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Abr 30 2015

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Historia repetida: desnutrición en El Impenetrable chaqueño

Esta vez la protagonista de la tragedia de la pobreza extrema y de la desnutrición es la beba indígena R.C.A, que vive en el paraje rural Techat 3, ubicado a 14 km de la localidad de Miraflores, que es uno de los portales de ingreso a El Impenetrable. La beba nació el 26 de febrero de este año en el hospital de Miraflores. Su mamá, que se manifiesta claramente en lengua originaria y en castellano se muestra bien dispuesta. Se llama Reina Aranda, que dijo que tiene 22 años. El papá se llama Martín Cueller. Como siempre ocurre en las comunidades indígenas, integran una familia extendida, con muchas necesidades básicas marcadamente insatisfechas. La mamá refirió que tiene dificultades para cobrar las asignaciones familiares.

Nació con 2,850 kg.

No se pudo conocer si la mamá fue controlada durante su embarazo. En todo El Impenetrable son escasos o insuficientes los controles prenatales. Uno de los puntos críticos sobre esta inexplicable desatención sanitaria es el área sanitaria extendida que tiene su eje en el hospital de El Sauzalito, región en donde los controles son prácticamente inexistentes, lo que explica –entre otras causas- los múltiples nacimientos de bebés discapacitados y con malformaciones, que están potenciados por la alimentación de las madres en base a harina y grasa, seguido de hipertensión y eclampsia, también desatendidas. En El Sauzalito están detectados más de 80 chicos discapacitados, lo que es un dato impactante. Tampoco se pudo corroborar si la mamá arrastraba alguna patología materna o fetal, aunque es muy probable que la beba incubara en un vientre mal nutrido. Cuando nació, la niña pesó 2, 850 kg. No se pudo recabar su talla, perímetro cefálico, edad gestacional y vacunación después del parto.

La beba permaneció internada entre el 9 y el 13 de marzo de 2015 (de los 11 a los 15 días de vida), en el servicio de neonatología del fatídico hospital Güemes de J.J. Castelli. Ingresó con el siguiente diagnóstico: desnutrición, hipertermia por hipoaporte e ictericia neonatal, aunque en la documentación médica no se aclaró el grado de desnutrición que presentaba la beba, según epicrisis que le entregaron a la mamá. La beba ingresó al hospital pesando 2,350 kg., o sea con un déficit del 8%- (según escala de Gómez) que el peso que tenía cuando nació. Para su recuperación nutricional se le proveyó leche maternizada, sulfato ferroso, y polivitamínicos, más antitérmicos.

A pesar del deficitario estado nutricional de la beba, el 13 de marzo se le dio de alta hospitalaria, que fue netamente negligente y prematura, cuando pesaba 2,510 kg. y presentaba el siguiente diagnóstico: hipertermia por hipoaporte, ictericia neonatal resuelta y desnutrición con seguimiento ordenado a través del puesto sanitario de Miraflores, que luego no se cumplió con plenitud. En la documentación hospitalaria no se registró el grado de desnutrición de la beba, que presentaba un déficit de 7,7%-, cuadro que recomendaba que debía permanecer internada teniéndose en cuenta el ámbito socio-sanitario familiar de carencias extremas que rodean a tal núcleo y por el lento proceso de recuperación de masa corporal. La beba necesitaba hiper aporte alimentario programado, que únicamente lo podía proporcionar el sistema sanitario público en internación.

El pésimo puesto sanitario de Miraflores y el fatídico hospital Güemes de J.J. Castelli

La madre contó que la niña fue alimentada exclusivamente con pecho materno hasta su internación en neonatología, momento en que se incluyó suplemento de leche maternizada que se le terminó el 25 de marzo. Al momento de la visita la bebé pesaba 2, 300Kg., o sea que presentaba un déficit del 15,8%- de desnutrición. Impresionó la disminución de la masa muscular. Se observó que la niña estaba lúcida, reactiva, aunque levemente enferma, con un apreciable grado de desnutrición. Su piel estaba fría y reticulada, y presentaba marcadas alteraciones generalizadas de la coloración de la piel, que eran violáceas y moteadas. Se la observó deshidratada, de leve a moderada. La bebé se encontraba despierta y activa, aunque sus movimientos eran escasos. No se la oyó llorar. Se la detectó asimétrica en su reflejo tónico cervical porque no siguió el indicador con la mirada y no se pudo constatar que fijara su atención en el rostro materno. Se intentó provocar reflejo de hociqueo y búsqueda, sin resultado positivo. La prensión palmar fue positiva, pero débil. En cuanto a lactancia, la succión de la beba era débil e inefectiva. El amamantamiento se cumplía, casi exclusivamente, por el esfuerzo materno, a través de maniobras manuales. El tiempo controlado de succiones fueron de 3/5 minutos, que se detenían por el cansancio de la bebé.

Producto del desfavorable cuadro generalizado, el 3 de abril la beba reingresó al hospital de J.J. Castelli, cuando pesaba 2,230 kg. Permaneció 20 horas en la guardia!!! A las 8 horas del 4 de abril ingresó a la sala de pediatría. Estuvo internada hasta el 16 de abril, fecha en la que nuevamente fue dada de alta, prematura y negligente. El día 5 de abril se le constató un peso de 2,310kg. El día 6 pesó 2,313kg. El día 7 pesó 2,350 kg. El día 8 pesó 2,480 kg. El día 10 pesó 2,600 kg. El día 15 pesó 2,890 kg. y el día 16 pesó 3 kg., o sea que la beba había recuperado un importante porcentaje de masa corporal, que redujo la desnutrición al 12,5%- porque aumentó un total de 770 gramos en el período de internación (del 3 al 16 de abril), lo que demuestra que si no hubiera sido dada dos veces de alta prematura, su situación nutricional debería ser más que aceptable a la fecha de cierre de este documento.

Después de que en el hospital de J.J. Castelli dispusieron el alta, prematura y negligente, la bebé, estuvo sin asistencia plena y controlada. Al cierre de este documento se había terminado el suplemento alimentario. Desde el 17 al 29 de abril no se pudo controlar el peso de la beba porque el agente sanitario del paraje Techat no se encontraba en su lugar de trabajo.

Desatención sanitaria generalizada en todo El Impenetrable

Néstor Femanía, niño qom de la zona rural de Villa Río Bermejito, falleció el 6 de enero pasado, a los 7 años de edad. Murió de tuberculosis y de severa desnutrición asociada a tal enfermedad. Vivió una vida indigna y murió en condiciones inhumanas. Este caso tuvo trascendencia nacional e internacional por el extremo sufrimiento de Néstor en vida y muerte, a lo que siguió la manipulación de los datos estadísticos para esconder la dura endemia de tuberculosis que azota a las comunidades indígenas.

Eva es una niña qom que sufre daño cerebral. Cursa una severa desnutrición. No se le brinda asistencia sanitaria integral. Es una niña de la comunidad qom del paraje Cabeza de Buey, ubicado en la zona sanitaria que debe atender el fatídico hospital Güemes de J.J. Castelli. La región es uno de los focos rojos de las endemias de tuberculosis y de Mal de Chagas, donde -además- abundan flagelos sociales como la desnutrición, la malnutrición, la anemia por falta de comida nutritiva y otras tantas enfermedades vinculadas con la pobreza extrema y la injusticia social. Las poblaciones que subsisten en esta región viven bajo las tendencias a enfermar y a morir prematuramente, por causas evitables o altamente evitables.

Eva es sobrina de Dora y Virginia Fernández. Los ranchos de ambas familias están distanciados por no más de cien metros, o sea que comparten los mismos indicadores sociales, sanitarios y ambientales, que son sumamente negativos y que signan la salud/vida de los moradores. Las Fernández son hermanas que están enfermas de tuberculosis y arrastran desnutriciones asociadas a tal enfermedad, además de otras patologías. Fueron internadas y sometidas a tratamientos contra la tuberculosis. Luego se les dio el alta hospitalaria.
Eva debió y debe ser tratada por un equipo interdisciplinario sanitario ampliado a lo social y educativo, con asistencia ortopédica y exámenes oculares y auditivos, como también desde el punto de vista kinesiológico y fisioterapéutico. En realidad, debe estar en un centro de fisioterapia para que la asistencia fuera integral. Eva debió gozar de una dieta alimenticia perfectamente planificada, acorde con el grado del daño cerebral y lesiones que acumulara desde su nacimiento, en el que se destaca su dificultad para ingerir alimentos. Vive en su casa, en un núcleo familiar en situación de extrema pobreza. En definitiva, el caso de la niña qom Eva es otra muestra contundente del mal funcionamiento del sistema socio sanitario.

El fallecimiento, altamente evitable y prematuro, de la beba toba Natalia -de tres meses y medio de vida- fue dado a conocer por el valioso testimonio de Miriam Segundo y de Soledad Ocampo, agentes indígenas del sistema sanitario público de El Impenetrable chaqueño, aunque la última fue despedida, quienes actualmente son perseguidas por los responsables del sistema sanitario, hasta con cartas documentos. La bebé toba nació en su casa, en el paraje El Canal, a pocos km de Villa Río Bermejito, el 23 de septiembre del año pasado. En la vivienda ni siquiera tenían un ventilador. Sobreviven en extrema pobreza. Natalia murió en su casa en la madrugada del martes 13 de enero pasado.

El viernes 9 de enero la llevaron a la beba al hospital de Villa Río Bermejito. Fue atendida por la Dra. Miriam Benítez, una de las profesionales que dio origen al juicio iniciado por el Defensor del Pueblo por el posible exterminio de las comunidades indígenas y que actualmente se desempeña como directora de dicho hospital. Al examen médico, la referida doctora determinó que la beba cursaba dificultades respiratorias. Luego de asistirla, en vez de internarla mandó a la casa a los padres con Natalia con la recomendación de que “si no mejoraba tenían que traerla de vuelta”. Tenía que volver a control el lunes 12 de enero. Natalia no volvió porque murió en su casa, mientras el puesto sanitario de El Canal estaba cerrado por que el agente estaba de vacaciones.

Al abandono sanitario, se sumó el recurrente maltrato policial y un desalojo violento en El Sauzalito. Calixto García volvió a ocupar su casa con Carlitos, que es su hijo discapacitado, que sufre de osteogenia imperfecta. Esta patología también se conoce como niños de cristal. El día del procedimiento policial el niño tenía un brazo quebrado, sujetado con cartones a su sillita de descanso, que fue destrozada. La noche de la agresión el pequeño durmió en su silla de ruedas. Durante muchos años Carlitos no recibió la asistencia sanitaria especial que necesita. A pesar de que es agudo el trastorno que padece, que se caracteriza por la gran fragilidad de los huesos, el abandono del sistema sanitario es total. Quienes tienen esta enfermedad están permanentemente expuestos a fracturas por la falla proteica con la que nacieron. La gravedad de la enfermedad de Carlitos es extrema, acelerado por la desatención sanitaria, lo que se tradujo en múltiples fracturas de huesos. Con la finalidad de recibir un tratamiento sanitario integral, recién esta semana Carlitos fue derivado desde El Sauzalito al Hospital Pediátrico de Resistencia, después de muchos reclamos de las comunidades indígenas.

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