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Jun 29 2015

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Pobreza negada

Manuela Obregón es la jefa de un hogar del que desapareció la figura masculina del padre. Esta madre dijo que “se fue con otra”. La familia vive en un terreno fiscal, en calle 16 y Pasaje Rioja, en Villa Ghio, detrás de Villa Chica, a treinta cuadras de la Plaza 25 de Mayo. La vivienda está ubicada a pocos metros del talud norte de la vieja defensa de Resistencia, en una zona totalmente inundable y extremadamente contaminada por desechos y basuras. Los días de lluvia el terreno y la casa se transforman en una verdadera pileta. Viene rellenando el lugar con escombros y basuras. Pidió muchas veces tierra, pero no le trajeron.

Manuela tiene siete hijos. El mayor tiene 19 años y la menor 2. Cuatro son mujeres y tres son varones. Todos estudian. No puede trabajar en servicio doméstico porque la atención de sus hijos le demanda todo su tiempo. Los alimenta, viste, educa y atienda la salud de los niños con los fondos que recibe a través del programa de madres con siete hijos. Refiere que no le alcanza, sobre todo cuando tienen que comer, vestirse y curarse. Compra ropa de segunda mano y algunas veces los vecinos le pasan comidas para los pibes. Los chicos son atendidos en la salita de Villa Ghio.

La vivienda consta de dos habitaciones. Tienen cuatro camas y algunas cobijas. Cuentan con dos sillas y dos pequeñas banquetas, bajitas. No tienen heladera, de modo de que compran todos los días los productos para cocinar. Tampoco tiene ropero. Pudo adquirir una cocina de segunda mano hace seis años. Esta familia es parte de la pobreza negada. Ni siquiera son números para las estadísticas. Sin embargo, no se desalientan.

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