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Sep 29 2015

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Para koki y su gente lo importante no es el narcomenudeo en Chaco

Fuente: publicado en períodico 1878, mes de septiembre/2015, pág. 4.

El desparpajo de Jorge Lanata lo hizo posible. Puso al aire unos cuantos segundos de una entrevista con un habitante del barrio Toba y desató el escándalo. La política chaqueña hizo el resto.

Luego cruzado sobre los más vulnerables. En su apuro por negar el “narcoclientelismo” Jorge Capitanich, sus diputados y sus fiscales, también hicieron todo lo posible para meter miedo a quienes se animan a exponer, desde el protagonismo personal de padecerlo, el problema de la droga que golpea en lo más profundo del Chaco marginal y excluido. Ese que no aparece en los spots publicitarios y existe a solo 15 cuadras de la plaza principal de la ciudad que el Koki promete -con la grandilocuencia que lo caracteriza-convertir en la capital del Nordeste y referencia del desarrollo en el MERCOSUR.

Para quienes, equivocadamente, creemos estar afuera del asunto el barrio Toba es todo lo que se ubica desde la calle 14 hasta el río Negro y entre la Ruta 11 y la avenida Rivadavia, con lagunas incluidas. Un conglomerado de viviendas sociales que se vienen abajo, casas precarias y tolderías en las que -los pobladores de esos barrios- están muy lejos del crecimiento a tasas chinas de la mal llamada “década ganada” y muchos permanecen en la edad de piedra.

No se sorprenda estimado lector, a escasos 100 metros de la opulencia comercial que exhibe la avenida 25 de mayo comienza el drama. Se extiende entre el denominado Pasaje Marcelo T de Alvear; la misma calle que sirve de dirección legal a la Casa de Gobierno, hasta lo profundo de sus lagunas.

En ese espacio habitan más de 6.000 almas, mayoritariamente aborígenes pero también hay blancos y criollos que conviven allí. No se puede saber bien cuántos son los habitantes, porque hay una alta tasa de pobladores nómades que repiten el recorrido ancestral que los lleva a “moverse” entre General San Martín, Quitilipi, Misión Laishí y el barrio Namqom en la capital formoseña, entre otras localidades de las dos provincias.
Los pobladores originarios cumplen con sus costumbres milenarias y atávicas. Ése es el recorrido de la migración de los animales que, antes de la llegada de la barbarie occidental, ellos seguían para alimentarse y vivir con la dignidad que la supuesta civilización occidental les quitó.

Droga para todos
Chávez respondió las preguntas del periodista porteño que vino a buscar clientelismo y lo encontró. El ejemplo tucumano que arropó en fuego la mala praxis democrática estaba muy fresco y la voz de Chávez, resonó en el primer piso de la Casa de Gobierno, esa que se levanta monumental, a poco más de 14 cuadras, en línea recta del complejo que se puede llamar Gran Toba.

Para el que viene de afuera se hace complicado entender dónde está el límite entre esos barrios porque basta cruzar una zanja, que en los planos aparece como calle, para cambiar de barrio. Ese solo paso, cambia los liderazgos para ellos -que viven y padecen la pobreza, el hacinamiento y la desidia oficial- las jurisdicciones informales están claras.

Capitanich, Lanata y la gran prensa argentina saben que esa denuncia pega más fuerte en la campaña de los blancos que en la posibilidad de cambio o de mejora; para los pobladores de los barrios Toba, Chilillí, Cotap, Camalote donde los clanes de qom y wichíes tratan de mantener su cultura ancestral, algo que se perdió en la maraña de punteros, planes, “dirigentes sociales” y políticos inescrupulosos que convierten en negocio personal cualquier programa de asistencia.

Antonio Patricio, presidente de la Junta Vecinal del barrio Toba, describió la descomposición del liderazgo tradicional a mano de los “administradores” de planes que se hacen llamar dirigentes sociales.
“Antes, los líderes se elegían y ratificaban desde la dignidad de sus ancestros. Con la democracia eso se perdió y el liderazgo se decide al saberse quien puede conseguir más favores de los políticos”, afirmó con tono grave y lo puso como uno de los proble¬mas sociales esenciales del barrio porque muchos de esos dirigentes se volvieron inescrupulosos.
Él, es descendiente de uno de esos viejos caciques que tenían autoridad y podían ejercerla con honestidad en medio de la pobreza y marginalidad que siempre caracterizó la vida; de esa parte de la Resistencia profunda que se busca ocultar.

Al contrario de lo que los prejuicios indican, Chávez y Patricio, saben hacerse entender y ellos conviven con el clientelismo desde su infancia y juventud porque ambos ya cruzan la barrera de los 40 y 50 años respectivamente.

Conocen el problema de la droga porque les toca muy de cerca, “no hay familia que no tenga un hijo que no haya probado un faso”, admiten con tristeza y resignación y muchos tienen familiares presos a consecuencia de las peleas que dejan su lamentable saldo de lesiones graves y muertes que no terminan de zanjar viejas rivalidades familiares, todo azuzado por el consumo de alcohol, drogas y pobreza.

Evolución de un vicio
Por su edad fueron testigos de cómo la sociedad blanca fue imponiendo su cultura de consumo y banalidad. La tradicional bebida hecha de algarrobo fermentado que se conoce como “aloja” o “chicha” se transformó en el “cachurí” entre los ‘60, ’70 y se impuso en los ‘80. Esta bebida, alcohol medicinal mezclado con algún jugo o puro, fue reemplazada entre los jóvenes paulatinamente por el “bolseo” de pegamento entre fines de los ’90 y mitad de la primera década del Siglo XXI. En los últimos cinco años el bolseo dejó paso al “porro” y a la cocaína, por supuesto todo mezclado con alcohol, en cualquiera de sus variantes.
Una recorrida por el barrio un viernes muestra a niños y jóvenes de entre 12 y 20 años a las 5 de la tarde, ya estaban tomando cerveza en una de las improvisadas canchas donde se juntan a despuntar el hábito de jugar a la pelota.

Tampoco es extraño sábado, domingo y hasta lunes al amanecer ver chicos “dados vuelta” durmiendo en la vereda, ya sea en el sopor del alcohol o las drogas que consumen.

“Si vas a venir, vení acompañado” fue la recomendación que recibió este cronista de boca de los pobladores del barrio cuando consultó si podía ir a hacer notas.
La falta de dinero para pagar el vicio se convierte en inseguridad rutinaria que somete a los más débiles, mujeres y adolescentes, a la violencia.

“Te roban la moto y a los 200 metros ya la desarmaron para vender los repuestos”, es otra de las afirmaciones que explican el estado de cosas, sobre todo días previos a los fines de semana.

Asignación y natalidad
Chávez no sólo habla de la droga porque también es la cabeza de una familia numerosa que se compone de hijos, nietos y hasta bisnietos. “Entre la otra gente (los blancos) no pasa eso de que una chica a los 20 años ya tiene cuatro o cinco hijos, entre nosotros sí”, narra mostrando resignación, para culpar del apresuramiento a algo más que la ignorancia y la falta de asistencia oficial que prevenga la maternidad infanto-juvenil.
Le duele admitirlo pero adjudica ese apuro por ser madre a la “posibilidad de cobrar la asignación por hijo”, casi en sintonía con las declaraciones que alguna vez hiciera el Ministro de Salud Pública de Corrientes Julián Dindart, pero desde otra vereda, la de los prejuicios políticos y sociales de la clase dominante.

Escuela Enrejada
El imponente edificio de la Escuela Pública de Gestión Social Indígena Nº1 sobresale entre las viviendas, es un oasis de modernidad en barrio. Las precauciones que tomaron sus autoridades para proteger los bienes del establecimiento es una muestra de la inseguridad cotidiana.

Los planos originales incluyeron un muro perimetral bajo con cerco de alambre tejido que fue rápidamen¬te reemplazado por un murallón de mampostería que supera los tres metros de alto.
Puertas exteriores e interiores fueron reforzadas con rejas de hierro y acero fuertemente empotrados en las gruesas paredes, prácticamente no hay aula que no tenga este tipo de rejas, para asegurar los pupitres, equipos de sonido y proyección de imágenes que se usan en eventos especiales y actos de la escuela que enseña en modalidad bilingüe y cuenta con Auxiliares Docentes Aborígenes.
Completan una sala de atención primaria de la salud refaccionada pero con pocos médicos, un jardín de infantes en construcción y pavimento para la calle que da al frente de estos establecimientos.

LA DROGA REEMPLAZÓ AL PEGAMENTO EN LOS BARRIOS TOBA, CAMALOTE Y CHILILLI
Las adicciones campean en medio de la pobreza y exclusión que soportan quienes pueblan estos barrios, mayoritariamente aborígenes. El narcoclientelismo es la punta del iceberg de un problema mucho más serio.
Desde hace cuatro o cinco años la droga empezó a entrar fuerte en el barrio y ya reemplazó al bolseo (método para aspirar pegamento)”, declaró César Chávez, el artesano que expuso ante los periodistas del programa Periodismo Para Todos la entrega de bochitas de marihuana o dosis de paco y cocaína como metodología para captar votos entre los más jóvenes.

En una charla con periodistas de 1878.info, Chávez reveló que el “narcoclientelismo” es uno de los tantos riesgos que corren los niños desde “los 8 años” lo que, sumado a la exclusión que provoca la falta de empleo, y los escasos recursos que acercan los planes sociales, convierte a esa zona de Resistencia en caldo de cultivo para la violencia y marginalidad.

Chávez obtuvo repentina fama el domingo, pero asegura que “desde hace años que yo vengo denunciando que hay droga en el barrio y no se hace nada para evitar que pase”.
Asimismo dio a entender que hay desidia o complicidad por parte de la policía con quienes venden la droga en el barrio. “Cuando yo me voy a la comisaría y denunció alguien le avisa al vendedor porque enseguida baja la persiana y sólo le vende a los que efectivamente conoce y confía”.

Ese es un caso que muestra la superficie de un problema mucho más grave que se oculta y que desde el gobierno prefieren ignorar y hacerse los distraídos. Chávez aseguró que no es sólo por las elecciones “la droga comenzó a pisar fuerte en el barrio desde 2012 y sigue creciendo”, expresó.

Incendio en iglesia
“A una hora que terminó el programa de Lanata vinieron y le prendieron fuego a la madera y otros materiales que esta iglesia evangélica tenía para sus obras de refacción”, declaró uno de los vecinos al mostrar las paredes externas renegridas por el fuego.

El vecino adjudica el ataque a los narcotraficantes porque “el pastor se ocupaba de rescatar a los chicos del consumo de la droga, porque la considera un instrumento del demonio y ellos pensaron que fue él quien invitó a la gente de Lanata.

La iglesia permanece cerrada desde ese día y los vecinos piensan que el pastor se fue porque el miedo a la evidente amenaza es muy fuerte.
En sintonía con ese fuego que intenta alejar a un sacerdote que combate a los sicarios del narcotráfico, desde lo más alto del poder Judicial se iniciaron una serie de acciones que terminaron con César Chávez acusa¬do de falso testimonio y ahora pesa sobre él la amenaza de un proceso judicial, destinado a negar el problema del narcotráfico y su vinculación con la dirigencia política del barrio y de la provincia.
Un procurador general adjunto que se declara partidario de “coordinar con otros poderes” resolvió en pocas horas archivar la denuncia de Chávez al enfocarse únicamente en el fenómeno del narcoclientelismo, sin investigar en profundidad el flagelo que para muchos actores sociales del barrio es más que evidente.
Miguel Fonteina postulante a un cargo en el Superior Tribunal de Justicia fundamentó que “no hay denuncias por escrito en la comisaria décima” sobre el cambio de droga por votos, y que Chávez incurrió en “in¬consistencias” en sus declaraciones ante los fiscales del Juzgado Federal y de Narcomenudeo.
Chávez, después del ataque oficial, recibió el apoyo del Centro de Estudios Nelson Mandela y de Miguel Chamorro del Foro Popular Antidrogas, que respaldan las denuncias efectuadas sobre la gravedad del problema de las drogas y su tráfico en el barrio Toba.
En medio de la polémica también se hizo conocida una denuncia por escrito ante la Secretaria de Derechos Humanos, que hizo el 22 de diciembre de 2014, Eduardo Luciano Fernández respecto a que su vecina, puntera justicialista, Vanesa López está involucrada en la venta minorista de drogas, todo agravado por la participación de menores. No se sabe cuál fue el resultado de esa denuncia, Vanesa López es una de las dirigentes que respaldó el acto de desagravio que organizó el gobierno en la escuela protegida por gruesas rejas tras la aparición de Chávez en Canal 13.

Vale consignar que Chávez, Chamorro y Fernández viven en el barrio Toba, conocen el problema desde adentro, y tienen interés genuino en resolverlo porque afecta directamente a sus familias.
Ese es un resumido panorama que se vive en los barrios que componen el conglomerado “Gran Toba” de Resistencia. Hay muchas más historias que se ocultan entre sus calles nunca arregladas, baldíos sombríos y donde la jerarquía social se define por el nivel del terreno que ocupa la vivienda respecto de la laguna que tienen enfrente.

Los pobladores del “Gran Toba” son víctimas involuntarias del fuego cruzado que se dispara en una disputa con objetivos diferentes a los de aportar soluciones para el barrio. A los periodistas porteños les preocupa tener notas de gran impacto sobre el público de los grandes centros urbanos en los que, se decide la elección presidencial. A los políticos del Frente Chaco Merece Más les preocupa no quedar pegados públicamente al negocio del narcotráfico. El 21 de setiembre los pobladores del barrio regresarán al anonimato de la marginalidad y la exclusión. Espero equivocarme.

DIRIGENTE ASEGURA QUE EN LA ZONA HAY MÁS DE 10 QUIOSCOS DE DROGA
En los barrios Toba y aledaños la droga dejo de ser una referencia extraña mucho antes que César Chávez lo expusiera como parte del clientelismo político. Antonio Patricio presidente de la Comisión Vecinal del barrio afirmó que “hay más de 10 quioscos donde venden droga” y “no solo en el barrio Toba porque también los hay en barrios vecinos que están poblados de blancos y criollos.
Para Patricio los periodistas porteños no descubrieron nada nuevo al entrevistar vecinos del barrio. “La droga está metida entre nosotros y golpea entre los más jóvenes”, declaró ante periodistas de 1878.info y afirmó que se hacen las denuncias pero que no hay mucha respuesta desde las autoridades.

Patricio también, al igual que Chávez, reconoció que hay intercambio de favores políticos a cambio de la entrega de drogas, y que los vendedores a también hacen trabajos para los políticos.
Afirmó sin dudas que “en el barrio y los que están cerca de la 25 de mayo también hay quioscos que venden droga”, aseguró que “no es un proble¬ma solo de nuestra comunidad, también está entre los blancos que viven detrás del barrio Toba más cerca de la calle 14”.

Aseguró que más allá de la cuestión política “la droga entró y destruye las familias, porque si uno sólo cae en el vicio complica a todo el grupo. Por la falta de trabajo los hombres salen a hacer changa, las mujeres a vender artesanías o a trabajar como empleadas domésticas los chicos quedan en las casas y cómo confiar que van a estar seguros si hay uno de ellos que tiene problemas y se pone violento”.
También describió una relación tensa con los efectivos de la Comisaría Décima y contó su versión de los hechos del 25 de octubre, un procedi¬miento que terminó con serios incidentes y denuncias cruzadas de violencia y abusos policiales.

Rechazó pertenecer a los cuadros de punteros del radicalismo. “Yo soy dirigente de la Comisión Vecinal, hasta hace poco estuve en el Consejo Escolar y hablo con todos los que pueden acercar soluciones a los problemas del barrio, porque esa es mi función como referente social”.
También se quejó porque “hay medios y periodistas que no conocen el barrio y cuando informan de un procedimiento en la zona, aunque los detenidos y la droga se encuentre en casas que están en el Pasaje Marcelo T de Alvear y Calle 14, ellos ponen que fue en el Barrio Toba y en esos barrios vive gente blanca”.

EL APURO DE FONTEINA ES PARA LLEGAR AL SUPERIOR TRIBUNAL DE JUSTICIA
“No cuentes lo que hay detrás de aquel espejo,/ no tendrás poder/ ni abogados, ni testigos./Enciende los candiles que los brujos/ piensan en volver/ a nublarnos el camino”. Fragmento de la canción “Quien sabe Alicia este país” de Charly García.

El denunciante terminó acusado. El Procurador General Adjunto Miguel Fonteina apresuró el dictamen que recomienda el archivo de la causa judicial para investigar el narcoclientelismo en el barrio Toba porque tiene apuro para llegar a un sillón de Ministro del Superior Tribunal de Justicia. Reforzó su obediencia debida al poder político armando un sumario judicial contra César Chávez para que la justicia lo procese a él en lugar de investigar la venta de droga en más de 10 quioscos, según decla¬raciones de dirigentes sociales de la comunidad Qom.

1878.info, pudo corroborar de diversas fuentes que Miguel Fonteina es el candidato que prefiere Gustavo Martínez para ocupar el cargo vacante que dejó en el Superior Tribunal el fallecido Ramón Ávalos.
Al ser examinado por el Consejo de la Magistratura Fonteina ya expuso su vocación por someterse al Poder Ejecutivo ya que postuló “un nuevo modelo de gestión basado en la coordinación e interacción de acciones con los otros poderes del estado”.
En esa pieza de oratoria también “recalcó la importancia de lograr una justicia inclusiva, que permita un mayor acceso a todos los sectores sociales vulnerables”, algo que el viernes parece haber olvidado cuando en un trámite express decidió que la droga que se vende en el barrio Toba, Chililli, Cotap, Camalote y otros ale¬daños a esa zona de Resistencia no es real y ordenó procesar al ciudadano que tuvo el coraje para denunciar su existencia.
Claro que César Chávez, como no tiene aspiraciones que los políticos del Partido Justicialista lo designen en algún cargo, también expuso que para las elecciones los punteros entregaban bochitas de droga a cambio del votos, narcoclientelismo puro y duro que Fonteina en sintonía con todo el aparato partidario del Frente Chaco Merece Más descartó, en una investigación fulminante.

Fonteina descalificó al denunciante y dio una clara señal que termina protegiendo a los narcotraficantes, a partir de ahora, cualquier víctima de los delincuentes que intente denunciarlos puede terminar procesado.
Fonteina fue claro que ese proceso se inicia a por pedido de Sergio Ramiro Cáceres Olivera uno de los fiscales designados para investigar y reprimir el narcomenudeo, que por ahora en lugar de perseguir el tráfi-co de drogas ordenó el procesamiento del denunciante, según se desprende de las declaraciones del procurador General Adjunto aspirante a ministro del STJ.

Dicen que no hay denuncias por escrito sobre la venta de drogas, pero claro la “exhaustiva” investigación de los fiscales mencionados se limitó a pedirle informes al titular de la Comisaría Décima que, cuando alguien se presenta a su dependencia a hacer una denuncia, le palmea la espalda y le dice “ya vamos nosotros” y no toma ningún registro de la misma.

El 22 de diciembre de 2014, Eduardo Luciano Fernández, poblador de hace más de 30 años del barrio Chillili denunció ante la Secretaría de Derechos Humanos del gobierno de la provincia que su vecina Vanesa López “vende droga” y que “usa a niños menores para distribuir drogas a los consumidores de la zona”, lo que quedó asentado en una acta que firma la Doctora Mónica M. Zorat de la mencionada secretaria.
Como puede apreciarse, el Procurador Adjunto que para ser aprobado por el Consejo de la Magistratura declaró su intención de “coordinar con otros poderes del estado”, para esta investigación no hizo el trabajo de coordinación, tal vez sea porque Vanesa López es una de las punteras que responde al diputado nacional Juan Manuel Pedrini, con quien el lunes por la noche participó de un acto de desagravio para Jorge Capitanich en la escuela del barrio.

Nota: el Centro Mandela colaboró en la investigacion periodística realizada por el períodico 1878.

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