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Mar 06 2012

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El Centro Mandela denuncia severas fallas del sistema sanitario y muertes evitables en El Impenetrable

El Centro Mandela denuncia severas fallas del sistema sanitario y muertes evitables en El Impenetrable.

 

Toda muerte genera un vacío y un dolor único, irrepetible, incomparable. Mucho más si se trata de muertes evitables o vidas que, con los elementos disponibles al alcance del sistema sanitario, podrían continuar. De eso tratan las denuncias difundidas mediante un documento por el Centro de Estudios Nelson Mandela, que habla del aumento de enfermedades y muertes evitables en El Impenetrable chaqueño, producto muchas veces de las fallas en el sistema sanitario. Mal de chagas, tuberculosis, meningitis y hasta deshidratación de bebés por el intenso calor son algunos de los casos que refleja la oenegé.

El texto —que lleva la firma de Rolando Núñez— expone en el inicio un caso que bien podría ser cotidiano: “El 14 de diciembre pasado sepultaron a un bebé que murió al nacer. El padre era el maestro de la escuela del paraje Pozo del Sapo. Había pedido en el hospital de Nueva Pompeya que derivaran a la madre porque en ocasión de los últimos dos partos se produjeron complicaciones que determinaron que se le practicaran cesáreas. Le informaron que no era necesario que se derivara a la parturienta porque el parto sería normal, a pesar de que debía ser intervenida por los antecedentes médicos.

El día del parto participó la obstetra. El bebé no salía y de tantos esfuerzos falleció. La autopsia fue practicada en Castelli”.

A la vez, agrega que el hospital de Pompeya “continúa funcionando mal” y, “a pesar de que faltan médicos, se tuvo que ir un profesional formoseño que estudió en Cuba porque no le pagaban lo prometido”. No es todo. Enseguida da cuenta de las falencias de los puestos sanitarios de Villa Río Bermejito —que cuentan con un personal numeroso— y El Espinillo, que cuenta con un solo médico dado que el restante se retiró “muy desalentado y actualmente busca nuevas oportunidades en la Patagonia”.

El hospital cabecera regional, que es el moderno establecimiento construido en Castelli, también funciona de manera deficiente según la oenegé. Toda la red de El Impenetrable funciona de manera muy descuidada y se repiten en ella casos de malas prácticas sanitarias, que resumen las inapropiadas atenciones profesionales y no profesionales, como también el deficiente servicio de traslados, derivaciones, emergencias y comunicaciones”, advierte.

Pobres y expuestos

Más adelante el documento señala que, a pesar de haber¬se construido el nuevo hospital de Castelli y algunos puestos sanitarios en El Impenetrable, “la realidad muestra que el sistema y la red de salud pública funcionan deficientemente, aun reconociéndose que en el área de cobertura sanitaria habitan los chaqueños más pobres e indigentes de la provincia, sometidos a enfermedades endémicas, como la tuberculosis y el mal de chagas, signados por la parasitosis, que en su inmensa mayoría son malnutridos, desnutridos o anémicos porque se alimentan con hidratos de carbono”.

“A pesar de todo esto —continúa—, en los hospitales rurales y puestos sanitarios A y B no se cuentan entre los profesionales con las especialidades que demandan las enfermedades más repetidas y endémicas de la región. A pesar de las endemias que son el mal de chagas y la tuberculosis, no existen cardiólogos ni tisiólogos. Tampoco hay ginecólogos ni pediatras”, denuncia la organización.

 El bebé toba que murió de calor

Uno de los casos expuestos por el Centro Mandela es el del 30 de enero pasado, cuando murió el bebé de Raquel Sosa, una mamá toba que vivía con su familia en el humilde Barrio Norte de Villa Río Bermejito. Su hijo había nacido el domingo anterior, con 3,9 kilos. El parto fue normal. Le dieron el alta al día siguiente, no contemplando la situación socioeconómica y cultural de las familias indígenas y el calor extremo que día a día soportaba la población.

Para estar más cerca del referido centro sanitario la familia permaneció en un precario rancho en el barrio Nuevo, con techo de chapa y de nylon negro. En pocas horas el bebé se deshidrató. Cuando ingresó al puesto sanitario pesaba 3,5 kilos, o sea que la deshidratación fue rápida y severa. El ministro de Salud dijo que la atención fue correcta y que no se produjo un alta prematura. Agregó que el bebé murió por un golpe de calor, deshidratado, echando la culpa a los padres; sin embargo el fallecimiento aconteció pocas horas después del alta.

“El sistema socio-sanitario del Chaco demostró que es autista o, si comprende la realidad, actúa con total desprecio e indiferencia de las posibles consecuencias de un alta hospitalaria como la que se tomó en el caso de Raquel Sosa. Parece que no entienden que en Bermejito el calor era extremo y que las temperaturas eran calcinantes”, señala la oenegé. Y acota: “Tampoco comprendieron la actual crisis de la idiosincrasia toba, que deriva de la baja autoestima que cursan y del fuerte proceso de desculturización a que están sometidos, que los hace dudar y fluctuar entre las formas contradictorias y coherentes, según las circunstancias y coyunturas, producto del continúo sometimiento a las condiciones y a las reglas del mundo blanco, que son altamente distorsionantes para los pueblos originarios”.

Otros desenlaces evitables

Otro caso que refleja el documento es el de Yinata Leiva, que falleció tres días después del bebé de Raquel Sosa. Tenía 21 años cuando comenzó a enfermarse. Inicialmente cursó diarrea, como “Expuesto así el panorama, se comprenden mejor la realidad sanitaria de El Impenetrable y las patologías crónicas no atendidas, al igual que las enfermedades y las muertes evitables o altamente evitables que repetidamente se producen, resultados que reflejan la profunda crisis del sistema público, a lo que sigue el ocultamiento de la información o la publicidad engañosa”, concluye el documento.

El Centro de Estudios Nelson Mandela advirtió el aumento de enfermedades y muertes evitables en El Impenetrable. “El sistema sociosanitario del Chaco demostró que es autista o, si comprende la realidad, actúa con total desprecio e indiferencia”, señaló la oenegé.

ocurre con muchas personas de Bermejito que beben agua que no es segura ni suficiente. Ingresó al puesto sanitario bajo un aparenté foco pulmonar. Fue derivada al Hospital de Castelli, donde fue atendida por la médica Rosana Silvero, que anteriormente se desempeñaba en el puesto sanitario de El Espinillo, rechazada por la comunidad indígena por muchas razones atendibles.

“La paciente fue rebotada, como repetidamente ocurre en dicho hospital cuando un enfermo viene derivado de hospitales y puestos de El Impenetrable. Chacho Leiva, papá de Yinata, notaba que su hija desmejoraba. El cuadro se agravó por lo que, nuevamente, recurrieron el puesto sanitario de Bermejito, que en ese momento no contaba con una ambulancia disponible. Le sugirieron que recurrieran a un sanatorio privado de Castelli porque tenía obra social. En definitiva, ante la falta de respuesta del puesto sanitario y el rebote en el hospital de Castelli, pasaron por un curandero y un médico de la privada, que lo derivó al hospital de Sáenz Peña por la extrema gravedad del cuadro que cursaba Yinata, quien falleció de meningitis”, revela. Pese a la gravedad de la enfermedad, el sistema no dio el alerta y el correspondiente control epidemiológico. Los que conocían en vida a Yinata afirman que murió por la desatención del sistema sanitario y social del lugar y por lo que vulgarmente llaman “mal de olla”.

Fidela Montellano, toba de 23 años, ingresó al puesto sanitario de Bermejito con convulsiones por hipertensión arterial. Cursaba eclampsia. Fue traída al puesto sanitario en un patrullero policial porque no había ambulancias. Las tres que corresponden a este centro estaban descompuestas, en los talleres o fuera de servicio. Se arreglaban con una vieja ambulancia prestada de otro hospital, por lo que se resentían profundamente los traslados, derivaciones y emergencias. Tuvo que esperar mucho tiempo en el puesto para luego ser derivada al hospital de Castelli, bajo sopor comatoso. En dicho establecimiento tuvo que esperar aun más por lo que se prolongó su riesgo sanitario y su mortificación. No obstante ello, sobrevivió con su bebé a las contingencias negativas a las que fue sometida por el mal funcionamiento del sistema sanitario.

 

 

 

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