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Dic 29 2014

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“A los chagásicos se los trata como a niños abusados: se los cose y se los devuelve a la cama del violador”

Fuente: http://www.diarionorte.com/article/116667/a-los-chagasicos-se-los-trata-como-a-ninos-abusados-se-los-cose-y-se-los-devuelve-a-la-cama-del-violador

El cardiólogo Rubén Galup se internó cinco meses en El Impenetrable para tratar de prevenir, terminar de entender y hacer algo contra el chagas. “Las estadísticas dicen que hay dos millones y medio de infectados; pero yo creo y puedo respaldar que hay cinco millones. Y que es una enfermedad que genera más de diez muertes por día a nivel país”, asegura el profesional.

Galup tiene una larga trayectoria como cardiólogo que se desarrolló en gran parte en el prestigioso Hospital Pirovano de Buenos Aires. Además, en su currículum se refleja un arduo trabajo en medicina preventiva que lo llevó a recorrer el país y el continente. Hace años creó un proyecto con el que cree puede erradicar el chagas y por ese trabajo fue convocado a principio de 2014 a participar del megaoperativo sanitario que se realizó en El Impenetrable.
Aunque sostiene que bastó con leer el diagrama del megaoperativo para entender que era mesiánico e imposible de realizar, igual se sumó en la iniciativa. Hoy resalta los puntos fallidos de aquel despliegue sanitario, aclara que el mal tratamiento del chagas trasciende a cualquier administración y asegura que existen herramientas para erradicar la enfermedad.

La vivienda

Galup no duda: “El chagas es una enfermedad de la vivienda. Para erradicarlo se necesitan maestros y arquitectos, más que médicos”, asegura. Cree que hay que combatir la ignorancia y mejorar los ranchos con elementos baratos y al alcance de todos.

Recordó que hace varias décadas los doctores Salvador Mazza y Miguel Jörg demostraron que el chagas apareció con la llegada de los españoles y la introducción del rancho como vivienda. “Hay vinchucas desde Canadá hasta Tierra del Fuego. En Estados Unidos no hay chagas porque no hay ranchos”, precisó.

Enfatizó que en El Impenetrable se conjugan el calor que favorece la presencia de vinchucas y un hábitat ideal para las vinchucas, como son los ranchos de barro y paja. “Los aborígenes no tenían chagas cuando vivían en tolderías, porque las chozas tenían superficies lisas, sin recovecos, y cocinaban dentro creando ambiente hostil para la vinchuca. Hoy los ranchos son oscuros, calientes y tienen huecos donde ésta puede colonizar”, describió.
Por todo eso cree que no hay que trabajar en cómo atender a los pacientes con chagas, sino en prevenir que la gente se siga infectando. “A los enfermos, a los chagásicos, se los trata igual que a los niños abusados: se les cose el culo y se los manda de vuelta a la cama del violador. De nada me sirve que yo cure a un paciente del Impenetrable en una etapa aguda de la enfermedad si después lo mando a dormir en el mismo rancho donde se enfermó y donde la vinchuca volverá a picarlo”, disparó.

Números

Según Galup, las cifras oficiales del Ministerio de Salud hablan de 2.500.000 infectados de chagas. “Es una cifra mentirosa”, sostiene. Él dice que la estadística fue hecha en 1986, cuando Argentina tenía 24 millones de habitantes, y hoy tiene casi el doble. “Además, el último censo de enfermos de chagas fue hace 50 años”, agrega.
“La estadística se sacó de bancos de sangre, de embarazadas que dieron a luz, y éste es un universo limitado: los bancos de sangre se limitan entre 18 y 65 años (debajo de 18 y arriba de 65 no se saca sangre). Y también hay gente que por cuestiones religiosas, de enfermedades y otros motivos tampoco se saca sangre. La estadística es mentirosa”, insistió.

“Puedo sostener que hay más de cinco millones de infectados”, sentenció. Y respaldó esto describiendo que en su mayoría los infectados son personas pobres, marginadas, “que viven en la más absoluta ignorancia. Cuando mueren son una cruz en un certificado, que tampoco cuenta lo que pasó”, se lamentó.
“Una estadística de defunción se saca de los certificados de defunción. No hay otra forma. Y ningún médico pone muerte por cardiopatía chagásica. Los médicos saben que quien recibe el certificado no es médico, por eso no se ponen patologías complejas”, consideró Galup.
Por todo esto el profesional estima que en Argentina hay 5 millones de infectados de chagas y más de diez muertes por día en el país por esta enfermedad.

Internado en El Impenetrable

Galup es autor de un proyecto de chagas, donde da pautas que se pueden implementar para tratar la enfermedad. Nunca lo pudo hacer. Este año fue convocado por el médico Rodolfo Sobko, del programa de Salud Indígena del Chaco. Lo convocó en enero de este año para participar del megaoperativo en El Impenetrable.
“El proyecto era muy mesiánico. Había cosas imposibles de realizar, como la serología y el diagnóstico in situ. Para sacar sangre necesitás centrifugarla y refrigerarla y para eso energía eléctrica y en El Impenetrable no hay”, destacó.

Además mencionó que para realizar el tratamiento antichagásico hay que hacer un seguimiento de dos meses y, para el caso de las mujeres, se debe tener mucho cuidado de que no esté embarazada. “A la mujer hay que hacerle un test y darle anticonceptivos y profilácticos durante esos dos meses y uno no puede asegurar que en el medio del monte esto se haga”, mencionó.
Ese proyecto mesiánico se fue convirtiendo. El objetivo del megaoperativo terminó siendo fumigar el ciento por ciento de las viviendas del Impenetrable. Se dividió la región en cinco zonas y en total eran 9335 viviendas.
“En la etapa de El Sauzalito se fumigó el 40%, que no era malo porque se enseñó a fumigar a personas del lugar y agentes sanitarios. Los fumigadores no fueron porque nunca le depositaron el dinero que debían cobrar”, relató Galup.

Rubén Galup, un cardiólogo que se internó cinco meses en El Impenetrable, criticó la falta de medidas preventivas contra la enfermedad y aseguró que se podría erradicar la enfermedad capacitando a pobladores en fumigación y mejorando los ranchos con dos o tres mil pesos por vivienda. “Yo creía que nos iba a servir de experiencia para en la próxima etapa fumigar el ciento por ciento de las casas. Pero en la segunda etapa, en Fuerte Esperanza y Comandancia Frías, se fumigaron menos de 100 de 1400 casas que debían fumigarse”, agregó.

Según cuenta, en el megaoperativo sanitario –que habría costado tres millones de pesos– se fumigó poco más del 11% de las viviendas del Impenetrable. Luego se desactivó el operativo.
Galup se quedó en El Impenetrable y realizó 3000 entrevistas como cardiólogo y realizó 2000 electrocardiogramas. A las personas que entrevistó, consultó sobre la presencia de vinchucas en sus viviendas y hace cuánto que no se fumigaba.

“Más del 90 por ciento reconoció que tenía vinchucas en su casa. Un poblador, incluso, me dijo que cuando se sienta a tomar mate las vinchucas vienen volando y le chocan las piernas”, contó.
Respecto de la fumigación, sólo 10 de 3000 entrevistados dijeron que en sus casas se había fumigado recientemente. “Fue justamente en comunidades donde ellos mismos fumigan, donde tomaron conciencia”, puso de relieve.

¿Cómo combatir?

Galup menciona tres formas de combatir al chagas, instruyendo a la gente sobre el peligro de la enfermedad y capacitarlos para que ellos mismos sean capaces de fumigar. “El individuo no sabe que convive con un insecto que le va a quitar 20 o 25 años de vida”, graficó.
Luego, mencionó como “sumamente necesario” resolver necesidades básicas insatisfechas: falta de atención médica, distancia a centros de salud, mala atención en centros, falta de agua y otros.

Pero, final y fundamentalmente, pidió invertir en las viviendas de la región. Allí recordó a Salvador Maza y Miguel Jörg. “Ambos sostenían que la vivienda era lo principal de la enfermedad. Estudiaron tres etnias indígenas. Una de Ecuador, otra de Brasil y los qom. En sus tolderías, viviendas originarias de los aborígenes, no tenían vinchucas. La vinchuca llegó con los españoles que introdujeron el rancho”, subrayó.
Contó que algunos creen que la palabra vinchuca viene del quechua “dejarse caer”. “Cuando en un rancho la gente se acuesta a dormir los insectos se dejan caer y comienzan su danza de alimentación. El bicho tiene en el pico un anestésico y un anticoagulante que permiten que te extraiga sangre durante 10 minutos y uno no lo note. El bicho se va, hace caca y luego vuelve sobre sus pasos y arrastra la caca en la herida o por la conjuntiva del ojo después de que uno se rasca”, describió.

Por lo anterior dijo que es necesario en los ranchos “fumigar cada cuatro meses”. “Para lograr esto, la fumigación debe estar en manos de pobladores, debe ser controlado por pobladores, y trabajando sobre la vivienda”, dijo.
Aseguró que también se podrían mejorar las viviendas. “Forrar los techos con silo bolsa, que impide que la vinchuca ingrese en la vivienda por la paja del techo y en épocas de lluvias permite juntar agua”, mencionó en primer término.
También aseguró que dentro del rancho se puede colocar una media sombra debajo del techo para que las vinchucas que se dejan caer queden atrapadas allí. “Y tapar los orificios de los ranchos con cemento, mezcla de bosta con tierra, baba y tierra u otros elementos autóctonos”, marcó como tercer punto.
“Este trabajo podría demandar, construyendo un aljibe de entre 2 y 3 mil pesos para juntar agua, entre 2 y 3 mil pesos por vivienda. Hoy un marcapasos que le coloca el Estado a un enfermo de chagas llega a costar 20 mil dólares”, cotejó.
Galup duda de que “realmente se quiera termina con el negocio del chagas. Si quisieran hacerlo, si cualquiera con algo de decisión quisiera hacerlo, se haría”, finalizó.

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