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May 28 2015

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Fotogalería “Sombras del dolor”. Por Pablo Barreto.

Por PABLO BARRETO, fotógrafo de Paraná- Entre Rios.

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Cuando en el 2011 denunciamos la gravísima situación sanitaria y de hambruna de los niños de las comunidades de los pueblos originarios de Salta, donde habían ocurrido varios casos de muerte por desnutrición en pocos meses, tuvimos la respuesta urgente de UNICEF Central, con sede en Nueva York. A raíz de ello, en enero de 2012 se desarrolló el llamado “Plan para la Vida”, que quedo a cargo del área de salud de UNICEF Argentina.

Durante tres meses se capacitó a profesionales, se asistió a algunas comunidades, se realizó un diagnóstico para determinar las causas de la situación y para evaluar la gravedad de la situación sanitaria. Entre los puntos salientes y llamativos que se detectaron y destacaron figuró la falta de profesionales de la salud que tuvieran la voluntad de trabajar en zonas rurales del norte salteño, sobre todo en el Departamento San Martín, donde viven la mayor cantidad de comunidades originarias. Sin embargo, y a pesar del ejemplo dado por agentes voluntarios de Atención Primaria de la Salud mayoritariamente provenientes de las ciudades de Buenos Aires y Córdoba, no se logró concientizar a médicos y a los restantes profesionales de la salud sobre la urgencia de la atención a niños.

Fue escaso el alcance del gran operativo sanitario realizado en Salta. En el balance provisorio quedó como saldo positivo la instalación de siete tanques australianos para las comunidades wichi de Ballivián. De las diversas reuniones realizadas con autoridades sanitarias de Salta no se pudo conseguir más avance. El Ministro de Salud de ese entonces, Dr. Heredia, al conocer el caso de un niño de 4 años, que había nacido con malformaciones en su cara (tenía dos tabiques), tampoco fue capaz de realizar gestiones para que fuera operado.

Recientemente volvemos a enfrentarnos a una nueva serie de muertes por desnutrición en niños de las comunidades de los pueblos originarios de Salta, aunque las autoridades se esmeren en calificar tales fallecimientos como causados por diarrea y deshidratación. Al publicar de nuevo este material fotográfico realizado en años anteriores pretendemos sensibilizar a la opinión pública y a los medios masivos de comunicación porque entendemos que si los problemas no se visibilizan, se los ignora desde los gobiernos y se producen enfermedades y muertes prematuras derivadas de causas evitables o altamente evitables. Lamentablemente, esto es común en la Argentina. Muchas comunidades sufren un desamparo descarado por parte del Estado.

En las fotografías se puede ver el lugar donde viven estas comunidades indígenas, el estado de los niños y un abandono total. Muchos indígenas son indocumentados, o sea que no existen en el mundo del derecho. Este trabajo fotográfico sirvió para abrir una punta de ayuda, pero no fue suficiente. Se necesita mostrar. Se necesita vivirlo. Se necesita sentir mientras miras por un visor el dolor que te ocasiona ver las caras de los aborígenes pidiendo ayuda.

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Desde las sombras un niño busca a su familia para acercarle los medicamentos. En un principio, solo los varones hablaban con nosotros y las mujeres esperaban quietas su autorización.

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Esperando ser atendida por los médicos que nos acompañaban.Eesta mujer, de 45 años, padecía dolores en su espalda provocados por mal formaciones de columna.

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Mientras todos buscábamos refugio de una tormenta, con 45 grados de temperatura, las niñas jugaban a nuestro alrededor. Se divertían en los charcos que dejaban las goteras de un viejo galpón municipal, que fue el primer punto de encuentro.

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Madres de 14 y 15 años, sosteniendo sus hijos. Esperaban ser atendidas por los médicos. Fueron las primeras en acercase al lugar. No hablaban español. Se comunicaban en su lengua. En sus caras se reflejaban preocupación e incertidumbre.

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Caminando por las calles de tierra, luego de la tormenta. Los niños jugaban. Mientras, otros comían de un viejo cacharro las sobras de comida. 

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Los caciques de cada comunidad organizaron un improvisado consultorio para atender a casi 800 personas en un día. Ellos eran quienes determinaban el orden de atención y las prioridades.

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Poco a poco, mujeres y niños vestidos con sus ropas de gala, se acercaron para ser atendidas en una habitación ubicada al lado de una vieja iglesia abandonada, vestigio de colonización, con  confianza ciega e inocente, que dolía.

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Mientras el médico y su hija ayudante organizaban el improvisado consultorio, algunos curiosos observaban.

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Una pequeña herida en este lugar  puede transformarse en algo grave para los niños, produciéndoles abscesos o  agusanamientos. Como en este caso, puede  provocar la muerte del niño. 

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La mirada del niño hacia el médico cuando lo revisa demuestra la entrega total. Padecía una hepatomegalia, que le provocaba fuerte dolores. El agua que toman es un veneno, que silenciosamente les provoca la muerte por diarrea y deshidratación.

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Un cacique nos señala el color amarillento de un niño de 7 años. Tenía hepatitis. Ya han muerto 5 niños.

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Solo los caciques controlaban y ordenaban –por prioridad- las casi 800 personas del lugar. Primero los niños, luego las mujeres y ancianos y, por último, los hombres. Todos, respetuosamente, esperaban en la puerta.

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Llagas  en la boca  producidas por el agua de los pozos   donde se filtran, por las napas, los agroquímicos de las fumigaciones de los campos de soja que los rodean. Un enemigo silencioso.

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Las malformaciones producidas por desnutrición, mala atención y abandono son parte de la comunidad. Columnas desviadas, hernias, dobles tabiques en niños y artritis reumatoidea, es común en ellos.

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Un niño de 12 años acusa 20 kg. en la balanza. El dolor de ver tantos niños morir abandonados y olvidados como si nunca hubiera existido.

Este trabajo fotográfico comenzó, pero tiene la finalidad de documentar la realidad de todas las comunidades originarias que viven en Argentina dado que siguen escondidas entre sombras.-

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