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Feb 22 2012

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Funciona muy mal el sistema sanitario y social en El Impenetrable. Recrudecen las enfermedades y las muertes evitables

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 Funciona muy mal el sistema sanitario y social en El Impenetrable.

RECRUDECEN LAS ENFERMEDADES Y LAS MUERTES EVITABLES.

 

 

El 14 de diciembre pasado sepultaron a un bebé que murió al nacer. El papá era el maestro de la escuela del paraje Pozo del Sapo. Había pedido en el Hospital de Nueva Pompeya que derivaran a la mamá porque en ocasión de los últimos dos partos se produjeron complicaciones que determinaron que se le practicara cesáreas. Le informaron que no era necesario que se derivara a la parturienta porque el parto sería normal, a pesar de que debía ser intervenida por los antecedentes médicos. El día del parto participó la obstetra. El bebé no salía y de tantos esfuerzos falleció. La autopsia fue realizada en Castelli. Mientras tanto, el Hospital de Pompeya continúa funcionando mal. A pesar de que faltan médicos, se tuvo que ir un profesional formoseño que estudió en Cuba porque no le pagaban lo prometido.

 

 

El sistema funciona mal

 

El puesto sanitario de Villa Río Bermejito, que cuenta con un personal numeroso, funciona mal. Lo mismo ocurre en el puesto de El Espinillo, que cuenta con un solo médico dado que el restante se retiró muy desalentado. Actualmente busca nuevas oportunidades en la Patagonia. El Hospital cabecera regional, que es el moderno establecimiento construido en J.J. Castelli, también funciona de manera deficiente. Toda la red de El Impenetrable funciona de manera muy descuidada y se repiten en ella los casos de malas prácticas sanitarias, que resumen las inapropiadas atenciones profesionales y no profesionales, como también el deficiente servicio de traslados, derivaciones, emergencias y comunicaciones.

 

A pesar de que se ha construido el nuevo hospital de Castelli y algunos puestos sanitarios en El Impenetrable, la realidad muestra que el sistema y la red de salud pública funciona deficientemente, aún reconociéndose que en el área de cobertura sanitaria habitan los chaqueños más pobres e indigentes de la provincia, sometidos a enfermedades endémicas como la tuberculosis y el mal de chagas, signados por la parasitosis, que en su inmensa mayoría son mal nutridos, desnutridos o anémicos porque se alimentan a hidratos de carbono. A pesar de todo esto, en los hospitales rurales y puestos sanitarios A y B no se cuentan entre los profesionales con las especialidades que demandan las enfermedades más repetidas y endémicas de la región. A pesar de las endemias que son el Mal de Chagas y la tuberculosis, no existen cardiólogos ni tisiólogos. Tampoco hay ginecólogos ni pediatras. Expuesto así el panorama, se comprende mejor la realidad sanitaria de El Impenetrable y las patologías crónicas no atendidas, al igual que las enfermedades y las muertes evitables o altamente evitables que repetidamente se producen, que son los resultados que reflejan la profunda crisis del sistema público, a lo que sigue el ocultamiento de la información o la publicidad engañosa.

 

Muerte evitable

 

El 30 de enero murió el bebé de Raquel Sosa, mamá toba que vivía con su familia en el humilde Barrio Norte de Villa Río Bermejito. Su hijo había nacido el domingo anterior, con 3,9 kg. El parto fue normal. Le dieron el alta al día siguiente, no contemplando la situación socio-económica y cultural de las familias indígenas y los calores extremos que día a día soportaba la población. Para estar más cerca del referido centro sanitario la familia permaneció en un precario rancho en el Barrio Nuevo, con techo de chapa y de nylon negro. En pocas horas el bebé se deshidrató. Cuando ingresó al puesto sanitario pesaba 3,5 kg., o sea que la deshidratación fue rápida y severa. El ministro de salud dijo que la atención fue correcta y que no se produjo un alta prematura. Agregó que el bebé murió por un golpe de calor, deshidratado, echando la culpa a los padres; sin embargo el fallecimiento aconteció pocas horas después del alta.

 

El sistema socio-sanitario del Chaco demostró que es autista o si comprende la realidad actúa con total desprecio e indiferencia de las posibles consecuencias de un alta hospitalaria como el que se tomó en el caso de Raquel Sosa. Parece que no entienden que en Bermejito el calor era extremo y que las temperaturas eran calcinantes. Tampoco comprendieron la actual crisis de la idiosincrasia toba que deriva de la baja autoestima que cursan y del fuerte proceso de desculturización a que están sometidos, que los hace dudar y fluctuar entre las formas contradictorias y coherentes, según las circunstancias y coyunturas, producto del continúo sometimiento a los condiciones y a las reglas del mundo blanco, que son altamente distorsionantes para los pueblos originarios.

 

Pero lo que menos entendió el sistema sanitario, en un día muy caluroso en Bermejito, es que en los recién nacidos el centro termorregulador tarda algunas horas o algunos días en madurar o en ponerse a punto, de manera de que en esta etapa la temperatura corporal del bebé depende en gran medida del ambiente, a lo que se agrega que el recién nacido tiene mucha facilidad para absorber el calor, lo que activa su sudoración como mecanismo de defensa, que sino es controlado conduce inexorablemente a la deshidratación del bebé y consiguiente riesgo de vida. En este escenario aumenta la temperatura corporal del bebé por lo que es una regla de oro de la pediatría el buen manejo del ambiente térmico en el recién nacido. La temperatura nunca debe superar los 37º. Sin embargo, el día del fallecimiento del bebé la temperatura ambiente superaba los 40º en el precario rancho de Raquel Sosa. A pesar de ello, el ministro de salud argumentó que el bebé murió por culpa de la mamá porque sobreabrigó a su hijo. Un verdadero disparate.

 

 

Otras desenlaces evitables

Yinata Leiva falleció tres días después del bebé de Raquel Sosa. Tenía 21 años cuando comenzó a enfermarse. Inicialmente cursó diarrea, como ocurre con muchas personas de Bermejito que beben agua que no es segura ni suficiente. Ingresó al puesto sanitario bajo un aparente foco pulmonar. Fue derivada al Hospital de J.J. Castelli. Allí fue atendida por la médica Rosana Silvero, que anteriormente se desempeñaba en el puesto sanitario de El Espinillo, rechazada por la comunidad indígena por muchas razones atendibles. La paciente fue rebotada, como repetidamente ocurre en dicho hospital cuando un enfermo viene derivado de hospitales y puestos de El Impenetrable. Chacho Leiva, papá de Yinata, notaba que su hija desmejoraba. El cuadro se agravó por lo que nuevamente recurrieron el puesto sanitario de Bermejito, que en ese momento no contaba con una ambulancia disponible. Le sugirieron que recurrieran a un sanatorio privado de Castelli porque tenía obra social. En definitiva, ante la falta de respuesta del puesto sanitario y el rebote en el hospital de Castelli, pasaron por un curandero y un médico de la privada, que lo derivó al hospital de Sáenz Peña por la extrema gravedad del cuadro que cursaba Yinata, quién falleció de meningitis, sin que luego el sistema diera la alerta y el correspondiente control epidemiológico. Los que conocían en vida a Yinata afirman que murió por la desatención del sistema sanitario y social del lugar y por lo que vulgarmente llaman “mal de olla”.

 

Fidela Montellano, toba de 23 años, ingresó al puesto sanitario de Bermejito con convulsiones por hipertensión arterial. Cursaba eclampsia. Fue traída al puesto sanitario en un patrullero policial porque no había ambulancias. Las tres que corresponden a este centro estaban descompuestas, en los talleres o fuera de servicio. Se arreglaban con una vieja ambulancia prestada de otro hospital, lo que se resentían profundamente los traslados, derivaciones y emergencias. Tuvo que esperar mucho tiempo en el puesto para luego ser derivada al hospital de J.J. Castelli, bajo sopor comatoso. En dicho Establecimiento tuvo que esperar aun más por lo que se prolongó su riesgo sanitario y su mortificación. No obstante ello, sobrevivió con su bebé a las contingencias negativas a las que fue sometida por el mal funcionamiento del sistema sanitario.

 

También murió un bebé varón de dos meses, que nació el 16 de febrero, en el octavo mes de gestación. La mamá criolla Susana Pérez, que vive a una cuadra del puesto sanitario de Bermejito, permaneció internada quince días luego del parto en el hospital de Castelli. Después del alta fue nuevamente derivada al mismo establecimiento sanitario, porque cursaba neumonía. Le dieron el alta y regresó a Bermejito. El día del fallecimiento de su bebé, Susana Pérez lo llevó al puesto de Bermejito porque presentaba dificultades respiratorias. La derivaron nuevamente al hospital de Castelli. El bebé murió. Resta corroborar si falleció durante el traslado o en el Hospital. En el puesto de Bermejito se barajaba que el bebé cursaba posible neumonía, meningitis o una cardiopatía. Parecen que se pusieron de acuerdo entre el puesto sanitario y el Hospital de Castelli para que en la partida de defunción se anotara que falleció de cardiopatía, para de ese modo presentar el fallecimiento como inevitable. Todo indica que el bebé murió de neumonía, que de confirmarse reflejaría que se produjo un fallecimiento evitable. En el puesto nuevamente no había oxígeno y la única vieja ambulancia prestada tardó mucho porque no alcanza para todos los traslados, derivaciones y emergencias.

 

Resistencia 22 de febrero de 2012.-

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