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Nov 21 2014

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“El sistema penal es absolutamente residual para el orden social”

Fuente: http://www.diariojudicial.com/contenidos/2014/11/07/noticia_0010.html

Por Santiago Pérez

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Juan Pegoraro es un abogado de la Universidad de Santa Fe y doctor en Ciencia Política de la Universidad Nacional Autónoma (UNAM) de México. El letrado se dedicó a la vida académica y a la investigación desde las Ciencias Sociales. Además es titular de la materia Delito y Sociedad de la carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires, desde donde explica cuál es la influencia de las teorías criminológicas en la conformación de las políticas de Estado. En esta entrevista con Diario Judicial, el investigador se manifiesta en torno a estas cuestiones y el rol de las diferentes tipos de pensamiento Penal que concurren en nuestro país.

– ¿Cuáles son las corrientes criminológicas que priman hoy en la Justicia Penal en la Argentina? ¿Cuáles son las génesis de estas corrientes?

– Una cuestión que me parece es plantearnos que la corriente criminológica que prima, que es también una corriente política, de política criminal, es la criminología positivista. Y por lo menos desde los años ’50 o ’60, en la posguerra, irrumpe el pensamiento criminológico crítico, sobre todo crítico al positivismo, y me parece extraordinariamente importante en términos académicos. Es decir, esta corriente de la criminología crítica recorrió el occidente muy fuertemente. Nosotros en Argentina mismo comenzamos a hablar de esto en la década de 1960. Roberto Vergalli fue un importante criminólogo que participó de estas discusiones, y también Rosa Del Olmo, Lola Nillar en Venezuela, o Nilo Baptista en Brasil. Hubo una corriente en esto. Yo entré en finales de los ’70, antes no me dedicaba a estas cuestiones. Lo que es importante dejar en claro la criminología crítica no tiene una expresión fuerte en su aplicación, porque para colmo en los ’80 que comienzan las políticas neoliberales a nivel occidente y el capitalismo financiero y todo esto que aun vivimos, el pensamiento positivista tenía una afinidad electiva con las formas del poder. Y cuando digo las formas del poder quiero decir que aparece la temática de la inseguridad y es utilizada para gobernar.

-¿A qué se refiere con eso?

La inseguridad, que tiene mucho que ver con la visión positivista de lo qué significa este concepto, de la “peligrosidad” de algunos seres humanos, hace que se comience a romper con toda la política del “welfare state”, que era una política a partir de la seguridad, en diferentes aspectos del ser humano, para gobernar con la inseguridad, ampliando el trabajo precario, ampliando cuestiones relativas a aspectos de la vida cotidiana, y creando una figura que me parece que es importante considerarla que es el hombre endeudado. En Estados Unidos en 2007 ó 2008, con las hipotecas subprime y esta burbuja financiera. Las políticas criminales entonces se afinaron a este ritmo, porque no existe una persecución del delito, existe, como dice Foucault (por Michel, el filósofo francés) muy bien, una política de perseguir “diferencialmente” a los ilegalismos, algunos se los persigue, a otros se los impune o se los omite perseguir.

-¿A quiénes se refiere?

Por ejemplo, no se persigue a Lehmann, Sachs, JP Morgan u otros tantos. Y junto con ello, el crecimiento de la desigualdad como fenómeno social que tiene mucho que ver con las políticas sociales y con lo que ocurre en estos últimos 20 o 30 años, que es la ampliación de la desigualdad social, que es un fenómeno extraordinario en el sentido de que recién está empezando a reconocerse, pero no hace mucho. Mientras algunos hablábamos de estas políticas de inseguridad hace más de quince años como forma de gubernamentalidad, con el uso de la inseguridad personal, ahora la desigualdad social es un fenómeno que puede producir una acumulación de fuerzas y que supongo que puede, en los próximos cuatro o cinco años más, producir algo más que los indignados en Europa, o estos movimientos que han aparecido, tomando conciencia de la tremenda desigualdad social. Me parece que esto marca las situaciones criminógenas de esta persecución hacia a los pobres, porque la desigualdad social tiene que ver con una desigualdad de poder, y por lo tanto la impunidad y la inmunidad de los poderosos es cada vez más visible. Pero a su vez, paradójicamente, son capaces de neutralizar las protestas sociales. Y esa es una cuestión paradojal bastante sorprendente. Estas empresas del capital financiero tienen lazos sociales. Los lazos sociales del delito económico organizado son una cosa que forman una telaraña y tienen que ver con el interés personal de cada uno para este mundo de lo “ocioso”, el disfrute de lo “ocioso”. El capital financiero ha logrado crear un mundo de ociosos, de gente que no tiene que trabajar personalmente en hacer su vida.

¿Cómo se ve todo esto reflejado en el sistema penal?

-Volviendo a las políticas penales, cuando uno va a la cárcel se da cuenta que la población carcelaria está compuesta por los pobres “despreciables”, es decir, aquellos que son degradados. Uno podría decir que están en el borde de lo que algunos autores han llamado “subhumanos”, en el sentido de que no pueden tener un pensamiento abstracto: están pensando cómo pueden sobrevivir el día de hoy y no se pueden hacer otro planteo. En esas condiciones de vida que ofrece el sistema penitenciario en nuestro país, y en los países de la región, son subhumanos. El orden social no se conmueve por los crímenes ni por los delitos. El sistema penal es absolutamente residual para el orden social, que se mueve con otras cuestiones, con los deseos que nos hace pensar que cada uno de nosotros puede realizar. Es absolutamente marginal y no tiene importancia, el orden social puede convivir con la voladura de la AMIA, con la guerra de Irak, y le importa nada las cuestiones del robo, del asesinato, de que te asaltan, no les importa.

– ¿Pero cómo es entonces que el orden social se conmueve tanto ante un caso como el del “motochorro” filmado por un turista mientras lo asaltaba y no expresa el mismo repudio ante la absolución de Domingo Cavallo en la causa del Megacanje?

– Es una buena pregunta y difícil de contestar: uno se tiene que remitir a la forma de construcción de la subjetividad de cada uno. Si ves la televisión pensás que te puede pasar cualquier cosa en la calle. Y no pasa nada. No pasa nada en las villas. Se vive, la gente va a trabajar, vuelve, y es verdad que hay casos y casos, hay algunas que son más pesadas. Pero las que hay en la Ciudad de Buenos Aires son barrios humildes. La imagen que se brinda en relación al tratamiento de cuestiones criminales indica que todos los delincuentes están ahí. Pero los delincuentes están en la City (en relación al Microcentro). Por ejemplo, recientemente un grupo de grandes empresas reconoció que evadían impuestos, es decir, dinero que se utiliza para jubilaciones, para seguridad social, para obra pública. Es decir, no es tan inocente evadir impuestos, no es algo para tomarse a la ligera, y estas compañías lo reconocen públicamente.

– La reforma al Código Procesal Penal. ¿Esto podría generar algún cambio en la criminología argentina?

– Yo creería que aparte de las buenas intenciones me imagino que el Gobierno o quien sea que maneje este asunto tiene buenas intenciones, pero de ahí a cómo funcione hay un trecho. Hay que apostar a las buenas intenciones. Por ejemplo, gran parte de los integrantes del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP) y gente del pensamiento positivista criminológico argentino fueron contratados para hacer la reforma de la política y proceso penal en Honduras, Guatemala y otros países de Centroamérica. Y uno dice, “muchachos, les pagaron un vagón de guita a cada uno, ¿qué pasó?”. Se modificaron los códigos penales, de procedimientos, y la policía sigue matando indígenas, sigue matando pobres. Lo hicieron con las mejores intenciones, cambiaron sistemas inquisitivos, y digo buena gente, muy respetable, inteligente. ¿Pero cambiar todo eso con una ley? Yo soy un escéptico, no creo que una ley pueda cambiar la realidad social; pueden haber algunas diferencias, pero en esencia la realidad no cambia. El delito ha construido el orden social. El delito y la violencia lo crearon, no fue la Constitución de 1853.

– ¿Cómo puede influir la construcción mediática en una doctrina criminológica en cuanto a los criterios de seriedad que debería tener un espacio académico?

– Yo creo que el mundo académico en ese sentido es bastante autónomo. Fijate que Pinedo (N.deR: diputado del PRO) y Gil Lavedra (N.deR.: diputado de la UCR) intervinieron en la creación del nuevo Código Civil y Comercial y lo aprobaron. El mundo académico, en términos del habitus de Pierre Bourdieu, nos indica que hay que reconocerse entre los pares. No podés decir “mirá, hay que perseguir a los motochorros”. Tanto Pinedo como Gil Lavedra te dicen “no, no jodas con eso”. Me parece que no. No puedo decir que nadie esté influido por estas cosas, pero creo que en la academia hay autonomía en relación a sus construcciones. No creo que los medios puedan incidir demasiado en el campo académico creando una agenda.

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