente un 30%,  vio fumigar en la zona.

El Aedes Aegypti es, sin dudas, el mosquito mejor estudiado. Por ese motivo, llama la atención el deficiente abordaje y control que ha tenido por parte de los responsables de la Salud Pública, lo que llevó a la población de gran parte de la República a padecer una epidemia de importante y creciente magnitud y consecuencias en la salud.

Analizando el ciclo de vida del Aedes, del que se destaca la gran cantidad de huevos puestos (que ronda los 2000)  por las hembras en sus habituales  30 días de vida,  más la resistencia de ellos a la desecación, que puede llegar al año y su hábito domiciliario, es fácil deducir que el fumigado tiene un efecto muy reducido  ya que además de hacerse en lugares públicos y a la luz del día, dos características que el insecto evita, atenta contra otros insectos que son depredadores naturales del mosquito, como son las arañas.

Como conclusión, sostengo que los principales responsables del descontrol de la epidemia de Dengue son los  gobierno nacional, provinciales y municipales por sus absolutos desconocimientos o inacción en la correcta prevención y lucha contra el Dengue, el Zika y la Fiebre Chikungunya.

El Dengue, tal cual es

El Dengue es una infección autolimitada. No tiene tratamiento específico y habitualmente se resuelve con la cura total en pocos días. Es provocada por un arbovirus (virus trasmitido por artrópodos), de la familia flaviviridae, del que hay cuatro serotipos inmunológicos DEN1 – DEN2 – DEN3 – DEN4. La inmunidad que provoca la enfermedad es total y de por vida para el serotipo causante. Al no ser “cruzada” con otros serotipos, un individuo podría padecer cuatro infecciones durante su vida, si bien en la práctica sólo se han constatado hasta tres en un mismo paciente.

El 98% de los casos en la República Argentina han sido causados por el virus DEN1, que es el menos agresivo de los cuatro. El 2% restante se reparte entre los serotipos DEN2, DEN3 y DEN4. En Salta se detectaron infecciones por el serotipo DEN4, en Corrientes por DEN2, y en Jujuy por DEN3.

La enfermedad se manifiesta bajo dos formas: Dengue benigno y Dengue grave (antiguamente llamado “Dengue hemorrágico”). La gravedad depende, además del serotipo del virus, del número de infecciones que padece un individuo en el transcurso de su existencia.

Según la OMS, se producen 390 millones de infecciones por Dengue cada año, de los cuales 96 millones se manifiestan clínicamente, cualquiera sea la gravedad de la enfermedad. En otro estudio sobre la prevalencia del Dengue, se estima que 3.900 millones de personas de 128 países están en riesgo de infección por los virus del Dengue, por lo cual es considerado uno de los más mórbidos del planeta. Las cifras se incrementan año tras año.

El virus del Dengue es trasmitido por mosquitos hembras de la especie Aedes aegypti y, en menor grado, de Aedes albopictus (presente en la zona de la triple frontera). Estos mosquitos también transmiten la Fiebre Chikungunya, el Zika y la Fiebre Amarilla. El Dengue es una enfermedad de tipo gripal, que afecta a bebés, niños pequeños y adultos, pero raras veces resulta mortal.

El A. Aegypti nace sin el virus, a diferencia del A. Albopictus, cuya hembra lo trasmite a su descendencia, por lo cual debe alimentarse con sangre de un portador de Dengue para incorporar el virus que ya no la abandonará.  Los síntomas se presentan al cabo de un periodo de incubación  4 a 10 días después de la picadura de un mosquito infectado, y por lo común duran entre 2 y 7 días. La fase de convalecencia puede prolongarse por semanas. Se asocia con cansancio y depresión, sobre todo en adultos. No deja secuelas permanentes.

Para sospechar clínicamente Dengue se debe constatar ciertos síntomas que son fácilmente diagnosticables, que arranca de fiebre elevada (40Cº), acompañada de dos o más de los síntomas siguientes: dolor de cabeza muy intenso, dolor detrás de los globos oculares, dolores musculares y articulares, náuseas, vómitos, agrandamiento de ganglios linfáticos o sarpullido.

El Dengue grave es una complicación potencialmente mortal porque cursa con extravasación de plasma, acumulación de líquidos (en pleura, pericardio, peritoneo, etc.), dificultad respiratoria, meningitis, hemorragias graves y/o falla orgánica. Se presentan entre 3 y 7 días después de los primeros síntomas y se acompañan de un descenso de la temperatura corporal (menos de 38 °C), dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, respiración acelerada, hemorragias de las encías, fatiga, inquietud y presencia de sangre en el vómito. Las siguientes 24 a 48 horas de la etapa crítica pueden ser letales. Se debe brindar atención médica para evitar otras complicaciones y disminuir el riesgo de muerte.

La confirmación por laboratorio se basa en datos indirectos: plaquetas y glóbulos blancos descendidos, con aumento de linfocitos, marcada aparición de linfocitos atípicos y enzimas hepáticas en el suero levemente elevadas. A los que se agregan datos directos como son: aislación del virus, detección del antígeno viral o el RNA viral en el suero o tejido y detección de anticuerpos específicos en el suero del paciente. Un brusco aumento del hematocrito con descenso de plaquetas son indicadores de la agravación de la enfermedad.

El A. Aegypti presenta dos etapas bien diferenciadas: fase acuática, que consta de tres formas evolutivas (huevo – larva – pupa); y fase adulta o aérea. Dependiendo de la humedad y la temperatura, la fase acuática dura alrededor de una semana (3 a 12 días).

El huevo resiste a la desecación hasta un año, por lo cual no es necesaria la presencia de mosquitos adultos al comienzo de la temporada de mayor presencia del Aedes, que son los períodos más calurosos y húmedos. La forma de larva se compone de cuatro estadios y dura aproximadamente 48 horas para pasar a la última forma evolutiva de la fase acuática, que es la pupa de la cual emerge del agua el mosquito (machos y hembras) para iniciar la fase adulta o aérea. La hembra suele aparearse rápidamente y por única vez. Ese apareamiento le suministra todos los espermatozoides necesarios para fertilizar los óvulos que darán “vida” a los más de dos mil huevos que depositará durante su corta existencia en los bordes de recipientes que contienen agua estancada, prefiriendo los pequeños y sombríos.

El promedio de vida de una hembra es de 30 días y su ciclo de postura es cada 72 horas, depositando en cada una de ellas alrededor de 200 huevos. Utiliza, para hacerlo, recipientes artificiales que se encuentran en exteriores de las viviendas (latas, cubiertas en desuso, drenajes pluviales tapados y dentro de las viviendas). Es muy común encontrar larvas en floreros y plantas acuáticas, así como en los lugares donde almacena agua (tachos, botellas, cisternas, barriles, tanques, etc.)

La hembra, que es la única que “pica” (precisa las proteínas de la sangre para el desarrollo de los huevos), lo hace habitualmente en horas de la madrugada o el anochecer; pero no es un dato fiable y puede hacerlo en cualquier hora del día y la noche. Es de hábitos domiciliarios (dato a tener en cuenta), por lo cual es común encontrarlo en patios, jardines e interior de viviendas. En los días soleados se guarece en la sombra. Es poco habitual hallarlo en parques, plazas y ambientes abiertos. Tiene una autonomía de vuelo que puede alcanzar los 400 metros; pero raramente supera los 200, pudiendo permanecer toda su vida dentro de una misma vivienda.

El abordaje y control que  debió realizar Salud Pública

La verdadera acción contra el Dengue no debe interrumpirse en todo el año. Ininterrumpidamente  debieron ejecutar  las siguientes acciones:  vigilancia entomológica y epidemiológica integrada; efectiva y sostenida acción interdisciplinaria entre Educación, Salud y Medio Ambiente; participación comunitaria, previa instrucción por personal capacitado;  servicios básicos, como agua potable y el tratamiento de aguas residuales; efectiva gestión de residuos sólidos y neumáticos usados; análisis crítico del uso y eficacia de insecticidas y capacitación constante de profesionales y promotores de Salud Pública. Se debió evitar la ejecución de fumigaciones nocivas e innecesarias, que sólo sirven como propaganda engañosa de una campaña contra el Dengue que no existe.

 Con estas simples medidas se hubiere informado y formado a la población, convirtiéndola en custodio de su propia salud y la de sus vecinos, logrando que la descacharrización fuera efectiva, general e ininterrumpida durante todo el año, y no parcial, compulsiva y absolutamente ineficaz como se llevó a cabo hasta el momento. Claro que esta forma de luchar contra el Dengue  empodera al pueblo, al hablarle de sus deberes, pero también de sus derechos y atenta contra las mentiras  a las que son tan afectos los gobiernos de derecha.

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